Muerte y sepultura de Abraham.
El relato de la muerte y sepultura de Abraham es breve y conciso. Sin embargo, este relato está lleno de detalles que son normativos en la fe bíblica. Primero, a pesar de una larga vida consagrada a Dios, llega el momento de morir. La vida del hombre, por más instrumento que sea en las manos y en el propósito de Dios, tiene su límite. No es inmortal. Segundo, se destaca no tanto la muerte, sino la vida llena de significado y logros dentro del propósito de Dios. Abraham tuvo una vida fructífera: Fue diligente y próspero y respetado en el trabajo. Fue un esposo fiel, un padre previsor e interesado en el bienestar de su descendencia. Mantuvo un buen testimonio y relacionamiento social. Supo actuar con decisión, valor y prudencia en todas las dificultades enfrentadas. Y por sobre todo fue un hombre que se entregó al propósito de Dios. Su vida no fue vacía ni en vana. Tercero, muere en esperanza de vida eterna: Fue reunido a su pueblo. Aquí hay una rotura con los epitafios anteriores en Génesis. La muerte no es el final de la existencia del hombre. Este nuevo elemento se irá repitiendo una y otra vez en las muertes de los hombres de fe del pueblo de Dios. Cuarto, Abraham es sepultado en el sepulcro familiar, junto a Sara, su esposa y compañera en la vida. Quinto, sus dos hijos, Isaac e Ismael, lo sepultan indicando una relación amistosa y noble entre ambos hermanos. ¡Que bendecido sería el mundo si pudiera restablecerse esta misma relación entre los descendientes de Ismael e Isaac hoy día! Por último, con la muerte de Abraham, el hombre que respondió al llamado de Dios, no termina el propósito redentor de Dios. Dios traslada la bendición de Abraham a Isaac y fiel a su promesa continúa su pacto de redención.
Los descendientes de Ismael.
Ismael, el hijo del apresuramiento en cumplir el propósito de Dios con recursos humanos, no queda en el olvido. Este relato tiene el propósito de demostrar el cumplimiento de la promesa de Dios a Abraham (17:20) y a Agar (21:18) de convertir la descendencia de Ismael en una nación. Y efectivamente, con el tiempo, la descendencia de Ismael se convierte en una nación identificable étnica, cultural y territorialmente. Sus descendientes son doce, número requerido para la formación de una nación. Se indica la organización política de los ismaelitas: Son de vida nómada y seminómada (aldeas y campamentos). Se especifica el territorio que les fuera asignado: desde Havila hasta Shur, es decir un territorio frente a Egipto y en dirección al camino a Asiria en la península de Sinaí. Esta asignación territorial está fuera de Canaán lo que aseguraba la ausencia de disputa territorial con Isaac y sus descendientes. Se menciona también la muerte de Ismael en los términos nuevos de ser reunido a su pueblo. Los ismaelitas serán mencionados varias veces en la Biblia, ya que mantuvieron una relación estrecha y muchas veces conflictiva con los israelitas.
Dios e Isaac
Esta sección demuestra el cumplimiento de la promesa de Dios a través de Isaac y Rebeca. Con todos los logros y arreglos de Abraham, pareciera que la continuación del pacto con la familia de Isaac sería fácil. Pero no es así. El testimonio bíblico indica que en esta generación hay también conflictos familiares, peligros de aniquilación por hambre y hostilidad, peligro de asimilación por emparentamiento y actitudes incorrectas al propósito del pacto. Sin embargo, la fidelidad de Dios y la disponibilidad humana harán posible que el pacto continúe por una nueva generación.
La familia de Isaac
El matrimonio de Isaac y Rebeca parecería ideal para el propósito patriarcal. Fue el único matrimonio patriarcal monógamo. Nunca salieron de Canaán. Pero también tuvieron muchos conflictos y luchas que al final se resuelven.
