(i) Pablo estaba seguro de que este endurecimiento de los corazones de los judíos no era total ni permanente. Había de cumplir un propósito, y una vez alcanzado, la situación cambiaría.
(ii) Pablo expone la paradoja del lugar de los judíos en el plan de Dios. A fin de que los gentiles pudieran entrar y de que se pudiera cumplir el propósito universal del Evangelio, los judíos habían llegado a una situación en la que quedaban como enemigos de Dios. La palabra que Pablo usa es efhroi. Es difícil de traducir porque tiene al mismo tiempo un sentido negativo y otro positivo. Puede querer decir tanto aborrecedor como aborrecido. Puede ser que en este pasaje tenga que entenderse en los dos sentidos a la vez. Los judíos eran hostiles a Dios y habían rechazado Su ofrecimiento, cayendo por ello en la desaprobación de Dios. Ese era el hecho presente; pero había otro hecho en relación con los judíos que nada podía alterar: eran el pueblo escogido de Dios y ocupaban un lugar especial en Su plan. Independientemente de lo que hicieran, Dios no podía faltar a Su Palabra. Le había hecho a los antepasados de aquel pueblo una promesa que tenía que cumplirse. Era seguro para Pablo por tanto, y cita Isaías 59:20s como confirmación, que el que Dios rechazara a los judíos no podía tener carácter permanente; ellos también, por fin, entrarían.
(iii) Entonces Pablo tiene una idea que nos puede parecer extraña: « Dios ha confinado a todos los seres humanos en una situación de desobediencia, ¡para tener misericordia de todos!» La única cosa que Pablo no podía concebir era que nadie, de ninguna nación, pudiera merecer su propia Salvación. Ahora bien: si los judíos hubieran observado una completa obediencia a la voluntad de Dios, podrían haber considerado que se habían ganado la Salvación de Dios como un derecho; así es que Pablo dice que Dios involucró a los judíos en desobediencia para que, cuando viniera Su Salvación, pudiera ser inconfundiblemente un acto de Su misericordia y no el resultado del mérito humano. Ni los judíos ni los gentiles podían salvarse nada más que por la misericordia de Dios.
En muchos sentidos nos puede parecer extraño el argumento de Pablo; pero el argumento no es irrelevante, porque detrás de él se encuentra nada menos que una filosofía de la Historia. Para Pablo, Dios está en control. Nada va a la deriva. Ni siquiera el acontecimiento más descorazonador puede estar fuera del propósito de Dios. Nada sucede a tontas y a locas. El propósito de Dios no se puede frustrar.
Se dice que una vez estaba un niño a la ventana en una noche terrible de tormenta. « A Dios -dijo- tienen que habérsele desbocado los vientos.» Para Pablo eso no podía suceder jamás. Nada estaba nunca fuera del control de Dios. Pablo habría añadido a ésta otra tremenda convicción. Habría insistido en que en todo y por medio de todo el propósito de Dios es de Salvación y no de destrucción. Puede que Pablo hubiera llegado a decir que Dios ordenaba las cosas para salvar a los hombres aunque fuera contra voluntad de ellos. En última instancia no es la ira de Dios la que persigue a los hombres sino el amor de Dios.
La situación de Israel era exactamente la que Francis Thompson describe de manera tan conmovedora en The Hound of Heaven -El Mastín celestial: Hui de Él atravesando las noches y los días, Le huí bajo los arcos de los años; Le huí por los caminos laberínticos de mi mente; y en la niebla de lágrimas me escondí de Él, y en risa galopante.
Pero en caza sin prisa, con paso imperturbable, con ritmo calculado e instancia mayestática, los pies batían -y una voz latía más insistente que los pies-. -Todas las cosas te traicionan, porque me traicionas a Mí. Y entonces llega el momento de la derrota del fugitivo: ¡Desnudo espero el inminente golpe de Tu amor! Has arrancado una tras otra las piezas de mi arnés, y me has hecho caer de rodillas, abatido, totalmente indefenso.»
Y entonces llega el fin: Junto a mí se detienen las pisadas; ¿Es que es mi sombra sólo la de Tu mano en gesto de caricia? -¡Ah simple, ciego y débil, ¡Yo soy el Que tú buscas! ¡Te alejas del amor al huir de Mí!
Esa era exactamente la situación de los judíos. Se encontraron luchando contra Dios, resistiéndole; y aún lo siguen haciendo. Pero el amor de Dios los sigue persiguiendo. Aunque a veces Romanos 9-I1 nos dé otra impresión, en el último análisis es la historia de una todavía inacabada persecución de amor. No es la única.
