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2 Pedro 3: Los principios de la predicación

Cuando hemos despojado a la doctrina de la Segunda Venida de toda su imaginería temporal y local, la tremenda verdad que conserva es que la vida se dirige a algo -y sin esa convicción no hay nada por lo que valga la pena vivir.

Apresurando el día

Todavía nos queda en este pasaje una gran concepción. Pedro habla del cristiano como no solamente esperando impaciente la venida de Cristo sino también apresurándola. El Nuevo Testamento nos habla de algunas maneras en que esto púede hacerse.

(i) Se puede hacer por la oración. Jesús nos enseñó a pedir: «Venga tu Reino» (Mateo 6:10). La ferviente oración del corazón cristiano apresura la venida del Reino. Aunque no fuera de otra manera, lo hace de ésta: el que ora le abre su propio corazón a la llegada del Rey.

(ii) Se puede hacer mediante la predicación. Mateo nos dice que Jesús dijo: « Y este Evangelio del Reino será predicado por todo el mundo como testimonio a todas las naciones; y entonces llegará el final» (Mateo 24:14). Todas las personas deben tener la oportunidad de conocer y amar a Jesucristo antes que se alcance el fin de la creación. La actividad misionera de la Iglesia acelera la venida del Rey.

(iii) Se puede hacer mediante el arrepentimiento y la obediencia.-Entre todos los medios, éste sería el que estuviera más cerca de la mente y el corazón de Pedro. Los rabinos tenían dos dichos: «Son los pecados del pueblo los que impiden la venida del Mesías. Si los judíos se arrepintieran auténticamente un sólo día, el Mesías vendría.» La otra forma del dicho quiere decir lo mismo: « Si Israel cumpliera perfectamente la Ley un solo día el Mesías vendría.» Con un verdadero arrepentimiento y una obediencia sincera una persona le abre el corazón a la venida del Rey y la acerca a todo el mundo. Haremos bien en recordar que nuestra frialdad de corazón y nuestra desobediencia retrasan la venida del Rey.

Los que tergiversan las escrituras

Considerad el que el Señor esté dispuesto a esperar como una oportunidad para la salvación, como nuestro querido hermano Pablo os ha escrito con la sabiduría que se le ha concedido, y como dice en todas sus cartas cuando toca este tema, cartas que contienen algunas cosas diftciles de entender, que tergiversan los que no tienen conocimiento ni un firme cimiento en su fe, como lo hacen también con el resto de las Escrituras, para su propia destrucción.

Pedro cita aquí a Pablo aludiendo a que enseñaba las mismas cosas que él mismo. Puede ser que la cita se refiera a que Pablo estaba de acuerdo en que una vida piadosa y santa es necesaria a la vista de la proximidad de la Segunda Venida del Señor. Pero más probablemente cita a Pablo, que estaba de acuerdo en que el que Dios retuviera Su mano no se debía considerar como indiferencia de parte de Dios, sino como oportunidad para arrepentirse y aceptar a Jesucristo. Pablo habla d¿› los que rechazan las riquezas de la bondad y la paciencia de Dios, olvidando que Su amabilidad tiene el propósito de conducirnos al arrepentimiento (Romanos 2:4). Más de una vez, Pablo hace hincapié en la tolerancia y la paciencia de Dios (Romanos 3:25; 9:22). Pedro y Pablo estaban de acuerdo en que el hecho de que Dios contenga Su mano no se debe usar nunca como una excusa para pecar, sino siempre como una invitación al arrepentimiento y una oportunidad para la enmienda.

Por su referencia a Pablo, con cierto tono de crítica, éste es uno de los pasajes más intrigantes del Nuevo Testamento. Fue este pasaje lo que hizo que Juan Calvino estuviera seguro de que Pedro no escribió Segunda de Pedro, porque dice que Pedro nunca habría hablado así de Pablo. ¿Qué podemos aprender de todo esto?

(i) Aprendemos que por entonces las cartas de Pablo se conocían y usaban en toda la Iglesia. Se hace referencia a ellas de una manera que deja claro que se habían coleccionado y publicado, y que estaban disponibles y se leían ampliamente. Estamos bastante seguros de que fue hacia el año 90 d.C. cuando se recogieron y publicaron en Éfeso las cartas de Pablo. Esto quiere decir que Segunda de Pedro no puede haberse escrito antes y, por lo tanto, no puede ser obra de Pedro, que sufrió el martirio a mediados de los años sesenta del primer siglo:

(ii) Nos dice que las cartas de Pablo se consideraban Escritura. Los que estaban causando problemas las tergiversaban de la misma manera que hacían con las otras Escrituras. También esto contribuye a demostrar que Segunda de Pedro debe de haber surgido en un tiempo más avanzado de la historia de la Iglesia Primitiva, porque requeriría varias generaciones el que las cartas de Pablo se colocaran al mismo nivel que› las Escrituras del Antiguo Testamento.

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