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1 de Samuel 2: Cántico de Ana

1 de Samuel 2:36 Y el que hubiere quedado en tu casa vendrá a postrarse delante de él por una moneda de plata y un bocado de pan, diciéndole: Te ruego que me agregues a alguno de los ministerios, para que pueda comer un bocado de pan.

Ana

La oración de Ana nos muestra que todo lo que tenemos y recibimos es un préstamo de Dios. Ana pudo haber tenido muchas razones para ser una madre posesiva. Pero cuando Dios contestó su oración, ella cumplió su promesa de dedicar a Samuel al servicio de El.

Ella descubrió que el gozo más grande en tener un hijo es regresárselo total y libremente a Dios. Ella entró en la maternidad preparada para hacer lo que todas las madres deberán hacer a la larga: dejar ir a sus hijos.

Cuando los niños nacen, son completamente dependientes de sus padres para todas sus necesidades básicas. Esto hace que algunos padres se olviden que esos mismos niños crecerán hacia la independencia dentro de unos pocos años. Estar consciente de las diferentes etapas de este saludable proceso fortalecerá en gran manera las relaciones familiares;este proceso ocasionará gran dolor. Gradualmente debemos dejar ir a nuestros hijos para poder permitirles que lleguen a ser adultos maduros e interdependientes.

Ana fue: Madre de Samuel, el más grande juez de Israel; Ferviente creyente; eficaz en la oración; Dispuesta a cumplir un muy costoso compromiso. Pero tuvo sus debilidades y errores : Luchó con su autoestima porque no podía tener hijos. De su vida aprendemos que: Dios escucha y contesta las oraciones; Nuestros hijos son regalos de Dios; Dios está preocupado por el oprimido y el afligido.

A Ana la vemos en Efraín, de ocupación: Ama de casa. Esposa de Elcana. Madre de Samuel. Más tarde, otros tres hijos y dos hijas. Contemporánea de Elí, el sacerdote

El canto de Ana

En el versículo 1 dice que Ana oró y se usa la misma palabra hebrea que en 1:10. Evidentemente la oración incluye no solamente la plegaria sino también la alabanza. Hay varios cantos en la Biblia: el de Moisés en Exodo 15, el de Débora y Barac en Jueces 5 y el de los 144.000 en Apocalipsis 14. Este canto se asemeja más al de María en Lucas 1. Alaba a Dios por lo que ha hecho, ¡pero también por lo que es! La palabra poder es lit. “cuerno” y la frase quiere decir levantar a una posición de poder y de dignidad. Alguien ha dicho que la alabanza es el alquiler que debemos a Dios, y por más grande que sea nuestra herencia, más será lo que se adeuda. La palabra “alabar” en hebreo, aunque no se usa aquí, quiere decir “irradiar” luz. Hay algo parecido en el versículo 1 que se traduce me he alegrado y quiere decir lit. “brillar alegremente”. El deseo de cada creyente y adorador de Dios debe ser el de reflejar la luz divina.

El cántico hace resaltar el contraste entre los capítulos 1 y 2. Antes, Ana fue irritada y entristecida por su rival; ahora las palabras arrogantes han cesado. Antes, los fuertes dominaban; ahora los débiles se han ceñido de poder. Antes, su rival se saciaba con hijos; ahora su rival languidece. Antes, Ana fue humillada hasta el polvo; ahora ella es elevada al trono de honor, lit. la palabra es “gloria”). Y todo esto se realizó por la oración eficaz de esta mujer justa. Ella tenía fe en el Dios que realiza cambios y obra a favor de los que se humillan en su presencia.

La palabra juzgará en el versículo 10 quiere decir “reinará” o “gobernará”. Aquí Ana proféticamente anuncia que algún día toda justicia verdadera en la tierra será administrada por el Rey y Ungido (lit. Mesías) de Dios. Este tema se va a desarrollar por todo el AT. Solamente en el NT se identifica el Mesías y notamos que fue revelada su identidad a una mujer samaritana. Jesucristo se reveló a ella como el Prometido de Israel.

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