Ministerio basado en principios bíblicos para servir con espíritu de excelencia, integridad y compasión en nuestra comunidad, nuestra nación y nuestro mundo.

Logo

Deuteronomio 24: Leyes diversas

Deu 24:1 Cuando alguno tomare mujer y se casare con ella, si no le agradare por haber hallado en ella alguna cosa indecente, le escribirá carta de divorcio,(A) y se la entregará en su mano, y la despedirá de su casa.

Deu 24:2 Y salida de su casa, podrá ir y casarse con otro hombre.

Deu 24:3 Pero si la aborreciere este último, y le escribiere carta de divorcio, y se la entregare en su mano, y la despidiere de su casa; o si hubiere muerto el postrer hombre que la tomó por mujer,

Deu 24:4 no podrá su primer marido, que la despidió, volverla a tomar para que sea su mujer, después que fue envilecida; porque es abominación delante de Jehová, y no has de pervertir la tierra que Jehová tu Dios te da por heredad.

Este pasaje no dispone sanción divina alguna por el divorcio; por el contrario, simplemente reconoce que ésta era una práctica común entre los israelitas. Si la mujer recibía una carta de divorcio quedaban anulados todos los derechos del marido a la dote que ella había traído al matrimonio.

Cuando Jesús discutió sobre este pasaje con los fariseos, declaró que Moisés permitía el divorcio a causa de la dureza del corazón humano, por lo que Dios nunca favoreció el divorcio.

Algunos piensan que este versículo está a favor del divorcio, pero este no es el caso. Simplemente reconoce una práctica que ya existía en Israel. Se deben leer los cuatro versículos para entender el punto central del pasaje. La intención no es sugerir que el hombre se divorcie de su esposa por cualquier capricho o razón. El divorcio era un acto final y permanente para la pareja. Si un hombre al casarse con su mujer encontraba algo indecente en ella y la despedía, no podría nunca más volverse a casar con ella. Aun cuando hubiera muerto la persona con quien esta mujer había establecido una nueva relación. Esta restricción era para prevenir un nuevo matrimonio a la ligera después de un divorcio frívolo. La intención era hacer pensar a la gente dos veces antes de divorciarse.

Esta práctica del repudio de la esposa era muy general en el antiguo Oriente. El deuteronomista procura aquí regular esta costumbre para evitar abusos. El derecho de repudiar se concede sólo al marido, conforme a las exigencias rudas del ambiente, que postergaba siempre los derechos de la mujer. En el siglo V antes de Cristo según rezan los papiros de Elefantina se otorgaba este derecho también a la mujer. Las causas del repudio en el Deuteronomio están muy vagamente expresadas y se prestan a muchos abusos. En efecto, se dice que, si el esposo notare en la mujer algo torpe , puede repudiarla. La palabra hebrea erwath parece que alude a algún defecto corporal infamante. En tiempos de Cristo, la escuela rabínica de Sammai lo interpretaba en el sentido de infidelidad conyugal, mientras que Hillel lo tomaba en sentido amplio, de forma que bastara que la mujer disgustara por cualquier cosa (por ejemplo, por haber dejado quemarse la comida), para poder repudiarla. Así, a Cristo le preguntan si es lícito repudiar a la mujer por cualquier causa, esperando que se decidiera por una de las dos escuelas, la laxista de Hillel o la rigorista de Sammai. Sin embargo, en el conjunto de la legislación mosaica parece que esa cosa torpe no es el adulterio, pues éste era penado con la lapidación El contexto, pues, favorece la interpretación de que bastaba que no agradara ya la esposa al marido, para que la pudiera abandonar. Es una concesión a la dureza de corazón de los hebreos, según la expresión del Salvador.

