En el AT se encuentra la prohibición de encender fuego en las moradas en el sábado. Posiblemente se refiere a una prohibición de la fundición o de trabajar con los metales. Esto era una parte mayor de la construcción y los artesanos caseros, aun especializados y dedicados al Señor, debían obedecer a Dios.
La ofrenda para el tabernáculo.
Si Dios iba a acompañarles en el camino, debían proveerle un santuario (mikdash) digno para que habitara en medio de ellos. El “santuario” significaba un lugar sagrado y servía como el sitio de comunicación entre Jehová a Israel.
Debe notarse la indicación de dos santuarios en el texto: El primero, como una “tienda de reunión”, existía antes de la construcción del tabernáculo. Era una tienda sencilla que se movía fuera del campamento debido a la apostasía del pueblo, y era atendida por el joven Josué, el ayudante de Moisés. El segundo, “el tabernáculo de reunión”, comenzó a funcionar, y fue atendido por los levitas consagrados como sacerdotes oficiales. Ambos santuarios servían como lugares sagrados donde Jehová se comunicaba con el pueblo.
La palabra “tabernáculo” (mishkan) significa “tienda”, o “lugar de morada” y proviene del verbo shakan que quiere decir “acampar”, o “hacer tienda”. En el AT se le dan varios otros nombres: tabernáculo de reunión, tabernáculo del testimonio;, tienda (lit.) de Jehová, tabernáculo de Jehová, y santuario, el lugar donde Dios habita (shakan) en medio de su pueblo. El tabernáculo simboliza la presencia de Dios con su pueblo; no mora en el monte Sinaí, sino que peregrina con los suyos.
Del verbo shakan el judaísmo postbíblico desarrolló el concepto de “Shekinah” o la “Gloria del Shekinah” para indicar la presencia de Dios en el mundo. El término “Shekinah” no aparece en el AT; sin embargo, el concepto se deriva de mishkan, el tabernáculo. También, el NT refleja el concepto dinámico del verbo shakan (morar), y Juan, cuando vio un cielo nuevo y una tierra nueva dijo: Oí una gran voz que procedía del trono diciendo: “He aquí el tabernáculo de Dios está con los hombres, y él habitará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios…’“: habitó = “acampó” o “armó su tienda”).
La ofrenda entregada.
El santuario debía ser digno de ser la habitación de Jehová . Si iba a servir como el lugar de comunicación entre Dios y el pueblo, no debía ser erigido por fondos de ninguna autoridad central ni debían entrar fondos de ningún tipo de impuesto obligatorio. Consecuentemente, la ofrenda era voluntaria; los materiales eran de los mejores, y el pueblo tenía acceso libre para adorarle y consultar con Dios. Por cierto, se guardaba la santidad de Dios y los sacerdotes servían como intermediarios entre Dios y la gente; sin embargo, el Señor democratizó el proceso y el pueblo se identificaba personalmente con el culto de adoración y conmemoración.
Entre aquellos que salieron de Egipto no había problema en encontrar las diversas clases de artífices, hombres y mujeres, capacitados para realizar a la perfección los diseños del tabernáculo y sus accesorios. Además, de los bienes que trajeron consigo a la salida, tuvieron lo suficiente en materiales y riquezas variadas para llevar a cabo la obra de construcción.
El llamado para los materiales básicos para la obra apelaba a los de corazón generoso, e incluía la mano de obra: Todo hombre que entre vosotros sea sabio de corazón venga y haga todas las cosas que Jehová ha mandado…. Se buscaban artesanos para construir el tabernáculo, el mobiliario, el atrio, las vestiduras para el santuario y las vestiduras para los sacerdotes. ¡Cualquiera habilidad que uno tuviera, había lugar para usarla para la gloria de Dios! Se llamó a los disponibles a dedicar sus dones a la causa del Señor.
La respuesta a la primera ofrenda “pro santuario” fue admirable. El contraste es notable; hacía poco habían traído sus aretes de oro como contribuciones para el becerro de oro, y ahora, con espíritu de generosidad trajeron la ofrenda de Jehová , para la obra del tabernáculo de reunión, para todo su servicio y para las vestiduras sagradas. Los hombres y mujeres trajeron ofrendas de oro, de materiales, de plata y bronce, de madera, de telas tejidas, de piedras preciosas y de especias y aceite. Se hacía hincapié en la participación de las mujeres, que no gozaban de muchas libertades en aquella época. Tan generosos fueron todos que hubo mucho más de lo necesario para llevar a cabo la obra, y Moisés tuvo que mandar que nadie hiciera nada más como ofrenda para el santuario porque había material suficiente para hacer toda la obra, y aun sobraba.
Los artesanos de la obra.
Jehová llamó a Bezaleel y a Oholiab a ser los encargados de la obra. Las cualidades de Bezaleel eran admirables: Estaba lleno del Espíritu de Dios, lo que indica que era lleno del poder de Dios (no pensaban del Espíritu en aquel entonces como una entidad separada de Dios mismo); además, el Señor le había llenado con sabiduría, entendimiento, conocimiento y toda habilidad de artesano…, y puso en su corazón la capacidad para enseñar, tanto él como Oholiab…. En aquella época, se consideraba el corazón como el sitio de la voluntad, o lo que significa hoy en día la mente. Bezaleel era un hombre sabio, inteligente, preparado, artístico y no egoísta. En el servicio del Señor puso la habilidad de sus manos, la inteligencia de su mente, la voluntad de su persona y la buena disposición de enseñar a otros para el bienestar de la obra de Dios. Bezaleel y Oholiab deben ser ejemplos para todos los que sirvieran a Dios en todas las edades.
