La palabra que usa para transformaos de una manera distinta a la del mundo es metamorfústhai, de la raíz morfé, que quiere decir la naturaleza esencial e inalterable de algo. Una persona no tiene el mismo sjéma a los 17 que a los 70 años, pero sí la misma morfé; con el mono no tiene el mismo sjéma que vestido de ceremonia, pero tiene la misma morfé; cambia su aspecto exterior, pero sigue siendo la misma persona. Así, dice Pablo, para dar culto y servir a Dios tenemos que experimentar un cambio, no de aspecto, sino de personalidad. ¿En qué consiste ese cambio? Pablo diría que, por nosotros mismos, vivimos kata sarka, dominados por la naturaleza humana en su nivel más bajo; en Cristo vivimos kata Jriston o kata Pneuma, bajo el control de Cristo o del Espíritu. El cristiano es una persona que ha cambiado en su esencia: ahora vive, no una vida egocéntrica, sino
Cristocéntrica.
Esto debe ocurrir, dice Pablo, por la renovación de la mentalidad. La palabra que usa para renovación es anakainósis. En griego hay dos palabras para nuevo: neós y kainós. Neós se refiere al tiempo, y kainós al carácter y la naturaleza. Un lápiz recién fabricado es neós; pero una persona que era antes pecadora y ahora está llegando a ser santa es kainós. Cuando Cristo entra en la vida de un hombre, éste es un nuevo hombre; tiene una mentalidad diferente, porque tiene la mente de Cristo.
Cuando Cristo llega a ser el centro de nuestra vida es cuando podemos presentarle a Dios el culto verdadero, que consiste en ofrecerle cada momento y cada acción.
Uno para todos y todos para uno
Por la gracia que se me ha concedido os digo a cada uno de vosotros que no tenga una actitud orgullosa por encima de como debe ser, sino encaminada a la sabiduría, y de acuerdo con la medida de la fe que Dios le ha dado a cada uno de vosotros. Así como tenemos muchos miembros en el cuerpo, pero no todos tienen la misma función, así los cristianos, aunque somos muchos, formamos un cuerpo en Cristo y somos miembros los unos de los otros. Puesto que tenemos diferentes dones, según la gracia que se nos ha dado a cada uno, usémoslos en el servicio mutuo. Si hemos recibido el don de profecía, profeticemos de acuerdo con la proporción de la fe que hemos recibido. Si hemos recibido el don del servicio práctico, usémoslo en el servicio. Si nuestro don es la enseñanza, enseñemos. Si está en la exhortación, usémoslo para exhortar. Si somos llamados para compartir, hagámoslo con sencilla amabilidad. Si somos llamados para dirigir, hagámoslo con celo. Si se presenta la ocasión de mostrar misericordia, hagámoslo con simpática alegría.
Uno de los pensamientos favoritos de Pablo acerca de la Iglesia Cristiana es que es como un cuerpo (cp. 1 Corintios 12:12-27). Los miembros del cuerpo no discuten, ni se envidian, ni se pelean unos con otros. Cada parte del cuerpo realiza sus funciones, ya sean prominentes o humildes. Pablo estaba convencido de que así debería suceder en la Iglesia Cristiana. Cada miembro tiene una tarea; y es sólo cuando todos cumplen con su función como es debido cuando el cuerpo de la Iglesia funciona como Dios manda.
En este pasaje encontramos reglas para la vida común.
(i) Lo primero de todo es conocernos a nosotros mismos. Uno de los principios básicos de los sabios griegos era: «Conócete a ti mismo.» No llegaremos muy lejos en nada hasta que sepamos lo que podemos y lo que no podemos hacer. El tener clara nuestra capacidad, sin presunción ni falsa modestia, es una de las primeras cosas esenciales para una vida útil.
(ii) Segundo, nos anima a aceptarnos a nosotros mismos y a usar los talentos que Dios nos ha confiado. No tenemos que envidiar los que tengan otros ni lamentar no tenerlos nosotros. Tenemos que aceptarnos tal como somos y usar el don que tengamos. Puede que el resultado sea que descubramos y tengamos que aceptar el hecho de que nuestro servicio ha de ser humilde y poco apreciado. Una de las creencias básicas importantes de los estoicos era que hay una chispa divina en todas las vidas. Los escépticos se reían de esa doctrina. «¿Que Dios está en los gusanos? -preguntaban los escépticos-. ¿Dios en los abejorros?» A lo que respondían los estoicos: «¿Por qué no? ¿Es que no pueden esas criaturas servir a Dios? ¿Es que hay que ser general para ser un buen soldado? ¿No puede el soldado raso pelear bien y dar la vida por la patria? Feliz el que sirve a Dios y cumple su misión tan fielmente como un gusano.»
La continuidad de la vida del universo depende de las criaturas más humildes. Pablo está diciendo aquí que uno tiene que empezar por aceptarse a sí mismo; y aunque encuentre que la contribución que puede ofrecer no se va a ver, ni va a recibir alabanza ni prominencia, debe hacerla con la seguridad de que es importante, y que sin ella el mundo y la iglesia quedarían privados de algo.
