Ministerio basado en principios bíblicos para servir con espíritu de excelencia, integridad y compasión en nuestra comunidad, nuestra nación y nuestro mundo.

Logo

Romanos 12: El culto verdadero y el cambio esencial

(vi) Debemos mantener el espíritu al rojo vivo. El único al que el Señor Resucitado no podía aguantar era el que no era ni caliente ni frío (Apocalipsis 3:1 Ss). Ahora la gente mira con sospecha a los entusiastas; el grito de batalla moderno es: «¡Me importa un rábano!» Pero el cristiano lo toma desesperadamente en serio; está ardiendo para Cristo.

(vii) La séptima advertencia de Pablo puede querer decir una de dos cosas. Los manuscritos antiguos oscilan entre dos lecturas: unos ponen «Servid al Señor», y otros «Servid al tiempo», es decir, «No dejéis escapar las oportunidades.» La razón por la que hay estas variantes es que todos los antiguos amanuenses usaban abreviaturas. Una de las más corrientes era omitir las vocales -como se hace ahora en taquigrafía- y colocar una tilde sobre las restantes letras. Ahora bien: la palabra para Señor es Kyrios, y la de tiempo es kairós; así es que las dos se abreviaban krs. En una sección tan llena de consejos prácticos es lo más probable que Pablo estuviera diciéndoles a sus amigos: «Aprovechad las oportunidades que se os presenten.» La vida nos ofrece toda clase de oportunidades -de aprender algo nuevo, o de podar algo viejo o infructuoso; de dar una palabra de ánimo, o de advertencia; de ayudar, o de consolar. Una de las tragedias de la vida consiste en dejar escapar estas oportunidades que, en la misma forma, no se nos volverán a presentar. Como dice un refrán: «Hay tres cosas que no vuelven: la flecha que se tira, la palabra que se dice y la oportunidad que se pierde.»

(viii) Tenemos que regocijarnos en la esperanza. Cuando Alejandro Magno estaba haciendo los planes para una de sus campañas en Oriente, estaba repartiendo toda clase de regalos entre sus amigos. En su generosidad ya había dado casi todas sus posesiones. « Señor -le dijo uno de sus amigos-, no te va a quedar nada.» «¡ Sí! -contestó Alejandro-. Me quedarán mis esperanzas.» El cristiano es optimista por naturaleza. Simplemente porque Dios es Dios, el cristiano siempre está seguro de que lo mejor está por venir. No le va aquello del poeta de que «cualquiera tiempo pasado fue mejor.» Como sabe que la Gracia de Dios es siempre suficiente, y que la potencia de Dios se perfecciona en nuestras debilidades, el cristiano sabe que ninguna tarea le vendrá grande. « No hay situaciones desesperadas en la vida; lo que hay son personas que han perdido la esperanza.» No existe tal cosa como un cristiano desesperado o desesperanzado.

(ix) Tenemos que enfrentarnos con la tribulación con victoriosa entereza. Alguien le dijo una vez a un hidalgo sufridor: «El sufrimiento le da color a la vida, ¿verdad?» A lo que él contestó: « Sí; pero yo elijo los colores.» Cuando se cernía sobre Beethoven la terrible perspectiva, ya segura, de una sordera total, dijo: «Cogeré a la vida por el cuello.» Cuando Nabucodonosor arrojó a los tres israelitas al «horno de fuego ardiendo», se maravilló de que no sufrieran ningún daño, y preguntó si no habían arrojado a tres hombres atados. Cuando le dijeron que sí, él añadió: «Pues yo veo a cuatro, sueltos, andando por las Vainas tan campantes; y el Cuarto tiene el aspecto de un «hijo de los dioses»» (Daniel 3:24s). El cristiano se puede enfrentar con lo que sea, siempre que sea con Jesús.

(x) Hemos de ser constantes en la oración. ¿No es verdad que a veces en la vida se nos pasan los días y hasta las semanas sin hablar con Dios? Cuando un cristiano deja de orar, se despoja de la armadura del Todopoderoso. No hay que sorprenderse de que la vida se desmorone cuando nos empeñamos en vivirla solos.

(xi) Hemos de compartir lo que tengamos para ayudar a los hermanos necesitados. En un mundo consumista que no piensa más que en conseguir, el cristiano está dispuesto a dar, porque sabe que « perdemos lo que retenemos y tenemos lo que damos.»

(xii) El cristiano ha de estar dispuesto a ofrecer hospitalidad. Una y otra vez insiste el Nuevo Testamento en este deber de la puerta abierta (Hebreos 13:2; 1 Timoteo 3:2; Tito 1:8; 1 Pedro 4:9). El traductor inglés Tyndale usaba una palabra magnífica cuando ponía aquí que el cristiano debe tener una disposición de puerto. Un hogar no puede ser nunca feliz si es egoísta. El Cristianismo es la religión de la mano abierta, el corazón abierto y la puerta abierta.

El cristiano y sus semejantes

Deja el primer comentario

Otras Publicaciones que te pueden interesar