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Apocalipsis 22: El río de la vida

Sin duda esto despertaría todavía otro recuerdo. Jesús había dicho en los días de Su carne: «Yo soy la luz del mundo; el que Me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida» (Juan 8:12). Cuando el Cristo Resucitado dijo que era la Estrella de la mañana Se presentaba de nuevo como la luz del mundo y el disipador de las tinieblas del mundo.

La gran invitación

El Espíritu y la Esposa dicen: «¡Ven!» Que el que oiga diga: «¡Ven!» Que el que esté sediento venga, y que el que quiera tome del agua de la vida gratis.

Hay dos interpretaciones diferentes de este pasaje.

H. B. Swete toma las primeras dos partes como una llamada a Cristo para que cumpla Su promesa y vuelva rápidamente a este mundo; y toma la tercera parte como una invitación al alma sedienta para que venga a Cristo. Pero parece poco probable que haya tanta diferencia entre las primeras dos partes y la tercera. Es mucho más probable que todo el pasaje sea una gran invitación a todas las personas para que acudan a Cristo. Se descompone en tres secciones.

(i) Está la invitación del Espíritu y de la Esposa. La Esposa, como sabemos, es la Iglesia. Pero, ¿que hemos de entender por el Espíritu? Puede que sea el Espíritu Que habló por los profetas y Que está siempre llamando a las personas para que vuelvan a Dios. Lo más verosímil es que Juan llame el Espíritu a la voz del mismo Jesús. La terminación regular en las cartas a las siete iglesias es la invitación a prestar atención a los que el Espíritu está diciéndoles (2:7,11,17,29; 3:6,13,22). Ahora bien: el Interlocutor a las siete iglesias es el Cristo Resucitado; está claro que el Espíritu y Cristo están identificados. « El Espíritu y la Esposa dicen: «¡Ven!»» quiere decir probablemente que Cristo y Su Iglesia se unen en extender-a todo el mundo la invitación a aceptar todo lo que Él tiene para ofrecer.

(ii) « Que el que oiga diga: «¡Ven!»» simboliza la gran verdad de que todo cristiano tiene que ser un misionero. El que ha sido hallado por Cristo debe hallar a otros para Cristo.

(iii) La tercera sección es una invitación a todas las almas sedientas para que acudan a Jesucristo para satisfacer su necesidad. Debe recordarnos la gran invitación de Dios: « ¡Venid, todos los sedientos, venid a las aguas! Aunque no tengáis  dinero, ¡venid, comprad y comed! ¡Venid, comprad sin dinero y sin pagar, vino y leche!» (Isaías 55:1). Y también de la gran proclamación del mismo Jesús: « El que a Mí viene, nunca tendrá hambre; el que en Mí cree, no tendrá sed jamás» (Juan 6:35).

Solamente en Cristo puede el alma anhelante encontrar plena satisfacción. Oí la voz del Salvador – decir con tierno amor: «¡Ven, ven a Mí y descansarás – cargado pecador!» Tal como era, a mi Jesús, – cansado, yo acudí; y pronto alivio, gozo y paz, – por fe, de Él recibí. Oí la voz del Salvador – decir: «¡Venid, bebed. Yo soy la fuente de salud – que apaga toda sed!» Con sed de Dios, del vivo Dios – busqué a mi Emanuel; Le hallé y Él apagó mi sed – y ahora vivo en Él.

La advertencia

Hago esta advertencia a todos los que oigan las palabras de la profecía de este libro: Si alguien les añade algo, Dios le añadirá a él las plagas de las que trata este libro; y si alguno quita algo de las palabras del libro de esta profecía, Dios le quitará su parte en el árbol de la vida y en la Santa Ciudad que se describen en este libro.

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