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Jueces 21: Mujeres para los benjamitas

Posteriormente, Jabes tendrá una relación estrecha con el benjamita Saúl, de Gabaa. Tal vez esa relación tuvo su inicio en los 400 matrimonios, o quizás la relación existía antes, y era la razón por la cual Jabes no envió a nadie a la asamblea que condenó a Gabaa.

Cuando no hay rey  Los resultados de no tener rey son desastrosos y caóticos.

Terminando de leer el libro de Jueces uno parece haber captado el tema general del libro. Hay una frase que se repite dos veces y que parece anunciar el tema de fondo del libro. Este tema es: “En aquellos días no había rey en Israel. Cada uno hacía lo que bien le parecía”.

Al mismo tiempo no podemos y no debemos pasar por alto los resultados naturales de tal situación. En ese tiempo ocurrieron muchas cosas fuera de lo ordinario: idolatría, inmoralidad y anarquía. éstas fueron consecuencias ordinarias de una situación en que se pretendió vivir independientemente de Dios. Pero la vida económica, social, religiosa, doméstica, política y comercial, todo cayó en la ruina como para darnos un anuncio de que no podemos vivir efectivamente sin la intervención de Dios y las autoridades que él establece para nuestro beneficio.

Obtención de las demás esposas para la tribu de Benjamín. El dilema persiste, a pesar de tanta matanza innecesaria.
Quien abrió la brecha en Israel no fue Jehová, sino ellos mismos. Al usar la voz pasiva han sido exterminadas en lugar de “hemos exterminado”, una vez más soslayan su responsabilidad. La voz pasiva en la Biblia frecuentemente se usa para denotar acción divina. Hasta cierto punto los israelitas tenían razón, pues Jehová soberanamente había permitido el exterminio. Sin embargo, el instrumento humano usado por Dios para castigar a su pueblo es responsable por sus acciones.

Los ancianos creen que a ellos les corresponde rectificar el problema creado por Jehová. Idean otro plan para conseguir esposas israelitas para Benjamín sin romper su juramento. He aquí indica que creen haber dado con la solución. No les importa que viola el espíritu del juramento, los derechos de otra ciudad israelita y una fiesta de Jehová.

El plan tenía que ver con Silo, donde estaba el campamento de Israel. Los datos sobre la ubicación de la ciudad se dan porque no existía cuando el autor escribió. Aparentemente pocos recordaban este sitio sagrado. Aun cuando el tabernáculo estaba allí muchos israelitas habrían descuidado la obligación de presentarse tres veces por año (ver párrafo siguiente), limitando su adoración de Jehová a santuarios locales, como los de Gedeón, Micaías y la tribu de Dan.

Los ancianos ordenan a los benjamitas raptar una doncella por cada hombre y llevarla a Benjamín, a dos horas de distancia. El verbo traducido mandaron no significa “enviaron”, sino “ordenaron”. El rapto se haría durante una fiesta anual de Jehová, probablemente relacionada con la vendimia de la uva. Tal vez fue la fiesta de los Tabernáculos la que profanaron. La palabra traducida fiesta se usa principalmente de las tres fiestas anuales en las cuales los varones de Israel deberían presentarse delante de Jehová en el santuario central.

Tan astuto era el plan de los ancianos que ya tenían preparada una respuesta al reclamo de los familiares. Apelarían a su bondad y les harían ver que no eran culpables de violar el juramento, ya que sus hijas les fueron arrebatadas. ¡Esperaban de los padres lo que el anciano en Gabaa no tuvo que hacer: entregar a sus hijas! Al fin y al cabo, los de Silo tendrían que aceptar el rapto así como Micaías tuvo que aceptar el saqueo de su santuario.

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