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2 de Reyes 15: Reinado de Azarías

Los últimos reyes decadentes de Israel

La prosperidad y estabilidad bajo Jeroboam II de Israel cambiaron radicalmente de la noche a la mañana. Bajo su gobierno, Israel tuvo un tiempo corto de calma antes de la desintegración caótica. El país, en su estado precario, fue plagado no solamente por problemas internos con una serie de reyes asesinados y revoluciones, sino también en los últimos años por la amenaza de la intervención extranjera de Asiria, que se expandía hasta Egipto. Es muy notable que el lenguaje usado para evaluar cada rey de Israel al final del siglo VIII a. de J.C. es casi idéntico. Esta repetición sugiere el ritmo ascendente y cada vez más rápido hacia la decadencia y el final ineludible. En los capítulos  15 y 16 las referencias a los pecados de Jeroboam hijo de Nabat superan en cantidad a todos los otros capítulos en los libros de Reyes. De esa manera, se nos recuerda que el juicio es inevitable: la nación estaba predestinada a la ruina y la destrucción; el tiempo de la prosperidad para Israel había terminado; la demora en el juicio había acabado. Israel marchaba hacia la destrucción en el ciclo de conspiración, usurpación, maldad, muerte; la sentencia divina se cumpliría, pues en realidad cada rey fue una repetición del anterior: malo e ilegítimo. El orden y la política pública se habían desintegrado y les acompañaba un colapso en la moralidad del pueblo. Debido a que cada rey adoraba en las capillas de Betel y Dan, donde estaban los becerros para la adoración, cometía el mismo pecado que Jeroboam I y hacía que la destrucción de Israel fuera inevitable. Por su apostasía y su desobediencia, Israel iba con una velocidad acelerada hacia su destino ineludible de destrucción y exilio.

Un asesino tras otro se sentaba en el trono de Samaria mientras que la nación tambaleaba al borde de la anarquía. Durante un año el país tuvo cuatro reyes diferentes, mientras que Judá al sur disfrutaba de un reinado estable de 52 años. De los últimos seis reyes, tres reinaron menos de tres años en total. Solamente uno de los reyes en Samaria, Menajem, murió de una muerte natural y tuvo la dicha de que su hijo heredara el trono. Con brutalidad y violencia los otros cinco fueron destronados por rivales. Durante el período turbulento, varios de los gobernantes se comportaron más como ladrones y tiranos que como reyes. La influencia del ejército en estas revoluciones jugaba un papel clave.

 Zacarías

Zacarías, hijo de Jeroboam II y bisnieto de Jehú, reinó en Samaria solamente seis meses durante los cuales continuaba las prácticas religiosas tradicionales desde los tiempos del primer Jeroboam y la división del reino unido. Su nombre quiere decir «Jehová recuerda», aunque evidentemente un buen nombre no era suficiente para que este recordara los mandamientos del Señor y las advertencias de los profetas. Fue asesinado por Salum, quien se hizo rey. Si Salum lo mató en público, sugiere que tenía mucho apoyo popular o que al público le faltó interés en el desenlace político. Probablemente, dicha apatía y dejadez política se debía a que para ellos un cambio de rey no mejoraría en nada su situación económicosocial.

Si el lugar de su muerte fue Ibleam, como dice la LXX (ver nota de la RVA), entonces se nota cierta ironía o justicia ideal, pues el último de la dinastía de Jehú murió en el lugar que su bisabuelo Jehú asesinó a la casa real del reino del sur. Con el corto reinado de Zacarías, la palabra profética de que los descendientes de Jehú reinarían hasta la cuarta generación, se cumplió; aunque no era digno de reinar. Dios cumplió su promesa aun cuando se trataba de una profecía anónima.

Reyes que hicieron lo bueno

Joás, Amasías,  Azarías,  Jotam,  Ezequías,  Josías

Reyes que hicieron lo malo

Jehú,  Joacaz,  Jeroboam II,  Zacarías,  Menajem,  Pecaías,  Pécaj,  Acaz,  Oseas,  Manasés,  Amón,  Joacaz,  Joacim,  Joaquín,  Sedequías

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