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Josué 24: Renovación del pacto

Este Dios de Israel es visto en la historia resumida en esta sección pero ese mismo Dios exige una aplicación y obediencia al pacto en la última parte de este capítulo. Su contenido nos dice mucho acerca de la manera en que es entendida la historia entre el pueblo de Israel, no como el recuerdo pasivo de acontecimientos sin establecer ninguna relación con el presente.

Esta sección tiene, además, una dinámica geográfica que transcurre de la siguiente manera:

Desde Mesopotamia a través de Canaán hasta Egipto

Es de interés la frase “…yo tomé a vuestro padre Abraham…”, porque ese verbo “tomé” (laqaj) implica una poderosa intervención de Dios en la vida de un ser humano. Hay similares intervenciones de Dios en la vida de David, Amós, Israel mismo. Eran intervenciones que incluyeron a familias, clanes y comunidades enteras en la esfera divina.

Este mismo Dios que toma es el que orienta. Llevó a Abraham a través de la tierra de Canaán; fue la causa directa de ese proceso. La fe de Abraham fue una respuesta al liderazgo de Jehová en el proceso, en contraste con la desobediencia de Israel quien se olvidaba de ese Dios que guiaba y orientaba a buenos lugares.

Ese Dios interviene milagrosamente para llevar a cabo sus planes. El nacimiento de Isaac, Jacob y Esaú son muestras de ello. Dios ha actuado de plena gracia con los hombres. No es por los merecimientos humanos sino por la voluntad divina que hay un pacto a seguir por parte de este pueblo. Este cumplimiento de la promesa por parte de Jehová es colocado posteriormente como garantía para el pueblo en otros momentos de su historia.

Desde Egipto hasta el desierto

La intervención de Dios en Egipto, al llamar y enviar a Moisés y Aarón, es más directa que en el caso de Abraham, pues la experiencia del pueblo en Egipto era muy diferente a la del patriarca en Ur. La misión de Moisés es una respuesta divina al sufrimiento y degradación que padecen en Egipto, pero aquí aún no conocen el nombre de Dios aunque ya ven manifestaciones de su poder.

La introducción al desierto va a ser parte de ese discipulado del pacto, es decir, el seguimiento que deben hacer de ese Dios al cual van a conocer poco a poco. Las plagas, la protección en el desierto, el paso del mar Rojo cuando los enemigos estaban cerca, todas esas experiencias son manifestaciones de la misericordiosa fidelidad de Dios a su pueblo.

La alusión al castigo de Dios sobre los egipcios con las plagas es un ejemplo como Dios utilizó todo su poder en favor de la liberación de su pueblo. Al mismo tiempo el pueblo sabe que ese mismo poder fue usado con la misma energía para Israel en Peor cuando este fue infiel a su Dios. En la segunda parte del capítulo se enfatiza que Dios puede usar con el mismo rigor su poder para consumir a su pueblo aunque este mismo haya sido objeto de su bondad.

Desde el desierto hasta Canaán

La aventura de fe que comenzó en Mesopotamia ahora llega a su etapa final que es el establecimiento en una tierra apropiada para llegar a ser el pueblo que Dios tenía en mente desde antes de la creación.

Hay una alusión a la tierra que Jehová dio a Esaú lo que presenta a Dios como el dador de la tierra. Es sabido que entre los edomitas, descendientes de Esaú, y los israelitas hubo siempre tensiones. La visión positiva de Edom presentada en esta alusión puede ser una manera de enfatizar que el dador de la tierra a Edom es el mismo que la dio a Israel, y por lo tanto, debe existir una hermandad entre aquellos que han sido beneficiarios de la bondad de Dios y por los lazos que los han unido aunque están ahora separados.

Es una confirmación de la función de Jehová en este proceso de recepción de la tierra por parte de los israelitas. él la entregó sin que ellos la trabajaran, pero para que la trabajen, unas ciudades que no construyeron pero varias de ellas para reconstruir, y les entregó unas viñas que no plantaron pero que deben preservar.

En esto consiste la gracia de Dios, en que se recibe un regalo, una vida, una posibilidad, una oportunidad, sin méritos pero con el fin de reflejar en la nueva vida que se ha sido bendecido, es decir, siendo bendición. Dios es el dador de la tierra por su amor al pueblo escogido. La razón es sencilla: era un elemento fundamental en la vida de cualquier comunidad de la antigüedad. La tierra era el centro alrededor del cual giran muchos problemas y experiencias del pueblo en la historia que relata el libro de Josué: la producción de alimentos, la distribución de la tierra, la repartición de esta a las tribus, las ciudades y aldeas como espacio de vida, los límites, el recurso del agua, las leyes de herencia, la conservación de la tierra, etc. Todo ese espacio es clave para el desarrollo de la vida del pueblo, y este no sería formado a plenitud si no poseía también una tierra. Pero la posee siempre con la condición de que Jehová sea reconocido como el dador de la tierra y por lo tanto, el dueño de la tierra.

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