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Jueces 19: El levita y su concubina

Jueces 19:23  Y salió a ellos el dueño de la casa y les dijo: No, hermanos míos, os ruego que no cometáis este mal; ya que este hombre ha entrado en mi casa, no hagáis esta maldad.

Jueces 19:24  He aquí mi hija virgen, y la concubina de él; yo os las sacaré ahora; humilladlas y haced con ellas como os parezca, y no hagáis a este hombre cosa tan infame.

Mi hija virgen , y la concubina de él : Lo atroz de esta historia no está dado solamente por las intenciones degeneradas de los hombres de Gabaa, sino por la facilidad con que el viejo y el levita entregaron a las indefensas mujeres para que fuesen sometidas a brutales abusos. Humilladlas : Eufemismo empleado por el viejo para indicar a los hombres que podían violarlas.

En ningún lado es tan fuerte la ley no escrita de la hospitalidad como en el Medio Oriente. La protección a un huésped a cualquier precio estaba en el primer lugar del código de honor de un hombre. Pero aquí el código de hospitalidad se convirtió en fanatismo. La violación y el abuso de una hija y de su acompañante era preferible a la posibilidad de un conflicto entre un huésped y su vecino. Los dos hombres eran egoístas (no querían resultar heridos), les faltó valor (no querían enfrentar un conflicto aunque peligraran otras vidas) y desobedecieron la Ley de Dios (permitiendo el abuso y el asesinato deliberado). ¡Qué consecuencias tan funestas obtenemos cuando un protocolo social tiene más autoridad que las convicciones morales!

Jueces 19:25  Mas aquellos hombres no le quisieron oír; por lo que tomando aquel hombre a su concubina, la sacó; y entraron a ella, y abusaron de ella toda la noche hasta la mañana, y la dejaron cuando apuntaba el alba.

Jueces 19:26  Y cuando ya amanecía, vino la mujer, y cayó delante de la puerta de la casa de aquel hombre donde su señor estaba, hasta que fue de día.

Jueces 19:27  Y se levantó por la mañana su señor, y abrió las puertas de la casa, y salió para seguir su camino; y he aquí la mujer su concubina estaba tendida delante de la puerta de la casa, con las manos sobre el umbral.

Jueces 19:28  El le dijo: Levántate, y vámonos; pero ella no respondió. Entonces la levantó el varón, y echándola sobre su asno, se levantó y se fue a su lugar.

Jueces 19:29  Y llegando a su casa, tomó un cuchillo, y echó mano de su concubina, y la partió por sus huesos en doce partes, y la envió por todo el territorio de Israel.

La partió por sus huesos en doce partes : Literalmente, el levita descuartizó a su concubina dividiéndola en doce partes, un pedazo para cada tribu. Con ello buscaba movilizar a las tribus de Israel para que se reunieran en consejo. El propósito de este sería determinar la acción disciplinaria que tomarían contra los hombres de Gabaa y los benjamitas que los apoyaron.

Jueces 19:30  Y todo el que veía aquello, decía: Jamás se ha hecho ni visto tal cosa, desde el tiempo en que los hijos de Israel subieron de la tierra de Egipto hasta hoy. Considerad esto, tomad consejo, y hablad.

Aun cuando este hecho fue terrible, comunicó con eficacia el horror del crimen y llamó al pueblo a la acción. Saúl utilizó un método similar. Es irónico, pero el hombre que alertó a Israel sobre el asesinato de su concubina era tan culpable de su muerte como los hombres que realmente la mataron.

El horrible crimen descrito en este capítulo no fue la peor ofensa de Israel. Peor fue el fracaso de la nación en establecer un gobierno basado en los principios morales de Dios, donde su Ley fuera la ley de la tierra. Por consiguiente, las leyes no se cumplieron y el crimen se pasó por alto. La perversión moral y el desorden fueron el producto de la desobediencia a Dios. Los israelitas no estaban dispuestos a hablar hasta que los hechos iban demasiado lejos.

Cada vez que nos alejamos de Dios o de su Palabra pueden ocurrir toda clase de cosas malas. Nuestro aislamiento de Dios puede ser lento y casi imperceptible, con resultados finales que afectan una generación futura. Continuamente debemos llamar a nuestra nación a que se vuelva a Dios y trabajar para el establecimiento de la moral y el reino espiritual de Dios en el corazón de cada persona.

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