La fuerza israelita era bastante más grande.
Primera batalla
Antes de la batalla, los israelitas fueron al arca del pacto en Betel, 13 km. al norte de Gabaa, para preguntar a Dios cuál de las tribus debe encabezar la ofensiva. La tribu escogida recibiría mucha gloria de la fácil victoria sobre los benjamitas. Jehová escogió la tribu de la concubina. Al recibir la respuesta, los israelitas tomarían por sentado que Dios les apoyaría en la batalla. Habían hecho casi la misma pregunta; Jehová dio casi la misma respuesta, y luego agregó una promesa de éxito. Sería natural, pero equivocado, sobreentender la misma promesa aquí. Israel se preparaba para conquistar a los cananeos en obediencia al mandamiento de Jehová, pero no tiene mandamiento de pelear contra Benjamín.
A la mañana siguiente se entabló la batalla. Como los israelitas tienen superioridad numérica, su causa es “justa” y “han consultado a Jehová”, seguramente esperan una victoria contundente. Sin embargo, el resultado es todo lo contrario.
¿Por qué Jehová no entregó a Benjamín en la mano de Israel? La reflexión sobre esta pregunta conduce a algunas observaciones.
(1) En su consulta a Jehová, Israel no preguntó si deberían pelear contra Benjamín. Habían decidido pelear antes de la consulta.
(2) Jehová no prometió victoria a Israel.
(3) No hay evidencia de que Israel haya seguido la instrucción divina de que Judá encabezara el ataque.
(4) Las derrotas de Israel en Jueces se deben a la infidelidad al pacto con Jehová.
Lecciones que resultan de la derrota
No nos gusta experimentar la derrota, pero eso es universal. Tarde o temprano todos experimentamos la derrota sobre un plan o un proyecto que promovemos. Pero hay lecciones en la derrota:
1. Debemos considerar de nuevo la naturaleza del proyecto o de la misión. ¿Vale la pena?
2. Debemos considerar el costo de continuar con la misión. ¿Vale lo que costará?
3. Debemos acudir a Dios para asegurarnos que la misión está de acuerdo con su voluntad. ¿Estará Dios acompañándonos en esta misión?
4. Debemos estar inspirados por Dios para emprender de nuevo la misión. ¿Podemos glorificar a Dios por medio de ella?
Segunda batalla
A pesar de sus cuantiosas bajas, los israelitas se animaron para una segunda batalla. Se despliegan, pero antes de salir a pelear envían de nuevo una delegación, aparentemente a Betel, para consultar a Jehová. Esta vez le preguntan lo que tomaron por sentado la primera vez, si deben pelear contra Benjamín. Reconocen su necesidad de la ayuda de Jehová, llorando delante de él todo el día. La frase nuestros hermanos indica que también reconocen más la seriedad de pelear contra una tribu del pueblo de Jehová. Esta vez Dios les envía a la batalla.
