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Zacarías 13: Arrepentimiento y restauración

Estos falsos profetas se avergonzarán de su visión; en vez de sentirse privilegiados serán confundidos, de tal manera que ni ellos mismos creerán en las visiones que perciban. Nunca más se sentirán honrados de tomar la vestidura de profeta, negarán su oficio y tomarán el oficio de labrador; todo lo contrario del profeta Amós.

Estos dos males persisten en la actualidad: el pueblo sigue yendo en pos de dioses ajenos, de ídolos que no ofrecen la satisfacción de la sed espiritual, pero sí el entretenimiento, distrayendo a la criatura de su Creador. Los dioses antiguos han sido sustituidos por el amor al dinero, por la sed de la fama, por las pasiones vergonzosas que gracias a la agilidad y a la efectividad de los medios de comunicación se han hecho comunes a todas las sociedades. Los falsos profetas siguen proliferando por la fertilidad del campo. La carencia de proclamadores de la verdad ha dejado espacio suficiente para los falsificadores, falsos maestros que atentan contra las verdades eternas de Dios, enseñando beneficios temporales como sustitutos. La solución que ofrecen las corrientes modernas son temporales a un costo altísimo; la verdad de Dios es eterna y gratuita.

Los versículos 7-9 son muy confusos y difíciles de explicar, porque no se sabe a qué pastor se están refiriendo, ya sea al buen pastor o al mal pastor del capítulo 11.

¡Levántate, oh espada, contra mi pastor…! “La espada es la de la justicia divina, que parecía haber estado dormida mucho tiempo y debiera haber herido tiempo ha o al hombre o a su Sustituto, el Mesías” (Comentario de la Santa Biblia, Adam Clarke, tomo II). No puede negarse el mensaje mesiánico de este pasaje. El uso de mi pastor, el hombre compañero mío o mi asociado, algunos se han atrevido a traducirlo como “mi igual”. En este caso nuestra inclinación es que se refiere al buen pastor; es clara referencia para el Mesías y que se cumplió en el Señor Jesucristo, quien sigue cumpliendo su promesa. Contiene tres elementos que irrumpen como rayos solares que le dan una claridad especial, tres grandes verdades aparecen entretejidas, para darle mayor solidez a la enseñanza en la cual Zacarías ha venido insistiendo en esta segunda parte de su libro: el castigo contra el pastor, el juicio de Dios contra las ovejas y la purificación del remanente.

No cabe duda de que Dios castigará al pastor negligente, pero el pastor que va a ser herido es el verdadero pastor, y Jehová lo llama su compañero; aquí es donde se presenta la dificultad. Una posible interpretación sería que el pastor verdadero, el buen pastor, comenzó bien su ministerio pero que presionado por las circunstancias se ve obligado a ceder, y dejando a un lado su función de guía dejó que las ovejas se descarriaran. Pero esto no concuerda con lo visto anteriormente, cuando el mismo profeta toma el lugar del pastor; o sea que el pastor que va a ser herido no será un pastor negligente. El castigo no sería necesariamente contra el pastor, sería contra el pueblo; esto mismo concuerda con el juicio sobre el pueblo, el cual será castigado: dos terceras partes de ellos se perderán, y solo se salvará una tercera parte, un remanente sobre el cual Dios seguirá cumpliendo su promesa.

La segunda opción, aunque parece difícil, se puede considerar como la más factible. Traemos a la memoria el momento en que el Señor Jesús anunciara la negación de Pedro, y para reafirmar su declaración sobre la negación citó estas palabras de Zacarías: “Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas”. Esta es una declaración mesiánica, incomprensible en la época del profeta, pero a nosotros nos parece clara referencia al Señor Jesucristo en los momentos más difíciles de su ministerio, cuando estaba a punto de consumar la redención; fue grande su dolor al ver que aun sus discípulos más amados se alejaron de él.

El remanente es otro tema que ocupa un lugar predominante en el pensamiento del profeta; Jehová dejará a un grupo pequeño sobre el cual se cumplirán las promesas, no por la fidelidad de ellos, más bien por la fidelidad de Dios. Malaquias 3:6 más tarde dio la razón para dejar un remanente, y es por la inmutabilidad de Dios, por su fidelidad a su propia naturaleza divina.

El papel del remanente en el plan de Dios será tan privilegiado que para su realización necesitará de una purificación, será sometido a una purificación como el oro o la plata para verificar su grado de pureza. La santidad siempre ha sido una de las demandas del Dios Santo, y si el pueblo ha de adorar a Dios deberá hacerlo en santidad. Luego de la prueba, ellos podrán elevar sus voces de clamor e invocarán el nombre de Jehová, y Jehová desde su trono responderá.

El plan de Dios para la humanidad ha sido el mismo: que los pueblos todos reconozcan la unicidad de Dios, sujetándose a su señorío. Dios con satisfacción los llamará pueblo mío.

El hombre fue creado para adorar a Dios; en vez de ello, se envaneció, queriendo ser igual a Dios; se hundió en el pecado con una mente reprobada y con actitudes que están en total rebeldía contra el Creador. El castigo lo recibirá por su maldad. Solo en la cruz del Calvario, donde la sangre del Cordero de Dios se derramó para eterna redención, la humanidad encontrará consuelo, y el plan de Dios se cumplirá a cabalidad. Entonces el redimido alzará su voz con júbilo y proclamará la gloria de Dios.

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