Pero lo que Pablo nos quiere decir está muy claro: los gentiles habían estado en los montes entre otros árboles silvestres, y ahora, por obra de la Gracia de Dios, estaban injertados en el buen olivo del huerto de Dios, participando de su riqueza y fertilidad.
De esta alegoría Pablo saca dos lecciones:
(i) La primera es una palabra de advertencia. Habría sido posible que los gentiles adoptaran una actitud de desprecio. ¿No era verdad que los judíos habían sido rechazados para que ellos entraran? En un tiempo en el que los judíos eran despreciados por todo el mundo, tal actitud habría sido de esperar. La advertencia de Pablo nos sigue siendo necesaria a nosotros. En efecto, dice que no habría habido tal cosa como el Cristianismo si no hubiera existido primero el pueblo de Israel. Sería una desgracia que la Iglesia Cristiana olvidara su deuda para con la raíz de la que brotó. Tiene una deuda que no podrá pagar nunca más que llevando el Evangelio a los judíos. Así que Pablo advierte a los gentiles contra el peligro del desprecio. Severamente, dice que si las ramas naturales fueron desgajadas por su infidelidad, más fácilmente les puede pasar lo mismo a las ramas injertadas.
(ii) La segunda parte es una palabra de esperanza. Los gentiles han experimentado la bondad de Dios; y los judíos, Su severidad. Si los gentiles permanecen fieles, seguirán disfrutando de la bondad de Dios; pero, si los judíos abandonan su incredulidad y entran en la fe, serán injertados; porque, dice Pablo, si fue posible que el acebuche fuera injertado en el olivo cultivado, mucho más será posible que las propias ramas del olivo cultivado sean injertadas de nuevo en su árbol original. De nuevo vemos que Pablo sigue esperando el final feliz, cuando los judíos se conviertan a Cristo.
Mucho de este pasaje es difícil de entender, aunque las analogías mediterráneas no podemos decir que nos suenen remotas; pero una cosa queda más clara que el agua: la relación que existe entre el judaísmo y el Cristianismo, entre lo antiguo y lo nuevo, el Antiguo Testamento y el Nuevo. Aquí está la respuesta a los que quieren prescindir del Antiguo Testamento como si fuera un libro exclusivamente judío y sin nada que ver con el Cristianismo. Eso es tan estúpido como desembarazarnos de una patada de la escalera por la que hemos subido adonde nos encontramos. Sería estúpido de la rama el desgajarse del tronco que la sostiene. Israel es la raíz de la que crece la Iglesia Cristiana. La consumación vendrá solamente cuando el olivo silvestre y el cultivado sean uno solo y el mismo, y cuando no queden ramas sin injertar en el árbol padre.
Para que todo sea por gracia
Hermanos, quiero que captéis este secreto que sólo pueden comprender los que conocen a Dios; porque no quiero que presumáis de vuestra sabiduría. Quiero que entendáis que el endurecimiento que le ha sobrevenido a Israel es solamente parcial, y durará sólo hasta que el número completo de los gentiles haya entrado. Y entonces, por fin, todo Israel se salvará, como está escrito: «Un Salvador saldrá de Sión, y eliminará toda clase de impiedad de Jacob. Este es el cumplimiento del pacto que Yo haga con ellos cuando quite de en medio sus pecados.» Por lo que se refiere al Evangelio, son enemigos de Dios, pero eso es para vuestro bien. Pero en lo que se refiere a la elección, son amados de Dios por amor a los patriarcas, porque los dones gratuitos y el llamamiento de Dios no se anulan nunca. En un tiempo vosotros desobedecíais a Dios; pero ahora habéis encontrado Su misericordia gracias a la desobediencia de ellos; y de la misma manera, los judíos ahora han desobedecido, para estar en condiciones para entrar en la misma misericordia que vosotros habéis encontrado ahora. Porque Dios ha confinado a todos los seres humanos en una situación de desobediencia, ¡para tener misericordia de todos!
Pablo está llegando al final de su argumento. Se ha enfrentado con una situación desconcertante y, para un judío, descorazonadora. Tenía que encontrar una explicación al hecho de que el pueblo escogido de Dios rechazara al Hijo de Dios cuando vino al mundo. Pablo no cerró los ojos al trágico suceso, sino encontró la forma en que toda la trágica situación podía encajar en el plan de Dios. Es verdad que los judíos rechazaron al Mesías; pero, como Pablo lo veía, ese rechazamiento sucedió para que Cristo pudiera ser ofrecido a los gentiles. Pablo insiste en la responsabilidad personal de los judíos por no haber aceptado el ofrecimiento de Dios. Mantiene al mismo tiempo la soberanía divina y la responsabilidad humana. Pero entonces suena una nota de esperanza. Su argumento es un tanto complicado, y resultará más fácil si tratamos de separar las diferentes partes.