Con todo, el legislador deuteronómico quiere evitar abusos, y así exige un libelo de repudio, o escrito que ha de ser entregado a la esposa como certificado de que se halla en libertad para unirse a otro como legítima esposa. Este documento, que la mayor parte de las veces requería la colaboración de un escriba o notario (porque eran muy pocos los que sabían leer), suponía, sin duda, que antes de redactarlo habría habido tiempo para calmar los ánimos y la reconciliación. Entre los nómadas de Transjordania, el marido debe pronunciar tres veces seguidas la fórmula talaqtuki (yo te he repudiado), y sólo tiene efecto después de tres días de espera. Es entonces cuando la repudiada tiene que volver a la casa paterna. Moisés impone una nueva cortapisa: el marido no puede volver a tomar la mujer repudiada, lo que le haría reflexionar más. En el código de Hammurabi se concede al marido derecho a repudiar a su esposa, si bien tiene que entregarle la dote (seriqtu).

Deu 24:5 Cuando alguno fuere recién casado, no saldrá a la guerra, ni en ninguna cosa se le ocupará; libre estará en su casa por un año, para alegrar a la mujer que tomó.

Los recién casados debían permanecer juntos el primer año. Esto era para evitar colocar excesiva carga sobre una nueva relación no asentada y darles una oportunidad de madurar y fortalecerse antes de enfrentar las numerosas responsabilidades. Un jardinero comienza colocando una semillita en un pequeño recipiente y espera a que eche raíces antes de plantarla en el campo. Permita que su matrimonio se fortalezca protegiéndolo de excesivas presiones y distracciones externas, especialmente al comienzo. Y no espere ni demande mucho de los recién casados para que no les falte el tiempo ni la energía para establecer su matrimonio.

El deuteronomista es profundamente humanitario, y así inserta a continuación una serie de prescripciones benévolas en beneficio de determinadas personas de la sociedad que merecen especial consideración. Entre éstas están los recién casados. Para que pueda contentar a su mujer, queda exento de ir a la guerra durante el primer año de su matrimonio. Se trata, sobre todo, de favorecer a la mujer, y por eso se le exime al marido de toda ocupación pública que pueda distraerle del hogar, cuyos cimientos ha empezado a poner en beneficio de la futura prole. Se deja libre al recién casado para que pueda disfrutar de la compañía de su nueva esposa.

Deu 24:6 No tomarás en prenda la muela del molino, ni la de abajo ni la de arriba; porque sería tomar en prenda la vida del hombre.

Todo israelita poseía una pequeña máquina de moler a fin de preparar cada día la harina para el pan. Se prohibía tomarla como garantía de un préstamo, debido a que el molino podía ser confiscado en caso de falta de pago y ello dejaría al deudor sin medios de vida.

El legislador considera de importancia vital para una familia la piedra de moler, con la que se preparaba el pan de cada día, y por eso prohíbe que el acreedor la tome en prenda, pues es atentar contra la vida de los deudores: es tomar la vida en prenda. Insiste en que se respete, sobre todo, la piedra de encima, porque era más portátil, y, por tanto, más fácil de llevar. La muela consistía en dos piedras, una mayor, inmóvil, y otra más pequeña y movible, que era accionada fatigosamente por la mujer.

Deu 24:7 Cuando fuere hallado alguno que hubiere hurtado a uno de sus hermanos los hijos de Israel, y le hubiere esclavizado, o le hubiere vendido, morirá el tal ladrón,(B) y quitarás el mal de en medio de ti.

Privar a uno de la libertad se considera como privarlo de la vida, y por eso se impone la pena capital al secuestrador de un compatriota7. En el código de Hammurabi se castiga con la muerte al que rapte a un menor de edad

Hurtado : Aquí se refiere al secuestro de un israelita por otro para maltratarlo o venderlo como esclavo.

Deu 24:8 En cuanto a la plaga de la lepra, ten cuidado de observar diligentemente y hacer según todo lo que os enseñaren los sacerdotes levitas; según yo les he mandado, así cuidaréis de hacer.(C)

Deu 24:9 Acuérdate de lo que hizo Jehová tu Dios a María(D) en el camino, después que salisteis de Egipto.

