Esta frase muestra la parte de cada persona en su salvación. Es Jesucristo Quien ha provisto en la Cruz esa gracia por la que solamente se puede obtener el perdón; pero cada persona tiene que apropiarse ese Sacrificio. Para poner un ejemplo sencillo: podemos ofrecer jabón y agua, pero no podemos obligar a nadie a que se lave. Los que entran en la Ciudad de Dios son los que han aceptado el Sacrificio de Jesucristo.
(ii) Sigue la lista de los que están excluidos de la Ciudad de Dios. Ya hemos considerado una lista muy parecida en 21:8 de los que fueron arrojados al lago de fuego. El nuevo término aquí es el de perros, que puede tener dos significados.
(a) El perro era el símbolo de todo lo salvaje y sucio. H. B. Swete dice: «Nadie que haya observado los perros que pululan por los barrios de las ciudades orientales se sorprenderá del desprecio y disgusto que su sola mención produce en la mente de los orientales.» Por eso llamaban perros los judíos a los gentiles. Hay un dicho rabínico: «Quienquiera que coma con un idólatra es como si comiera con un perro. ¿Quién es un perro? El que no está circuncidado.» Andreas sugiere que los perros son no solo los desvergonzados y los descreídos, sino también los cristianos que «vuelven al vómito» después del bautismo. Así es que el perro puede ser un símbolo de todo lo repugnante.
(b) Pero hay otra posibilidad. Hay una frase extraña en Deuteronomio 23:18. Este versículo dice: «No traerás la paga de una ramera ni el salario de un perro a la Casa del Señor tu Dios por ningún voto.» La primera parte es suficientemente clara: prohíbe ofrecer a Dios un dinero que se ha ganado en la prostitución. Pero el salario de un perro es más difícil (RV›95: el precio, v. nota). El detalle es que en algunos templos antiguos había no solamente prostitutas sagradas sino también varones prostitutos sagrados, y era a estos a los que se llamaba corrientemente perros. Perro puede designar a una persona totalmente inmoral, y es probable que ese sea su sentido aquí.
Todo el que ama o practica la falsedad está excluido. Aquí hay un eco del salmista: «No habitará dentro de Mi casa el que practica el fraude; el que dice mentiras no permanecerá en Mi presencia» (Salmo 101:7).
El garante de la verdad
-Yo, Jesús, os he enviado Mi ángel para testificar de estas cosas por causa de las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, y la Estrella resplandeciente de la mañana.
Jesús garantiza la verdad de todo lo que Juan ha visto y oído. La razón de esta garantía es la siguiente. El libro empieza prometiendo una revelación que ha de dar Jesucristo (1:1); esta es la confirmación que da Jesús de que la visión procedía de Él. A continuación pasa a exponer, como si dijéramos, Sus credenciales. « Yo soy la raíz y el linaje de David,» dice. Esa es una referencia a Isaías 11:1: «Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces.» Jesús está diciendo que en El se cumple esta profecía, que Él es al mismo tiempo la fuente eterna del ser del que procedía David, y su descendiente prometido.
« Yo soy la Estrella resplandeciente de la mañana,» dice Jesús. El comparar a un hombre con la estrella de la mañana era colocarle muy alto en la categoría de los héroes. Los rabinos, por ejemplo, dieron a Mardoqueo ese nombre. Y más que eso: esto recordaría la gran profecía mesiánica: «Saldrá estrella de Jacob» (Números 24:17).
Esto despertaría otros reinos de pensamiento. La estrella de la mañana es el heraldo del día que destierra las tinieblas de la noche; ante Cristo huye la noche del pecado y de la muerte.
