Con el versículo 11 comienza el desafío de David a su hijo Salomón. Es notable la similitud entre este pasaje y la instalación de Josué. En ambos pasajes se hallan elementos de aliento, descripción de la tarea, la promesa de ayuda de Dios. Específicamente estos elementos serían necesarios en la construcción del templo.
En el versículo 13 David emplea casi textualmente las mismas palabras de Moisés a los israelitas y a Josué: Esfuérzate, pues, y sé valiente.
Las cifras empleadas por el Cronista respecto a las cantidades de dinero para la construcción tienen que ser deliberadamente hiperbólicas. Aunque puede ser que se hubiera dado una variación del valor del talento hebreo antes y después del exilio babilónico, siendo el anterior de menos valor que el posterior, aun así la cifra es casi increíble. Los 100.000 talentos de oro igualarían a 3.775 toneladas del metal precioso. Lo hiperbólico de las cifras se respalda por las repetidas veces que el mismo Cronista afirma que los materiales y los obreros eran “incontables”. Pareciera que el Cronista emplea estas cifras tan elevadas para comunicar la misma cosa. Tal exageración sólo llama la atención al valor del templo y la esperada preparación hecha por David para su construcción. Si esta hiperbolización fuera a molestar a alguna sensibilidad puritana, habría que recordar que los pastores de todas las épocas suelen hacer esto cuando informan sobre la asistencia en los cultos. El propósito nunca es engañar sino sólo agradecer a Dios por su grandeza.
Aplicación a la vida
El oro, la plata, el bronce y el hierro de los que se hablan en el versículo 16, figurativamente, pueden entenderse como la fuerza espiritual que cada creyente posee por haber recibido a Jesús como Salvador, y por ende, a Dios y su Espíritu Santo. Salomón tenía todos los materiales que necesitaba para construir. Le faltaba sólo una cosa: ¡Actuar! De allí la exhortación de su padre David: «¡Levántate y actúa!» Hoy el Señor nos exhorta por medio de la Biblia a hacer lo mismo, El nos da la fe, pero nosotros debemos actuar. ¿Cómo hemos de hacerlo? ¿Cómo sabremos utilizar los recursos espirituales que Dios nos da? La vida de Salomón puede darnos luz al respecto. David había orado por él: «Que Jehová te dé inteligencia y entendimiento», y efectivamente, ante el ruego de Salomón, Dios le concede sabiduría. Prueba de ello es el famoso «fallo salomónico» sobre el bebé que reclamaban las dos madres. Siempre es buen momento para detener la marcha apresurada de la vida y del ministerio, y rogar a Dios nos conceda sabiduría para el uso de los preciosos dones y capacidades que él nos concedió.
Hay muchas personas que darán cantidades fuertes de dinero o de sus bienes cuando es solicitado para un proyecto de construcción, pero no levantarán la mano para ayudar en el programa de visitación o de enseñanza de la Biblia. Dios espera de nosotros la consagración de nuestros talentos para servir a los demás por medio de ellos, tanto como el dinero que pudiéramos entregar para un programa de construcción.
