Ministerio basado en principios bíblicos para servir con espíritu de excelencia, integridad y compasión en nuestra comunidad, nuestra nación y nuestro mundo.

Logo

Romanos 11: Con callos en el corazón

El argumento de Pablo es que la nación judía no ha sido rechazada, sino que los verdaderamente judíos no son la nación en su totalidad sino el remanente fiel.

Para confirmar su idea reúne el pensamiento de varios pasajes del Antiguo Testamento (Deuteronomio 29:4; Isaías 6:9s; 29:10). Cita el Salmo 69:22s: «Que su mesa se les vuelva una red.» La idea es que hay gente sentada cómodamente en un banquete; y su misma actitud de seguridad se convierte en su ruina. Están tan confiados en su falsa tranquilidad que el enemigo se les puede echar encima y pillarlos desprevenidos. Así estaban los judíos: tan confiados, tan satisfechos, tan convencidos de que eran el Pueblo Escogido, que esa misma convicción se había convertido en su ruina. Llegaría el día cuando ya no podrían ver en absoluto, y andarían palpando con la espalda encorvada como ciegos o como personas sumidas en la más densa oscuridad. El versículo 7 dice correctamente en la versión Reina-Valera: « … los demás fueron endurecidos.» El verbo griego es pórun. El nombre pórósis nos acercará al sentido: es un término médico que quiere decir callo. Se usaba en cirugía para designar la formación ósea alrededor de una fractura que ayuda a la cicatrización. Cuando se forma un callo en alguna parte del cuerpo, ésta pierde sensibilidad. La mente de la masa del pueblo se ha vuelto insensible: ya no puede oír ni sentir la llamada de Dios.

Esto le puede suceder a cualquier persona: si persiste en no hacer caso a la llamada de Dios, acabará por hacerse insensible.

Si sigue pecando, al final llegará a dejar de percibir el horror del pecado y el atractivo de la bondad. Si uno vive mucho tiempo en condiciones miserables, se llega a acostumbrar.

Lo mismo que en los pies o en las manos, nos pueden salir callos en el corazón. Eso es lo que le había pasado a la masa del pueblo de Israel. ¡Que Dios nos libre de tal condición!

Pero Pablo tiene más que decir. Esa situación es trágica, pero Dios ha sacado de ella un bien: la insensibilidad de Israel le ha abierto la puerta de la Salvación a los gentiles. Como Israel no quiso el mensaje del Evangelio, pasó a comunicársele a un pueblo que estaba dispuesto a recibirlo. El rechazamiento de Israel ha enriquecido al mundo.
Y de ahí pasa Pablo a presentar el sueño que está detrás de todo esto. Si el rechazo de Israel ha enriquecido al mundo al abrirle la puerta a los gentiles, ¡cuál no será la riqueza al final del día, cuando se cumpla plenamente el plan de Dios e Israel también entre en la bendición de Dios!

Así que, al final, después de la tragedia viene la esperanza. Israel se ha hecho insensible, « el pueblo escogido» tiene el corazón hecho un puro callo; los gentiles entraron por la puerta de la fe y la confianza en el amor de Dios; pero llegará el día en que el amor de Dios actuará como un disolvente hasta en el corazón encallecido, y se encontrarán incluidos los judíos y los gentiles. Pablo está convencido de que, a fin de cuentas, nada podrá resistir al amor de Dios.

El acebuche -privilegio y advertencia

Ahora me dirijo a vosotros, gentiles. Ya sabéis que, en cuanto apóstol de los gentiles, le doy a mi ministerio la importancia que tiene porque quiero, de alguna manera, encontrar la forma de mover a mi propia raza a que tenga envidia de los gentiles, para así salvar a algunos de ellos. Porque, si el hecho de que fueran repudiados ha tenido como resultado la reconciliación del mundo con Dios, ¿cuál será el de su plena incorporación? ¡Algo así como si la vida surgiera de la muerte! Si la primera parte de la masa se consagra a Dios, queda consagrada toda la masa; si la raíz se consagra a Dios, las ramas quedan consagradas. Si algunas de las ramas han sido desgajadas, y si tú, que eras acebuche, has sido injertado entre ellas y has llegado a participar de la riqueza de la raíz, no se te ocurra mirar a las ramas desgajadas por encima del hombro con orgullo. Si te asalta la tentación de pensarlo, acuérdate de que no eres tú el que sostienes a la raíz, sino la raíz a ti. Tú dirás: «Las ramas fueron desgajadas para que yo fuera injertado.» Tienes razón. Fueron desgajadas por su falta de fe; y tú te mantienes por la fe. No te pongas orgulloso despectivamente, sino manténte en una actitud de temor reverente; porque, si Dios no se lo pasó a las ramas, que eran parte natural del árbol, tampoco te lo pasará a ti. Así que, considera la amabilidad y la severidad de Dios. Sobre los que cayeron recayó la severidad, y sobre ti la amabilidad; pero sólo si te mantienes en esa amabilidad, porque, si no, tú también serás desgajado; y ellos, las ramas originales, si no se empecinan en la incredulidad, serán injertados; porque Dios puede injertarlos otra vez. Porque, si tú fuiste cortado de un olivo que era en realidad un acebuche, y, contra lo que se hace naturalmente, fuiste injertado en el olivo cultivado, ¡cuánto más podrán ser injertadas las ramas originales en el olivo al que pertenecían!

Deja el primer comentario

Otras Publicaciones que te pueden interesar