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Deuteronomio 17: Sacrificios sin falta

La adoración de los astros celestiales, o sea, el sol, la luna y las estrellas era una práctica común entre las naciones del antiguo Oriente y se tornó en una práctica muy popular en Israel, especialmente durante el período del dominio asirio. Manasés, rey de Judá, “se postró ante todo el ejército de los cielos y les rindió culto» y “edificó altares a todo el ejército de los cielos en los átrios de la casa de Jehová». En su reforma religiosa, Josías, rey de Judá, quitó a los sacerdotes idólatras que quemaban incienso “a Baal, al sol, a la luna, a los signos del zodíaco y a todo el ejército de los cielos”. La eliminación de la adoración de los astros celestiales por Josías fue motivada por el descubrimiento del libro de Deuteronomio en el templo de Jehová.

Una vez que una persona era acusada de abandonar a Jehová, los jueces y la comunidad tenían que averiguar bien la acusación de apostasía. Si la corte, después de seguir un proceso judicial adecuado, llegaba a la conclusión de que una abominación había ocurrido en el seno de la comunidad, la persona culpada, hombre o mujer, era apedreada hasta la muerte. En el AT, la lapidación generalmente se imponía para delitos religiosos cuando la corte decretaba la sentencia de muerte. El apedreamiento se decretaba contra el crimen de adivinación, las blasfemias, la idolatría y los violadores del sábado. En casos especiales, la lapidación se imponía en el caso del hijo rebelde, y cuando una persona maldecía a Dios. El apedreamiento del apóstata se ejecutaba fuera de la ciudad, en la presencia del juez y del pueblo.

Para imponer la pena de muerte contra una persona, la acusación tenía que ser confirmada por dos o tres testigos. El propósito de esta regla era eliminar el problema del falso testimonio, en el caso que una persona tuviera una riña contra otra y la acusara de abominación. El AT condena a los falsos testigos porque en Israel, condenar a una persona a la muerte con falsa acusación era una ofensa muy grave. La regla también evitaba la posibilidad de condenar a la muerte a una persona inocente. Para garantizar la acusación de abominación, se requería el testimonio de más de una persona. Para evitar la conspiración de dos personas contra otra, los testigos tenían que echar las primeras piedras y así implementar la sentencia de muerte.

El AT habla frecuentemente de la inclinación del pueblo de Israel a seguir a otros dioses, pero raramente habla de la implementación de la pena de muerte para los casos de idolatría. Empezando con el ministerio del profeta Elías, la predicación de los profetas de Israel estaba repleta de acusaciones contra la idolatría. Los profetas proclamaron el juicio venidero, pero la amenaza profética era el castigo que Jehová traería sobre Israel y este castigo vendría en forma de guerra, sequía, hambre y exilio en tierras lejanas. Es probable que el ideal de la ley deuteronómica contra la apostasía nunca se tornó una realidad en la vida religiosa de Israel.

El tribunal supremo

La reforma judicial de Josafat, rey de Judá, introdujo el sistema de la corte suprema, presidida por los levitas. El sumo sacerdote Amarías presidía en todos los casos religiosos y Zebadías presidía sobre todos los casos del rey, o sea, en casos civiles. Su reforma judicial mejoró el sistema de justicia en Judá, porque él estableció jueces en todas las ciudades fortificadas de la nación y una corte de apelación en Jerusalén. La ley deuteronómica no indica quién apelaba el caso al tribunal supremo, si era el juez de la corte local o las personas envueltas en la disputa. Cuando Moisés estableció los jueces en Israel, aparentemente el juez llevaba el caso más difícil al tribunal supremo.

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