Con esta respuesta la victoria parece asegurada. Sin embargo, no es así. Después de las dos batallas Israel queda diezmado, con 40.000 bajas. ¿Por qué Jehová permitió esta derrota? Israel se desplegó para la batalla antes de consultar a Jehová. Varios estudiosos encuentran en este orden de eventos falta de lógica. Sin embargo, ni los manuscritos ni las versiones antiguas apoyan esta conjetura. Más bien, cuando Israel fue a preguntar a Jehová si debería volver a pelear, ya había decidido hacerlo. La consulta fue solo un formalismo para pedir la aprobación de los planes ya hechos. Jehová permitiría la derrota para enseñar a la nación a depender de él y para llevarla al arrepentimiento. En su soberana sabiduría esta guerra castiga a ambos contrincantes.
Tercera batalla
Humillado, Israel vuelve a Betel por tercera vez. Ahora buscan a Dios con mucho más fervor. El texto subraya que todos los israelitas subieron, dando a entender que para las primeras consultas se envió solamente una delegación. Lloraron delante de Jehová, así como en la segunda consulta. Ayunaron todo el día, expresando su dependencia de Jehová y su arrepentimiento. Ofrecieron sacrificios, otra cosa que no habían hecho. Los holocaustos se quemaban totalmente como una ofrenda exclusivamente para Jehová. En esta ocasión probablemente se ofrecieron como una expiación por los pecados del pueblo. Las ofrendas de paz eran una especie de banquete de comunión con Jehová. A Dios se le ofrecía la sangre, la grasa y varios de los órganos internos, pero el ofrendante comía la carne. En esta ocasión las ofrendas de paz servirían para restaurar la comunión con Jehová después del ayuno y los holocaustos expiatorios.
Luego los israelitas por tercera vez consultan a Jehová. A diferencia de la primera consulta, no dan por sentado que deben salir a la batalla. A diferencia de la segunda, agregan la pregunta “¿o desistiremos?” Han perdido su confianza en su propia fuerza y planes y se han humillado ante Jehová para buscar su voluntad y poder.
El autor interrumpe la narración para una breve nota tal vez para dejar ver que la consulta fue legítima y que la respuesta también lo sería. Algunos han concluido en base a esta nota que el santuario central de Israel se encontraba en Betel en esos días. Sin embargo, como el tabernáculo estaba en Silo tanto antes como después de este período, y como no se menciona aquí, es probable que solo el arca se había llevado a Betel para buscar el apoyo de Jehová en esta guerra.
La explicación entre paréntesis también sirve para fijar este evento cronológicamente al principio del período de los jueces. Fineas fue nieto de Aarón y líder de Israel ya en los días de Moisés.
Jehová ordena lo mismo que en la segunda consulta, pero esta vez da una promesa de victoria. En otras partes del libro Jehová entrega a su pueblo infiel en mano de los opresores, y a los opresores en mano de su pueblo arrepentido; pero solo aquí leemos que entrega a miembros de su pueblo en mano de sus hermanos.
Israel va a esta batalla con una estrategia astuta. La confianza en Dios no excluye la planificación. Irónicamente, la estrategia contra Benjamín es casi idéntica a la que Israel empleó en la conquista de Hai, en el territorio posteriormente asignado a Benjamín.
El relato de la batalla es complicado porque cuenta las acciones simultáneas de tres grupos (cosa rara en la narrativa hebrea): la fuerza principal del ejército israelita, la emboscada israelita y el ejército benjamita. En un sentido la batalla se narra dos veces. La primera narración cuenta el inicio de la batalla y luego resume sus resultados. La segunda da más detalles sobre los tres grupos. Vuelve al inicio de la batalla para hablar de la emboscada. Luego vuelve una vez más al inicio para contar lo que sucedió con la fuerza principal de Israel y con los benjamitas. El regreso al inicio de la batalla cada vez sirve no solamente para recoger el hilo, sino también para dar realce a la artimaña de Israel.
