Job 32:8 Pero hay un espíritu en el hombre, y el soplo del Todopoderoso le da entendimiento.
Job 32:9 Los de muchos años quizá no sean sabios, ni los ancianos entiendan justicia.
«El soplo del Omnipotente le hace que entienda». No basta con reconocer una gran verdad, debe ser vivida cada día. Eliú reconoció la verdad de que Dios era la única fuente de sabiduría real, pero no la utilizó para ayudar a Job. Si bien reconoció de dónde provenía la sabiduría, no buscó los me Dios para adquirirla. Llegar a ser sabio es una búsqueda progresiva y dura toda la vida. No se contente con sólo saber acerca de la sabiduría; hágala parte de su vida.
Job 32:10 Por eso digo: «Escuchadme, también yo declararé lo que pienso.»
Job 32:11 He aquí, esperé vuestras palabras, escuché vuestros argumentos, mientras buscabais qué decir;
Job 32:12 os presté además mucha atención. He aquí, no hubo ninguno que refutara a Job, ninguno de vosotros que respondiera a sus palabras.
Job 32:13 No digáis: «Hemos hallado sabiduría; Dios lo derrotará, no el hombre.»
Job 32:14 Pero él no ha dirigido sus palabras contra mí, ni yo le responderé con vuestros argumentos.
Job 32:15 Están desconcertados, ya no responden; les han faltado las palabras.
Job 32:16 ¿Y he de esperar porque ellos no hablan, porque se detienen y ya no responden?
Job 32:17 Yo también responderé mi parte, yo también declararé lo que pienso.
Job 32:18 Porque estoy lleno de palabras; dentro de mí el espíritu me constriñe.
Job 32:19 He aquí, mi vientre es como vino sin respiradero, está a punto de reventar como odres nuevos.
Job 32:20 Dejadme hablar para que encuentre alivio, dejadme abrir los labios y responder.
Job 32:21 Que no haga yo acepción de persona, ni use lisonja con nadie.
Job 32:22 Porque no sé lisonjear, de otra manera mi Hacedor me llevaría pronto.
Los Discursos de Elihu
Terminado el ciclo de discusiones de los tres amigos de Job y el monólogo de éste, aparece inesperadamente un nuevo personaje que pretende dar nueva luz sobre el misterio de los sufrimientos del justo: los caminos de la Providencia son misteriosos, y, por tanto, el hombre no está capacitado para juzgar sus actos; por otra parte, Dios es soberanamente justo, y, en consecuencia, el hombre no puede dudar de la justicia de sus actos. Es un avance de la solución final, propuesta por el propio Dios en su teofanía; pero, además, se insinúa que la virtud del justo se perfecciona y purifica con el sufrimiento.
