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Lucas 23: Camino del Calvario

Cuando las ganancias son jugosas, es difícil ponerse al lado de lo bueno y es fácil ver en nuestros oponentes solo problemas que resolver antes que personas que merecen respeto. Si Pilato hubiera sido en realidad un hombre de valor, habría dado la libertad a Jesús sin importarle las consecuencias. Pero la multitud vociferaba y Pilato se asustó. Cuando enfrente una decisión difícil, no pase por alto los efectos de las presiones. Considere de antemano que las buenas decisiones quizás sean poco agradables y tengan consecuencias: rechazo social, ridículo público, carrera afectada. Piense en Pilato y decida ponerse en el bando de la verdad sin importar la coacción de otros.

23.15 A Jesús lo probaron seis veces, tanto por judíos como por autoridades romanas, y nunca lo hallaron culpable de un delito digno de muerte. Aun cuando lo llevaron a los judíos para su ejecución, no pudieron culparlo de felonía. Hasta hoy nadie puede hallar falta alguna en Jesús. Pero, como en el caso de Pilato, Herodes y los líderes religiosos, muchos siguen negándose a recibirlo como Señor.

23.18, 19 Barrabás formó parte de una rebelión en contra de los gobernantes romanos (Mar_15:7). Como insurgente político era sin duda un héroe entre algunos de los judíos. Qué ironía, Barrabás, que lo pusieron en libertad, era culpable de los mismos crímenes imputados a Jesús (Mar_23:14).

23.18, 19 ¿Quién era Barrabás? Los judíos tenían nombres que los identificaba con sus padres. A Simón Pedro, por ejemplo, se le llama Simón, hijo de Jonás (Mat_16:17). Barrabás no se identifica por el nombre que se le dio, de ahí que no nos sea de mucha ayuda. Barrabás significa “hijo del padre”. Pudo haber sido un hijo de nadie y ese es precisamente el asunto. Barrabás, hijo de un padre sin nombre, cometió un crimen. Debido a que Jesús murió en su lugar, liberaron a este hombre. Nosotros también somos pecadores y malhechores en contra de la ley santa de Dios. Como Barrabás, sentenciados a morir. Pero Jesús muere en nuestro lugar, por nuestros pecados y nos pone en libertad. No necesitamos ser “muy importantes” para aceptar nuestra libertad en Cristo. Más aún, gracias a Jesús Dios nos adopta como a hijos y nos da el derecho de llamarlo Abba, “papá” (véase Gal_4:4-6).

23.22 Cuando Pilato dijo “le castigaré”, se refería a un castigo que podría llevar a Jesús a la muerte. El procedimiento usual consistía en desnudar el torso de la víctima y luego atarles las manos a un poste antes de flagelarlo con un látigo triple con pedazos de metal. El número de latigazos lo determinaba la severidad del crimen; la Ley judía permitía un máximo de cuarenta. Después de flagelado, Jesús soportó otras agonías más como se indica en Mateo y Marcos. Lo abofetearon, golpearon a puñetazos y escarnecieron. Le pusieron una corona de espinas en su cabeza, lo golpearon con una caña y lo desnudaron antes de colgarlo en la cruz.

23.23, 24 Pilato no quiso sentenciar a Jesús a la pena de muerte. Pensó que los líderes religiosos solamente lo envidiaban y querían librarse de un rival. Cuando amenazaron a Pilato con denunciarlo ante el César (Joh_19:12), se asustó. Información histórica señala que las autoridades romanas amonestaron a Pilato debido a hostilidades en su región. Lo menos que necesitaba era una revuelta en Jerusalén y durante la Pascua, cuando la ciudad estaba llena de judíos procedentes de todo el imperio. De manera que entregó a Jesús a la chusma para que hicieran con El lo que quisieran.

23.27-29 Solo Lucas menciona el llanto de las mujeres judías mientras llevaban a Jesús por las calles para su ejecución. Les dijo que no lloraran por El, sino por ellas mismas. Sabía que solo cuarenta años después los romanos destruirían Jerusalén y el templo.

23.31 Este proverbio es difícil de interpretar. Algunos lo interpretan así: Si Jesús que era inocente (árbol verde) sufrió en manos de los romanos, ¿qué sucederá con los judíos culpables (árbol seco)?

23.32, 33 La Calavera, también llamada Gólgota, era quizás una colina que se hallaba en las afueras de Jerusalén junto a un camino principal. Los romanos llevaban a cabo ejecuciones públicas para escarmiento de la gente.

23.32, 33 Cuando los hijos de Zebedeo le preguntaron si podrían tener un lugar de honor junto a Jesús en su Reino, El les respondió que no sabían lo que pedían (Mar_10:35-39). Ahora que Jesús se preparaba para inaugurar su Reino mediante la muerte, los lugares a su derecha e izquierda los ocuparon hombres que morían: malhechores. Como Jesús explicó a sus dos discípulos hambrientos de poder, una persona que quiera estar cerca de El debe estar preparado para sufrir y morir. El camino al Reino es el camino de la cruz.

23.34 Jesús pidió a Dios que perdonara a la gente que le daba muerte: líderes judíos, políticos romanos, soldados y espectadores, y Dios contestó esa oración al abrir el camino de salvación aun para los asesinos de Jesús. El oficial romano y los soldados testigos de la crucifixión dijeron: “Verdaderamente éste era Hijo de Dios” (Mat_27:54). Pronto muchos sacerdotes se convirtieron a la fe cristiana (Act_6:7). Ya que somos pecadores, todos tuvimos parte en la muerte de Cristo. La buena nueva es que Dios es bondadoso, que nos perdonará y nos dará una nueva vida a través de su Hijo.

23.34 Los soldados romanos acostumbraban repartirse las ropas de los malhechores ejecutados. Cuando echaron suertes por las de Jesús, cumplieron la profecía del Psa_22:18.

23.38 Este letrero pretendía ser irónico. Era obvio que un rey, desnudado y ejecutado en público, había perdido su reino para siempre. Pero Jesús, que trastorna la sabiduría del mundo, iniciaba su Reino. Su muerte y resurrección significarían un golpe mortal al gobierno de Satanás y quedaría establecida su autoridad eterna sobre la tierra. Pocas personas al leer el letrero esa tarde sombría comprendieron su verdadero significado, pero el letrero estaba en lo cierto. No todo estaba perdido. Jesús era el Rey de los judíos, de los gentiles y de todo el universo.

23.39-43 Este hombre a punto de morir, se volvió hacia Jesús en busca de perdón y El lo aceptó. Esto nos muestra que nuestras obras no nos salvan, pero nuestra fe en Cristo sí. Nunca es demasiado tarde para volvernos a El. Aun en su miseria, Jesús tuvo misericordia de este malhechor que decidió creer en El. Nuestras vidas son mucho más útiles y plenas si nos volvemos a Dios a temprana edad, pero incluso los que se arrepienten casi al final estarán con Dios en su paraíso.

23.42, 43 El malhechor moribundo tuvo más fe que los demás seguidores de Jesús juntos. Aunque los discípulos seguían amando a Jesús, sus esperanzas por el Reino comenzaron a desvanecerse. Muchos se apartaron. Como uno de sus seguidores dijo con tristeza dos días más tarde: “Pero nosotros esperábamos que El era el que había de redimir a Israel” (24.21). El ladrón, por el contrario, miró al hombre que agonizaba junto a El y dijo: “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino”. Al parecer, el Reino había llegado a su fin. ¡Qué inspiradora es la fe de este hombre que vio la gloria venidera más allá de la ignominia presente!

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