(ii) Herodes tomó a Jesús a broma: se burló de Él, y le vistió de una ropa de rey para reírse de Él. Para decirlo de otra manera: se negó a tomar a Jesús en serio. Se le mostró a su corte como una curiosidad divertida, y nada más. Y lo trágico es que, todavía, la inmensa mayoría de la gente se niega a tomar a Jesús en serio. Si no fuera así, prestarían más atención a su Palabra.
(iii) El versículo 11 se puede traducir: “ Herodes y sus soldados trataron a Jesús con desprecio.» Y también: “ Herodes, con sus soldado detrás, pensó que Jesús no tenía ninguna importancia.» Es decir: seguro en su puesto como rey, con la fuerza que le daba su guardia, pensó que ese carpintero Nazareno no tenía la menor importancia. Y aún hay muchos que, consciente o inconscientemente, llegan a la conclusión de que Jesús no tiene ninguna importancia, que es un elemento que se puede omitir en la vida. No le dan lugar en su corazón ni influencia en sus vidas, y creen que se pueden pasar sin Él. Para un cristiano, lejos de no tener ninguna importancia, Jesús es el más importante de todo el universo.
LOS JUDÍOS LE HACEN CHANTAJE A PILATO
Lucas 23:13-25
Entonces Pilato convocó a los principales sacerdotes, a los miembros del Sanedrín y a la gente, y les dijo:
Me habéis presentado a este como si fuera un revolucionario. Le he sometido a interrogatorio en vuestra presencia, y no le encuentro culpable de los crímenes de los que le acusáis. Además, Herodes tampoco, porque os dije que se le llevarais, y él me ha devuelto el caso. Jesús no es culpable de ninguna acción por la que se le deba condenar a muerte; así que le dejaré en libertad después de darle de latigazos.
Pero toda la chusma seguía gritando a una voz:
-¡Quita a ese de en medio! ¡Suéltanos a Barrabás!
Barrabás estaba en la cárcel porque había estado implicado en una rebelión que se había producido en la ciudad y por un asesinato. Pilato quería dejar en libertad a Jesús, y siguió hablando con ellos; pero ellos no hacían más que chillar:
-¡Crucifícale! ¡Crucifícale!
-¿Pero qué mal ha hecho? -les dijo Pilato por tercera vez-. Yo no le encuentro culpable de ningún delito por el que haya que condenarle a muerte, así es que le daré de latigazos, y le soltaré.
Pero ellos siguieron gritando cada vez más que crucificara a Jesús, hasta que consiguieron su propósito. Pilato dio la orden de que se hiciera lo que pedían; les soltó al que estaba preso por sedición y asesinato, que era el que ellos habían escogido, y entregó a Jesús para que se le hiciera lo que ellos querían.
Este es un pasaje extrañísimo. Una cosa sí queda clara, y es que Pilato no quería condenar a Jesús. Se daba cuenta de que eso sería traicionar la justicia imperial que era la gloria de Roma. No menos de cuatro veces hizo lo posible para no dictar sentencia de muerte. Les dijo a los judíos que resolvieran el asunto ellos (Joh_19:6-7 ). Trató de pasarle el caso a Herodes. Trató de convencer a los judíos que recibieran a Jesús como el preso al que se dejaba en libertad por la Pascua (Mar_15:6 ). Trató de llegar a un compromiso diciendo que castigaría a latigazos a Jesús y luego le dejaría en libertad. Está claro que coaccionaron a Pilato para que sentenciara a muerte a Jesús.
¿Cómo podía la chusma judía coaccionar a un gobernador romano experimentado para que dictara sentencia de muerte? Es literalmente cierto que los judíos le hicieron chantaje. El hecho escueto era que, en la justicia romana imparcial, una provincia tenía derecho a delatar a un gobernador romano por mal gobierno, y ese gobernador sería tratado con dureza. Pilato había cometido dos graves errores durante su mandato.
El cuartel general de Roma en Judasa no estaba en Jerusalén, sino en Cesárea. Pero había una tropa reducida estacionada en Jerusalén. Las tropas romanas llevaban banderas en cuya cabecera había una efigie del actual Emperador, que era oficialmente, durante su reinado, un dios. La ley judía prohibía el uso de imágenes y, en deferencia a los principios judíos, los gobernadores anteriores quitaban la imagen del emperador de las banderas al marchar hacia Jerusalén. Pilato se negó a seguir esa costumbre, e hizo su entrada en Jerusalén por la noche con sus tropas llevando la imagen del emperador en las banderas. Los judíos vinieron en masa a Cesárea a pedirle a Pilato que quitara las imágenes. Él se negó. Ellos insistieron. Al sexto día Pilato estuvo dispuesto a reunirse con los líderes de los judíos en un espacio abierto, rodeado de sus tropas. Les informó que, si no dejaban de molestarle con sus constantes peticiones, el castigo sería la muerte. “ Ellos se arrojaron al suelo, descubrieron sus cuellos, y dijeron que estaban dispuestos a morir antes que a admitir la trasgresión de la sabiduría de sus leyes.» Ni siquiera un hombre como Pilato podía masacrar a hombres así a sangre fría, y tuvo que ceder. Josefo nos cuenta todo lo sucedido en Las Antigüedades de los Judíos, libro 18, capítulo 3.