El deuteronomista llama la atención sobre la necesidad de guardar las leyes sobre la lepra, aludiendo, sin duda, a lo establecido. Y cita el caso de María, que, a pesar de ser hermana de Moisés, tuvo que estar aislada del campamento, conforme a las prescripciones propuestas

Deu 24:10 Cuando entregares a tu prójimo alguna cosa prestada, no entrarás en su casa para tomarle prenda.

Deu 24:11 Te quedarás fuera, y el hombre a quien prestaste te sacará la prenda.

Deu 24:12 Y si el hombre fuere pobre, no te acostarás reteniendo aún su prenda.

Deu 24:13 Sin falta le devolverás la prenda cuando el sol se ponga, para que pueda dormir en su ropa, y te bendiga; y te será justicia delante de Jehová tu Dios.(E)

Se prohíbe entrar en casa del deudor a tomar la prenda. Además de ser una indelicadeza es un allanamiento de morada. Por otra parte, así se permite al deudor escoger la prenda que le sea menos precisa en aquel momento. Se supone que la prenda es un manto, que le es necesario al deudor para cubrirse durante el frío de la noche, y por eso se manda devolvérselo al caer el sol. El profeta Amos fustiga a los ricos inconsiderados, que no hacen caso de esta prescripción humanitaria elemental.

Esta legislación estaba destinada a proteger a los pobres, quienes a veces tenían que pedir prestado.

Deu 24:14 No oprimirás al jornalero pobre y menesteroso, ya sea de tus hermanos o de los extranjeros que habitan en tu tierra dentro de tus ciudades.

Deu 24:15 En su día le darás su jornal, y no se pondrá el sol sin dárselo; pues es pobre, y con él sustenta su vida; para que no clame contra ti a Jehová, y sea en ti pecado.(F)

El legislador quiere que el mercenario o jornalero que haya contratado su trabajo sea bien tratado y se le pague lo justo cada día, pues del salario depende su elemental subsistencia. El extranjero, o ger, es equiparado en esto al hermano, o compatriota israelita. El ger era un extranjero que había sido asimilado al pueblo hebreo, en contraposición al nokrí, que estaba de paso, y no había entrado a formar parte de la comunidad israelita en ninguna forma. El salario, probablemente, se pagaba en especie, y de ahí la orden de darlo cada día, pues era totalmente necesario.

Deu 24:16 Los padres no morirán por los hijos, ni los hijos por los padres; cada uno morirá por su pecado.(G)

Pecado : Se refiere aquí al castigo por crímenes que merecían la pena capital. No debe confundirse con las consecuencias espirituales del pecado.

En la antigua organización patriarcal y tribal, la ley de la solidaridad tenía una importancia excepcional, fundada en las leyes de la consaguinidad y en las exigencias de una sociedad imperfectamente organizada. El individuo era más bien considerado como parte de un todo, miembro de una colectividad; por eso los pecados de uno redundaban en perjuicio de los otros, y viceversa, las buenas acciones de unos eran imputadas a los miembros de la comunidad. Sobre todo, los hijos se consideran como algo del padre, de forma que tienen que cargar con sus responsabilidades. Así se dice que Dios castiga los padres en los hijos hasta la tercera o cuarta generación y hace misericordia hasta la milésima. El deuteronomista aquí perfila mejor la responsabilidad, y, conforme a la predicación de los profetas, proclama que cada uno responderá de su pecado y que los hijos no serán castigados por los pecados de los padres, y viceversa. Los contemporáneos de Jeremías y de Ezequiel se quejan de que los padres comieron las agraces y ellos sufren la dentera. En el futuro no será así, sino que cada uno responderá de sus buenas o malas acciones. Es un gran progreso, pues se destacan los problemas individuales, con sus responsabilidades propias, y, en efecto, en la literatura sapiencial el interés del individuo prevalece sobre el de la colectividad, y así empieza a preocupar, sobre todo, el destino del hombre en ultratumba y la retribución en el más allá. Sin embargo, ya el rey Amasias procuró adaptarse a la ley de justicia formulada aquí, en el Deuteronomio, al no ensañarse con los hijos de los asesinos de su padre15. La catástrofe del 587 hizo que entraran en colapso muchos sueños colectivos, y los israelitas se replegaron más sobre sí mismos, sobre sus problemas individuales. Con todo, el deutero-nomista destaca ya antes del exilio la responsabilidad personal.

