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Apocalipsis 22: El río de la vida

Entonces, ¿qué sentido tiene este curioso pasaje que parece decir que la gente se quede donde y como esté? Hay dos posibilidades.

(i) Llega un tiempo cuando ya es demasiado tarde para cambiar. En Daniel leemos: «Los impíos procederán impíamente» (Daniel 12:10). Y Ezequiel decía: «El que quiera oír, que oiga; y el que se niegue a oír, allá él» (Ezequiel 3:27). Una persona puede rechazar el camino de Cristo hasta tal punto que acabará por no poder seguirlo. Ese es el pecado contra el Espíritu Santo.

(ii) El antiguo comentador Andreas dice que el Cristo Resucitado está diciendo: «Que cada cual haga lo que le parezca; Yo no obligo a nadie.» En tal caso esta seria otra advertencia de que cada persona escribe su propio destino.

Las credenciales de Cristo

¡Atención, que vengo pronto! Y traigo Mi recompensa conmigo para darle a cada uno según sea su obra. Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último, el principio y el fin.

El Cristo Resucitado anuncia una vez más Su inminente vuelta; y presenta dos credenciales imponentes.

(i) Trae consigo Su recompensa para dar a cada persona conforme sea su obra. H. S. Swete dice: «Cristo habla como el gran Mayordomo que llama a todos los jornaleros a la caída de la tarde del mundo para que reciban su salario.»

(ii) Él es el Alfa y la Omega, el primero y el último, el principio y el fin. Esta es una repetición de los títulos usados en 1:17; 2:8; 21:6. Hay aquí más de una idea.

(a) Está la idea de completar. Los griegos usaban la expresión del alfa a la omega, y los judíos del álef a la tau, como nosotros de la a a la z, para indicar la serie completa. Aquí tenemos un símbolo de que Jesús tiene en Sí mismo absolutamente todo, y no necesita de nada de ninguna otra fuente.

(b) Está la idea de la eternidad. Él incluye en Sí mismo todo el tiempo, porque es el primero y el último. .(c) Está la idea de la autoridad. Los griegos decían que Zeus era el principio, el centro y el fin. Los rabinos judíos tomaban esta idea y Se la aplicaban a Dios, con su propia interpretación. Decían que, como Dios era el principio, no recibía Su poder de ningún otro; como era el centro, no compartía Su poder con nadie; y como era el fin, no le pasaba Su poder a nadie.

Los aceptados y los rechazados

Bienaventurados los que lavan sus ropas para tener derecho al árbol de la vida y para entrar por las puertas de la Ciudad. Fuera se quedan los perros y los hechiceros y los fornicarios y los asesinos y los idólatras y todos los que aman y practican la falsedad.

(i) Los que laven sus ropas tendrán derecho a entrar en la Ciudad de Dios. La versión Reina-Valera tenía, hasta la revisión del ‹09, en el versículo 14: Bienaventurados los que guardan Sus mandamientos. En griego, las dos frases pueden ser bastante parecidas. Los que han lavado sus ropas es en griego hoi plynontes tás stolás, y los que hacen Sus mandamientos es hoi poiuntes tas entolás. En los manuscritos más antiguos del Nuevo Testamento se escribías todas las palabras seguidas y en mayúsculas. Si ponemos estas dos frases en mayúsculas españolas vemos que son semejantes: HOIPLYNONTESTASSTOLAS HOIPOIUNTESTASENTOLAS

«Los que han lavado sus ropas» es la traducción del texto de los mejores manuscritos, pero es fácil comprender que se pudiera cometer una equivocación al copiar esta frase, sustituyéndola por otra más corriente.

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