Nacimiento de Esaú y Jacob.
Esta sección bíblica se inicia con la mención del matrimonio de Isaac y Rebeca y sus respectivos progenitores. Todo indica que la continuación de la descendencia será fácil y dentro de los términos del pacto. Pero, Rebeca era estéril y después de 20 años de matrimonio todavía no tenía hijos. Finalmente, Rebeca concibe, pero bajo estas condiciones: Primero, la concepción es fruto de la oración de Isaac. A pesar de todas las provisiones humanas y decisiones apropiadas en relación a la seguridad de la descendencia, ésta dependía de la voluntad de Dios. Aquí vemos a Isaac hacer uso de la oración, confiando en Dios y basado en experiencias pasadas. No hay intento de recursos humanos. Sólo la espera en Dios quien responde al pedido. Segundo, el embarazo causa disturbios físicos y emocionales. Ante esta situación, Rebeca consulta a Jehová . La consulta y el acceso a una respuesta de Dios en las situaciones conflictivas o desconocidas es el privilegio del pueblo de Dios. En la nación hebrea, la consulta a Jehová se hacía por lo general a través del profeta o sacerdote y en los santuarios o lugares de adoración y sacrificios.
La respuesta a la oración Isaac rogó a Jehová por su mujer, que era estéril. Jehová accedió a su ruego, y Rebeca su mujer concibió. El amor a veces encuentra dificultades que parecen imposibles de superar. Isaac y Rebeca se amaban mucho, pero no podían disfrutar del gozo de tener un hijo. Isaac llevó a Dios su problema y Dios dio la respuesta. Siempre que llevamos a Dios nuestras dificultades, por difíciles y complicadas que puedan parecer, él hace algo para responder a sus hijos.
La respuesta de parte de Dios declara que hay dos hijos, confirma el conflicto entre los no nacidos todavía y anuncia tres realidades para el futuro. Primera, de esos dos hijos se formarán dos pueblos que estarán separados, es decir, en conflicto constante y desde la matriz. Segunda, el desarrollo y progreso de ambos pueblos serán diferentes. Uno de ellos será mayor y más fuerte que el otro. Y tercera, el mayor servirá al menor, el reverso del derecho de primogenitura. La institución de la primogenitura era la estructura sociopolítica que garantizaba la estabilidad familiar, social y política de los pueblos de aquel entonces. Esto nos indica que Dios puede interrumpir y romper la estructura humana por más cerrada, inflexible o sabia que parezca. Además, hay planes o elecciones de Dios que no ofrecen ninguna opción al hombre: éste debe aceptarlos. La soberanía de Dios en la elección tiene prioridad absoluta sobre la libertad o estructuras del hombre.
Finalmente nacen los niños que son gemelos fraternos o mellizos (cuates) bien distintos uno del otro. Los nombres dados a los hijos hacen alusión a sus respectivas características sobresalientes en el momento del nacimiento. Esaú (velludo), el primogénito recibe dicho nombre por su abundancia de vello. Jacob (suplantador), el segundo, recibe dicho nombre por nacer tomado del talón de su hermano. Detrás de estas diferencias físicas están diferencias de carácter y de espiritualidad que tendrán mucho que ver en el desarrollo de esta familia y que llegan a poner en peligro la descendencia en continuación del pacto.
Esaú menosprecia su primogenitura.
Al crecer los niños fueron de vocación y carácter muy diferentes: Esaú, cazador, del campo y el favorito de su padre; Jacob, aquietado, de la casa y el favorito de su madre. Aparentemente existía entre ellos una competencia continua. Un día, su manifestación llegó a tener trascendencia a través de la venta de la primogenitura por Esaú. La negociación por la primogenitura se desarrolla de la siguiente manera: Primero, los hermanos se encuentran en una situación especial. Jacob con un guisado que había preparado y Esaú cansado, pidiendo comer de ese guiso rojo. Esaú estaba volviendo del campo, posiblemente de un intento de caza, pero sin logro. Jacob tenía un logro concreto: un guiso rojo.
¿Qué fue lo que despreció Esaú? En nuestra cultura occidental la primogenitura no tiene las mismas implicaciones que en la cultura oriental. La primogenitura daba derechos especiales al hijo mayor, precisamente por ser el primer hijo. Aunque el texto resume todo en la frase: Así menospreció Esaú la primogenitura, lo que Jacob pidió de Esaú se podría decir…
Esaú, a cambio de este plato de comida, tu me das lo siguiente: De los bienes de mi padre, cuando él muera, yo me quedaré con una porción que es doble que la tuya. Al morir papá yo seré el sacerdote y profeta de la familia, por lo tanto el líder espiritual con privilegios únicos delante de Dios. Dios ha prometido hacer de la descendencia de Abraham, nuestro abuelo, una nación grande; de aquí en adelante tu descendencia no contará para nada y seré yo quien ocupe el lugar de uno de los padres de la nación que Dios va a formar. Además Dios prometió darle al mundo un Mesías, y en lugar de que seas tú uno de sus progenitores, seré yo. Nuestros hijos y nietos cuando oren al Señor dirán: «Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob» y no dirán «Dios de Abraham, Isaac y Esaú».
