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2 de Reyes 19: Judá es librado de Senaquerib

“Dios es el vengador de los oprimidos. Los africanos no serán olvidados para siempre. Intercedo aquí por las viudas y huérfanos de aquellos cuya sangre ha sido derramada. Intercedo en favor de recompensar la constancia de los negros. Intercedo en favor de mis hermanos en Jamaica cuyas esperanzas están puestas en esta reunión. Intercedo por las esposas y por los hijos. Pido la simpatía de los niños, en favor de los niños que yo he visto azotar… Pido la simpatía de las madres, cuya tierna naturaleza imploro. Pido la simpatía de los padres en favor de Catalina Williams, y sus espaldas ensangrentadas, la cual, con un heroísmo que Inglaterra ha visto raras veces, prefirió estar sepultada en una cueva antes que rendir su honor. Pido la simpatía de los cristianos en favor de Guillermo Black, cuyas espaldas no estaban aún curadas, un mes después de ser azotadas. Os lo pido por el amor de Jesús. Si no consigo despertar vuestras simpatías, me retiraré de esta asamblea y clamaré a Aquel que hizo todas las naciones de una misma sangre, y si muero antes de ver la emancipación de mis hermanos y hermanas en Cristo, en oración, si es permitida en el cielo, caeré a los pies del Eterno clamando: ‘Abre los ojos de los cristianos en   nglaterra para que vean el mal de la esclavitud y lo quiten de la faz de la tierra’ ”.

La esclavitud en Jamaica y en todos los dominios británicos fue abolida definitivamente el 1 de agosto de 1838. A medianoche, Knibb había reunido su congregación numerosísima. Cuando la hora que anunciaba el fin del día se acercaba, Knibb, mirando el reloj, exclamó: “La hora se acerca; el monstruo está muriendo”. Un silencio sepulcral reinaba en la asamblea. Cuando el reloj dio el último toque de las doce, Knibb exclamó: “El monstruo está muerto; los negros están libres”. Entonces se oyó un clamor de parte de los libertados, cual tal vez nunca se oyó otro sobre la tierra. Entonces, la cadena, el collar, el rebenque y otros símbolos de la esclavitud fueron puestos en un ataúd, y sepultados en presencia de millares de negros para quienes había llegado el anhelado día de la libertad.

Una vez abolida la esclavitud, Knibb continuó sus trabajos en pro de la elevación de la raza negra emancipada en el mundo de Colón. El 15 de noviembre de 1845, el fiel soldado de la igualdad humana pasó a estar con Cristo. Su muerte fue llorada en toda la isla, y más de ocho mil personas estaban presentes en el acto del entierro.

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