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2 de Reyes 22: Reinado de Josías

Hilquías contó a Safán del dramático descubrimiento del libro de la ley en el templo y se lo entregó. El libro probablemente era un rollo escrito sobre una piel de animal parecida a los Rollos del Mar Muerto de Qumrán, aunque en esa época también usaban papiro. Evidentemente el libro era Deuteronomio o una porción de él, que había estado olvidado y perdido durante los 75 años de los reinados del padre y del abuelo y los primeros 18 de Josías. Mientras que el libro permanecía cerrado a la lectura, los valores espirituales del país constantemente iban deteriorándose. ¿Lo escondería en una cámara secreta algún sacerdote leal a Jehová? ¿Fue descubierto en una de las arcas del tesoro del templo al sacar el dinero? Como quiera Dios preservó lo que posiblemente era la única copia; la transmisión del texto sagrado a futuras generaciones era tan importante como escribirlo. Después de la lectura, Safán informó a Josías del descubrimiento de un libro y del cumplimiento de su orden.

Una vez informado del libro de la Ley, Josías escuchó su lectura por Safán. Aun más, es probable que este ayudara en su interpretación. Aunque se entendía sin estudiar hermenéutica, un estudioso reverente podía arrojar luz donde el menos preparado no comprendería. Además, fue la segunda vez que lo leía, la primera vez en privado y la segunda en voz alta al rey.

La preocupación del rey en ningún momento tuvo que ver con la autenticidad del libro; más bien se inquietó por su propio destino y el de su nación. Para el rey, el libro recién descubierto era escritura normativa y autoritativa. No procedió a cuestionarla, sino a obedecerla. Cabe señalar, además, que cuando Josías cumplía la voluntad de Dios con la luz que tenía a su disposición, Jehová le mostró aún más de su camino. Con una profunda carga de conciencia y pesadumbre, con espíritu contrito se rasgó sus ropas reales y mandó una comisión de cinco personas de confianza en una misión clave. Este fue su segundo mandamiento.

Hilquías, Ajicam, hijo de Safán, Acbor, hijo de Micaías, Safán y Asaías formaron la comisión para consultar a Jehová de parte del rey y todo su pueblo acerca del contenido del libro. Hilquías, el sacerdote que encontró el libro, encabezó la lista de los miembros de la comisión y probablemente también la misma. Ajicam, el padre de Gedalías y miembro del partido de los sacerdotes, intervino para salvar la vida de Jeremías, y fue un hombre muy influyente en la corte. Se identificó a Asaías como siervo del rey que puede significar un ministro de él con una responsabilidad especial. Ya que los antepasados de Josías no obedecieron las instrucciones del libro, Jehová tenía que estar furioso con ellos.

La comisión consultó con la profetisa Hulda, esposa de Salum y la única profetisa durante toda la historia de cuatro siglos y medio de la monarquía. Su esposo, como guarda de las vestiduras, pudo haber sido un empleado del palacio o del templo. Posiblemente el Segundo Barrio donde vivía se trataba de uno en el norte de la ciudad. Ella pronunció las palabras proféticas para el rey. Primero, Dios estaba tan enojado con el pueblo por su idolatría que acarreaba un desastre. Ni aun el arrepentimiento detendría la destrucción inescapable. Sin rodeos el mensaje profético eliminó cualquier escape potencial para la nación; ni aun la reforma bastaría para desviar la ira de Dios.

Segundo, debido a que Josías había escuchado y se había arrepentido, el desastre no vendría durante su vida. Se humilló como Acab y Ezequías. Por eso moriría tranquilo, porque lo anunciado no vendría antes de su fallecimiento. Normalmente morir en paz significaba una muerte natural en la vejez, pero definitivamente no sería por la espada. Sin embargo, en este caso el holocausto sobre Judá sería tan terrible que aun un entierro normal después de una muerte violenta debe ser considerado como tranquilo. Otros interpretan esto como significando que en el momento de la muerte de Josías Judá todavía estaba intacta como nación y que moriría sin experimentar las terribles tragedias venideras.

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