Deu 24:17 No torcerás el derecho del extranjero ni del huérfano, ni tomarás en prenda la ropa de la viuda,

Deu 24:18 sino que te acordarás que fuiste siervo en Egipto, y que de allí te rescató Jehová tu Dios; por tanto, yo te mando que hagas esto.(H)

El deuteronomista tiene especial preocupación por los desheredados e indefensos en la sociedad, como son el extranjero, el huérfano y la viuda17. Para mover a los israelitas a ser benevolentes con ellos, les recuerda que también los israelitas se hallaron en la misma situación de inferioridad en Egipto.

Deu 24:19 Cuando siegues tu mies en tu campo, y olvides alguna gavilla en el campo, no volverás para recogerla; será para el extranjero, para el huérfano y para la viuda; para que te bendiga Jehová tu Dios en toda obra de tus manos.

Deu 24:20 Cuando sacudas tus olivos, no recorrerás las ramas que hayas dejado tras de ti; serán para el extranjero, para el huérfano y para la viuda.

Deu 24:21 Cuando vendimies tu viña, no rebuscarás tras de ti; será para el extranjero, para el huérfano y para la viuda.(I)

El pueblo de Dios recibió instrucciones de dejar parte de su cosecha en los campos de modo que los extranjeros y los pobres pudiesen recogerla. Esta segunda recogida era denominada espigar, y constituía una manera de proveerse de comida. Años más tarde, Rut obtuvo comida para sí y para Noemí al espigar tras los segadores en el campo de Booz, juntando las sobras. Como esta ley aún era obedecida años después de haber sido escrita, Rut, una mujer en la línea genealógica de Cristo, pudo encontrar comida.

Deu 24:22 Y acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto; por tanto, yo te mando que hagas esto.

A lo largo del Antiguo Testamento Dios dice a su pueblo que trataran a los pobres con justicia. Con frecuencia a los indefensos y a los que han sido golpeados por la pobreza se les mira con desdén como si fueran incompetentes u holgazanes cuando, en realidad, puede que sean víctimas de la opresión y de las circunstancias. Dios dice que debemos hacer todo lo que esté de nuestra parte para ayudar a los necesitados. Su justicia no permitió que los israelitas insistieran en sacar provecho o apurar a los menos afortunados para que les pagaran. En su lugar, la ley de Dios daba al pobre todas las oportunidades para mejorar su situación, mientras que proveía opciones humanas para aquellos que no podían hacerlo. Ninguno de nosotros está completamente aislado del pobre. Dios quiere que los tratemos con justicia y que hagamos nuestra parte a fin de ver sus necesidades satisfechas.

Esta provisión para alimentar a los menos privilegiados se ejemplifica de forma muy bella en el libro de Rut.

Gran delicadeza de espíritu muestran estos preceptos, que miran por los pobres, proporcionándoles cómo hacer con fruto el espigueo del campo y el rebusco de la viña y del olivar. En Lev 19:9 se ordena dejar los lindes del campo en beneficio de los necesitados

Divorcio y matrimonio

La disolución del matrimonio por medio del divorcio era una práctica que existía en Israel y en otras naciones del antiguo Oriente. La legislación deuteronómica procura regular la disolución legal del matrimonio y el matrimonio de la mujer divorciada.

