Cómo se planeó para el templo: Preparativos
Con esta sección se comienza un largo trozo perteneciente particularmente al Cronista. Es decir, no se pueden comprobar fuentes canónicas para los materiales que llenan los capítulos 22-29. Aunque hay una que otra alusión a textos aislados, estos materiales son tomados de las fuentes del mismo Cronista; debe advertirse que estos materiales reflejan algunas de las características de la teología y estilo del mismo Cronista. No se pretende que estos capítulos sean la creación de la imaginación del Cronista, pero sí que las fuentes particulares del autor hayan sido utilizadas de acuerdo a sus propios propósitos. Desde luego, esto no es nada nuevo, pues se ha observado en su uso de los mismos materiales canónicos. Debe reconocerse, no obstante, que los asuntos tratados en el cap. 22 vienen muy bien, porque no son abordados por 2 Samuel ni por 1 Reyes.
El Cronista, al hablar de la mano de obra empleada en la construcción del templo, sólo alude a trabajo forzado por extranjeros. Estos serían llevados cautivos por las fuerzas de David en sus guerras. Con guerras o sin ellas, solía haber gente extranjera entre los hebreos. Ya que estas personas estaban sin derechos políticos, al pueblo se le advertía que no abusase de ellas. Había leyes específicas que velaban por su protección. Llama la atención el que el profeta por excelencia del exilio babilónico, prevea que algunos extranjeros ayudaran en la construcción del segundo templo al igual que lo hicieron con el primero.
El trabajo duro de los canteros sería trabajo que no se le daría a ningún hebreo. “El trabajo forzado lo restringe a los no israelitas. Le horroriza la idea misma de someter al pueblo de Dios a esta indignidad” (Castelot). Aunque posteriormente a Salomón le haría falta la mano de obra hebrea, al Cronista no le parece que esto haya ocurrido durante la gestión gubernativa de David, porque no cuadraba con su imagen del rey.
Aparte de la tremenda mano de obra requerida, se hace énfasis en este capítulo sobre la enorme cantidad de materiales que hacía falta para la construcción. En el versículo 3 se habla de junturas. Esto se refiere al material metálico que se emplearía para juntar o unir vigas, etc. El que se mencione la madera de cedro nos ilustra la alta estima en que se tenía esta madera libanesa. Era muy preciada a través de todo el antiguo Cercano Oriente.
No se oculta el hecho de la incapacidad de Salomón de hacer él solo el templo. Por un lado está su juventud. Si bien es un hecho que nadie sabe a ciencia cierta la edad de Salomón a estas alturas, el comentarista Barnes opina que no podría haber tenido más de 25 años ni menos de 14. El Cronista también recalca la necesidad de los preparativos hechos por David para que el templo llegase a ser una realidad. Es cierto que Dios no permitió a David construir el templo, pero era igualmente verdad que Salomón necesitaba de la ayuda de su padre en los preparativos. El escritor posexílico ya ha dicho que David no puede hacer el templo; tampoco Salomón lo puede hacer solo. Mediante esta dependencia mutua, el Cronista enfatiza no tan sólo la continuidad entre los dos reyes para formar una monarquía unida, sino que reconoce aun más de este modo la importancia del templo.
Las alusiones de David respecto a que Dios no le permitió construir el templo por causa del derramamiento de mucha sangre (versículo 8) han ocasionado comentarios muy diversos. Algunos estudiosos opinan que estas palabras no pueden representar un comentario antibélico o pacifista, ya que el Cronista lleva la ventaja sobre todos los demás escritores bíblicos en su teología belicista respecto a Dios. Pensar que este pasaje refleja una idea de que la guerra en sí es mala sería un anacronismo, según ellos. Barnes, p. ej., opina que has derramado delante de mi mucha sangre en la tierra se refiere a alguna clase de impureza ritual de parte de David en sus sacrificios. Clyde Francisco, en cambio, más acertadamente asevera que el Cronista es el primer escritor bíblico que percibe que hay algo inherentemente impío en la guerra, aunque sea ésta una guerra justa. Pese a que las guerras de David mayormente eran de tipo autodefensivo y de seguridad nacional, Dios no podía permitir que una persona manchada de sangre fuera constructor del templo. Precisamente es por esto que a Salomón (la raíz hebrea significa “paz”) se le encarga la construcción.
