La referencia a los querubines, ¿sugiere que el rey se aprovechó de su puesto sagrado para entrar al lugar santísimo donde estaba el arca en la misma presencia de Dios? O ¿fue la crisis que confrontaba Judá, junto con el renombre de Ezequías como religioso, lo que le permitió obviar la costumbre en el templo? (El versículo 15 no dice que Ezequías estaba entre los querubines sino que Dios estaba allí. Algunos dudan que un hombre de gran fe como él habría violado el lugar santísimo o que Dios hubiera permitido tal cosa mientras que otros afirman lo contrario.) Como quiera, su oración fue ejemplar. Su tema fue la vindicación del honor de Jehová, como el único Dios vivo y verdadero, de la afrenta del asirio. Contenía una invocación a Jehová Dios de Israe, una petición para que Dios escuchara y atendiera, una explicación del problema que lo aquejaba, una segunda petición para que Dios los salvara y finalmente una afirmación de la motivación de su ruego. Esta última afirmación se parece a otras dos en momentos de confrontación entre siervos de Dios y amenazas extranjeras (comp. el caso de David y Goliat y Elías y los profetas de Baal. Dios escuchó la oración sincera, y ya estaba preparando a un profeta con su respuesta.
En seguida, sin ser solicitado, Isaías envió a Ezequías un mensaje de victoria, informándole que el Señor había escuchado su oración. Además, le mandó unas palabras proféticas en verso (1Ki_19:21-34) que pueden dividirse en tres secciones. La primera, que fue para Senaquerib, señaló la arrogancia y la locura de las pretensiones endiosantes de Senaquerib y las contrasta con su destino. Indicó que a Jerusalén (la virgen hija de Sion = hija de Jerusalén, versículo 21) no le preocupaba su mensaje jactancioso, insultante y amenazante, porque la insolencia era contra el Dios Santo de Israel. Se refirió a Jerusalén como virgen, porque en el pasado no había sido violada, invadida o contaminada por los enemigos y paganos. Por lo tanto, se atrevía a burlarse de Senaquerib ahora también, porque él tampoco la violaría. Aunque el rey de Asiria se llenaba de vanagloria por sus victorias dondequiera, en realidad estas no se debían a su poderío sino al poder y los planes de Jehová. De manera que la burla a Judá fue en realidad una burla a Jehová, y el Señor iba a rebajar su ignorancia llevándolo de regreso a Asiria como a un toro con una argolla en la nariz y un freno en sus labios.
Isaías dirigió la segunda sección del mensaje a Ezequías, prometiéndole una señal como una garantía de que las palabras proféticas se cumplirían. Para Isaías, una señal indicaba una interpretación especial de un fenómeno natural común y corriente. Esta señal estaba basada en la problemática agrícola de la siembra y la cosecha causada principalmente por la invasión del poderoso ejército asirio. Por los próximos dos tiempos de siembra (no necesariamente se trata de años) no podrían sembrar; sin embargo, en el tercero sí sembrarían y cosecharían. La señal especificó un período de entre uno y tres años de recuperación de los estragos de la guerra. Por ello, los sobrevivientes en Jerusalén y en Judá podrían retornar a sus labores en paz, seguridad y prosperidad. Nada de esto se debería a los méritos de Judá sino al celo de Dios por su nombre y su pueblo. El versículo 30 menciona a los sobrevivientes de la casa de Judá o los restos que en este caso serían de Judá. Después del 587 a. de J.C. se volvió a recalcar la importancia de estos.
La tercera sección de las palabras proféticas de Isaías tenía un mensaje para todos; se prometió que el rey de Asiria no penetraría ni atacaría a Jerusalén, porque el Señor los protegería. Como promesa, el Señor lo cumpliría en consideración a su siervo David; es cierto también que respondería a la oración de Ezequías. De manera que Dios actuaría conforme a sus actos portentosos del pasado y en consideración de ellos. La misma ciudad de Jerusalén permanecería inviolable.