Un hombre que tomaba a una mujer para ser su esposa y consumaba el matrimonio por medio de la relación sexual tenía el derecho de divorciarse de ella si hallaba en ella alguna cosa vergonzosa. La tradición judía estaba dividida en la interpretación de esta expresión (en heb. erwath dabar H1697). La escuela rabínica conocida por el nombre de su líder, Shamai, interpretaba que era infidelidad conyugal. La escuela rabínica de Hillel lo interpretaba de una manera más amplia. Para Hillel y sus discípulos, cualquier cosa que desagradaba al esposo era motivo suficiente para que un hombre repudiara a su esposa.

Sin embargo, el significado de erwath dabar no es muy claro. La palabra se refiere a la violación de la pureza y santidad del campo. La expresión es un eufemismo para el órgano sexual. La cosa vergonzosa que el esposo encontraba en su esposa no era el adulterio, porque la penalidad para ello era la muerte. No era la infidelidad sexual antes del matrimonio, porque la penalidad para este crimen también era la muerte. Es posible, por lo tanto, que erwath dabar designaba un problema o una actitud que el esposo encontraba en su esposa que requería de su parte la disolución de su matrimonio por medio del divorcio.

El divorcio era consumado cuando el hombre daba a su esposa una carta de divorcio. La carta de divorcio era un documento escrito que simbolizaba el repudio público de la esposa y la disolución del matrimonio. El esposo tenía que entregar personalmente la carta de divorcio a su esposa. Esta acción era un acto legal que validaba la disolución del matrimonio y daba a la mujer la libertad de casarse con otro hombre. El esposo también tenía que despedir a la mujer de su casa. Este acto era necesario para validar el divorcio y afirmar la disolución legal de su relación con la mujer que había sido su esposa.

Después de la disolución legal del matrimonio y de la ceremonia de despedida, la mujer divorciada podía casarse con otro hombre. Pero, si su segundo marido se divorciaba de ella o si su segundo marido moría, el primer esposo no podía tomar la mujer que había sido su esposa y casarse con ella por segunda vez. La razón para la prohibición del segundo matrimonio era que la mujer había sido mancillada. La palabra heb. traducida mancillada aparece en para describir la contaminación del hombre que comete adulterio. Así que el uso de esta palabra para describir el matrimonio de una mujer dos veces divorciada con su primer esposo, sugiere que el segundo matrimonio con una mujer repudiada era moralmente imposible.

La unión de la mujer con su segundo esposo no era considerada adulterio. Pero el segundo matrimonio de una mujer divorciada con su primer marido, después de haberse entregado a su segundo esposo, era considerado una abominación delante de Jehová. Es posible, por lo tanto, que el propósito de esta ley era para regular el problema del divorcio sin causa. La asociación del segundo matrimonio con la impureza causada por el adulterio es importante. La mujer que vivía con un hombre, después con otro, y que después regresaba a su primer marido, cometía un acto que no agradaba a Dios, y su acción traía pecado sobre la tierra y contaminaba la relación del pueblo con Dios. Según el profeta Malaquías Dios “aborrece el divorcio”. Jesús usó este pasaje para limitar divorcios solamente para casos de adulterio.

Una legislación permisiva

Jesús citó el pasaje cuando comentó acerca del matrimonio y el divorcio. Puso énfasis sobre el hecho de que en el principio «no era así», indicando que el divorcio fue una legislación necesaria porque los seres humanos no cumplen el ideal de un matrimonio, que dura toda la vida, entre un hombre y una mujer. Desgraciadamente, hasta hoy el divorcio representa el fracaso de la pareja en adaptarse en las relaciones interpersonales de tal manera que puedan vivir sus vidas en armonía y felicidad.

Moisés dio las bases para el divorcio debido a las condiciones prevalecientes en su día. Tomó en cuenta las condiciones sociales y la actitud general hacia las mujeres en aquel entonces. Por consiguiente, las leyes tenían como propósito proteger a las mujeres de un tratamiento cruel de parte del esposo. Hoy en día tenemos que adaptar los principios que Moisés dio y aplicarlos a las circunstancias que existen en cada país o región del mundo. Esto no es para hacer más fácil el proceso del divorcio; más bien es para reconocer las imperfecciones de la naturaleza humana y subrayar el hecho que Dios nos perdona todo pecado, aun el divorcio, y quiere que tomemos los pasos que pueden reconciliarnos con Dios y los seres humanos.

