Ultraje contra el levita y su concubina en Gabaa.
Jebús estaba 10 km. al norte de Belén y 11/2 km. al oriente de la carretera. Cuando el trío llegó al camino que conducía a la ciudad, el criado, considerando la hora, sugirió que pernoctaran allí. Aunque la ciudad es llamada Jerusalén en los textos egipcios de execración desde el siglo XIX a. de J.C., en ciertas épocas también se le llamaba Jebús, porque estaba habitada por los jebuseos. El levita no quería correr el riesgo de buscar hospedaje en una ciudad no israelita, y decidió seguir hasta Gabaa, 5 km. al norte, o Ramá, 3 km. más allá de Gabaa. Estas eran ciudades de Benjamín, pero, como se verá, los benjamitas, quienes fraternizaban con los jebuseos de Jerusalén, habían sido contaminados por lo peor de la conducta pagana.
Cuando el trío llegaba a Gabaa, el sol se puso. Como las puertas de las ciudades se cerraban al anochecer, y como el viajero nocturno se exponía al peligro de las fieras y los bandidos, el trío entró en Gabaa para buscar hospedaje con sus hermanos israelitas.
La historia se asemeja bastante a la de Sodoma. Tanto los paralelos como las diferencias son significativos para la interpretación.
En aquellos tiempos no había mesones, sino que los habitantes de cada lugar recogían a los viajeros. La hospitalidad era una obligación y una virtud de alta importancia. Por lo tanto, los tres viajeros se sentaron en la plaza frente a la puerta de la ciudad, o tal vez entre las dos puertas, esperando que alguien los recogiera. Sin embargo (la palabra traducida porque es lit. “pero” o “y”; se traduce “pero” en una oración casi idéntica), nadie les ofreció hospitalidad. Esta grave falta resalta por el contraste con la hospitalidad del suegro y nos da un presentimiento de la maldad de Gabaa.
Por fin, alguien tomó interés en los viajeros. No era de Benjamín, sino de la misma región donde residía el levita. Siendo forastero, sería de escasos recursos económicos. Aunque anciano, todavía trabajaba en el campo, probablemente en propiedad ajena.
El anciano se acerca al levita e inquiere sobre su viaje. Este resume el viaje y plantea su necesidad de hospitalidad, aclarando que los tres no serán carga para su anfitrión. Mi casa (byty en el heb. sin vocales) sería origina. Algún escriba, tomando la segunda y como una abreviatura, escribiría byt yhwh “la casa de Jehová” (ver la nota).
A pesar de sus medios limitados, el anciano da a los viajeros una recepción generosa a sus propias expensas. Esto se contrastará con la falta de hospitalidad de parte de los ciudadanos de Gabaa y el ultraje que perpetran a continuación.
El banquete fue interrumpido por algunos maleantes de la ciudad, quienes buscaron violar sexualmente al levita. A su desviación sexual, su violación de la ley consuetudinaria de la hospitalidad y su ultraje contra el levita, se suman su falta total de respeto hacia un anciano y su abuso de la situación del forastero, sin familia para defenderlo. Algunas sociedades antiguas humillaban al extranjero mediante la violación homosexual, pero semejante práctica era diametralmente opuesta a la Ley de Moisés, la cual prohibía tanto las prácticas homosexuales como la opresión al extranjero.
En el mundo antiguo el anfitrión tenía la obligación de proteger al huésped. La seriedad de esta obligación se manifiesta. “Humillad” es un eufemismo por la violación sexual (el verbo es vertido por “violar” y por “forzar”. Que la oferta del anciano fue motivada por la hospitalidad se subraya en la frase dueño de la casa y en el argumento “porque este hombre ha entrado en mi casa”. La medida que el forastero estaba dispuesto a tomar para cumplir con la ley de la hospitalidad magnifica la inhospitalidad de los ciudadanos de Gabaa.
