Un aspecto más que vale la pena destacar es que Josué como líder apela a la responsabilidad del pueblo en la renovación del pacto. Ellos mismos son testigos de lo que están prometiendox, no son forzados a esa decisión y tampoco tendrán a alguien que les recuerde, pues ellos mismos están adquiriendo un compromiso de mayores de edad.
El establecimiento de una gran piedra complementa este hecho de que ellos mismos son testigos. La piedra les permitirá recordar la promesa que han hecho.
El hecho de ser testigos de que Jehová es el Señor y que se someterán a él como único Dios es un precedente de lo que es la misión de Israel, pues ellos deben testificar esto mismo a todas las nacionesx.
Apertura hacia el futuro
Estos versículos constituyen la finalización de la historia relatada en el libro de Josué. Se destaca el hecho de que durante el liderazgo de Josué el pueblo haya servido a Jehová “todo el tiempo” lo cual es un elogio a su liderazgo. Josué es recordado como “siervo de Jehová” lo que fue la vocación de toda su vida. Su razón para dirigir al pueblo no era otra que su carácter de siervo. Es importante subrayar la necesidad de que los líderes actúen de acuerdo al carácter que Dios forja en cada uno y no conforme a los beneficios que las circunstancias pueden ofrecer.
Josué es de aquellos líderes que ejercen esta función no para que la gente le siga, sino para que vayan en pos de Jehová. Su destreza en el liderazgo, su disciplina y su testimonio eran características que podían facilitar el hecho de que el pueblo se fijara en él como el objeto de su fe y compromiso. Sin embargo, lo que hizo Josué no fue otra cosa que apuntar hacia Dios. No cedió a la tentación de dirigir la atención del pueblo hacia sí mismo.
Estos versículos nos dan relatos de sepulturas, pero lo que sobresale es quiénes fueron los sepultados. Fueron Josué, los restos de José que habían traído desde Egipto y Eleazar el sacerdote. Todos ellos eran hombres que marcaron hitos en este proceso desde Egipto hasta el desierto y desde allí hasta la tierra prometida.
El pueblo de Israel recordó este momento como una apertura hacia el futuro. El “ya” era una realidad: la tierra, las posesiones, etc. Pero el “todavía no” era un desafío aún, un desafío que abría las puertas hacia el futuro, un tiempo en el que pueden seguir disfrutando de las bendiciones de Jehová con solo obedecer su pacto. La desobediencia puede privarlos de esas bendiciones o por lo menos aplazar el gozo de la vida plena que Dios les comenzó a dar en esta tierra.