Diversas leyes

El ejército y el matrimonio. La ley del hombre recién casado y su responsabilidad de servir en el ejército presupone la ley de guerra. El hombre recién casado debía ser exento de servicio militar u otra obligación pública por una año. Durante este período, el recién casado podía gozar de su matrimonio con su esposa y dar su atención a la responsabilidad de su hogar. Un año era suficiente para que su esposa concibiera un hijo y así mantener viva la memoria de su nombre en Israel en caso que el esposo fuera muerto en la guerra. Un hombre que moría sin hijos no tenía heredero para preservar su nombre en Israel ni para heredar su propiedad en la tierra prometida.

La piedra de molino

La piedra de molino era de suprema importancia para la familia que vivía del fruto de la agricultura, porque la piedra era usada todos los días para preparar pan para la familia. La piedra de molino tomada como una prenda no tenía ningún valor monetario para un acreedor, sino que servía para colocar presión en el deudor para que pagara su deuda más rápidamente.

La palabra piedra en heb. sugiere dos piedras. El molino hebreo consistía de dos piedras: la piedra inferior donde se colocaba el grano para la harina y la piedra superior, que trituraba el grano en la piedra inferior. La piedra de molino se usaba todos los días en el hogar israelita para moler la semilla y hacer comida para la familia. Tomar una de las dos piedras como prenda para una deuda era equivalente a quitar del hombre y su familia el pan diario.

Ley contra el rapto

El rapto de personas, principalmente para venderlas como esclavas, era una práctica muy común en el antiguo Oriente, y posiblemente en Israel. La ley prohibiendo el secuestro de una persona aparece también. El rapto de una persona para venderla como esclava era considerado un acto que quitaba la libertad de una persona y por lo tanto, era una violación de las leyes del pacto que regulaban la vida de cada israelita con Dios y con su prójimo. Por esta razón, la persona que robaba a otra persona para venderla como esclava era culpada de delito capital y tenía que pagar por su crimen con su propia vida.

La lepra del alma

Con los avances científicos en el campo de la medicina y el tratamiento más moderno de la lepra, no es tan común en nuestro día como era en tiempos bíblicos. Había una tendencia de ver la lepra como castigo de Dios, como en el caso de María, hermana de Moisés.

Hoy en día la lepra espiritual es una enfermedad que consume muchas vidas. Hay personas pasan sus vidas saboreando el pecado en sus múltiples formas, y después descubren que han contraído una enfermedad que consume no solamente el cuerpo sino también el alma. La única solución para esta enfermedad es el arrepentimiento y la entrega de uno a Cristo, confiando en él como Salvador.

Ley sobre la lepra

La enseñanza sobre la lepra enfatiza la necesidad de observar lo que la ley enseñaba sobre el tratamiento de la lepra, así como Moisés había enseñado. La palabra heb. que se traduce lepra se refiere a diversas infecciones de la piel, no específicamente a la enfermedad que hoy se conoce por lepra.

El tratamiento de la lepra fue dado a los levitas. La ley levítica presenta detalles específicos sobre cómo diagnosticar las diversas enfermedades de la piel, cómo tratar a las personas infectadas y cómo celebrar la ceremonia de purificación. La presente legislación exhorta al pueblo a observar los detalles de la ley de purificación así como fueron dados a los sacerdotes. El caso de María se menciona para motivar al pueblo a obedecer la ley de purificación. María era la hermana de Moisés. Fue castigada porque se opuso a Moisés como líder del pueblo. Por causa de su lepra fue excluida del campamento por siete días. Moisés intercedió por ella en la presencia de Jehová y fue purificada de su enfermedad.

La recuperación de préstamos

El propósito de esta ley era preservar el honor de una persona que no podía pagar su deuda. La persona que pedía prestado tenía que dar una prenda como garantía de su deuda. El texto presupone que la prenda usada como garantía era un manto, que el pobre usaba como cobija para cubrirse durante la noche para protejerse del frío. La ley deuteronómica no permitía que el acreedor entrara en la casa del deudor para quitarle la prenda. El acreedor tenía que honrar la santidad del hogar de la persona pobre y esperar que él presentara la prenda. El acreedor no tenía el derecho de forzar su entrada en casa ajena y quitar la propiedad de otra persona para garantizar un préstamo hecho. Si la prenda fuera el manto, el manto tenía que ser regresado al final del día. El acto del acreedor era contado por justicia, o sea, era un acto que estaba conforme con las demandas del pacto.

Obligación para con los trabajadores. El jornalero era una persona pobre y necesitada que trabajaba para las personas más prósperas y recibía su pago al final del día, después de haber terminado su labor. Un jornalero podía ser un israelita, el “hermano”, o un forastero, el ger, la persona extranjera que se había incorporado a la sociedad israelita. La palabra pobre (heb. ani )significa alguien desprovisto de bienes materiales.

Esta ley refleja una vez más el espíritu humanitario del deuteronomista. El legislador exhorta a los patrones a tratar bien a sus trabajadores y pagarles su sueldo al final del día, ya que los jornaleros vivían día a día y tenían que proveer para las necesidades de sus familias con su pago diario. La violación de este principio humanitario se consideraba una explotación del jornalero. La palabra explotes significa opresión económica, generalmente por robo o fraude y representa la violación de los derechos de una persona pobre y necesitada.

Si el jornalero era oprimido y explotado por las personas más prósperas y clamaba a Dios en contra del patrón deshonesto, Jehová respondía y declaraba al opresor culpado de pecado. Así que, la ley deuteronómica procura mantener la dignidad de cada israelita, principalmente de los israelitas pobres y necesitados. Explotar a una persona pobre, considerándola como una víctima fácil de manipulaciones opresivas era una violación de su dignidad y una ofensa seria contra Dios.

Responsabilidad personal. En Israel, el sentido comunitario y de solidaridad era la base de la sociedad israelita. El individuo era considerado parte del todo, y la acción de uno afectaba a todos los miembros de la comunidad, y la acción de la comunidad afectaba al individuo. Aun cuando este sentido comunitario no eliminaba la responsabilidad individual, muchas veces los hijos participaban en la culpa de los padres. En el Decálogo, la ley declara que Dios castiga la maldad de los padres sobre la tercera y cuarta generación de sus hijos. Pero el deuteronomista, en su deseo de reorganizar la administración de justicia en Israel, redefine el concepto de culpa comunitaria. El declara que cada persona era culpada por su propio pecado. Los pecados del padre no podían ser imputados a sus hijos ni los pecados de los hijos a sus padres. Esta ley fue usada por Amasías, rey de Judá, durante el castigo contra aquellos que habían matado a su padre. Los israelitas en los días de Jeremías y Ezequiel usaron esta idea de castigo comunitario para explicar el problema del exilio. Pero los profetas, probablemente exponiendo la enseñanza de Deuteronomio, declararon que cada persona era responsable por sus propios actos.

La protección de las personas necesitadas

La preocupación humanitaria del deuteronomista se manifiesta una vez más en esta ley designada para proteger el derecho legal y económico de las personas necesitadas que vivían en las ciudades y pueblos de Israel. El forastero (heb. ger) era una persona no israelita que había decidido vivir en Israel. Junto con el huérfano y la viuda, ellos formaban un grupo de personas que necesitaban el amparo y la ayuda de la comunidad. Aun cuando eran pobres y necesitados, tenían el mismo derecho de protección en la corte de justicia como cualquier otro israelita. El huérfano necesitaba la ayuda de la comunidad porque ellos no tenían la protección de la familia. Las viudas necesitaban ayuda porque no tenían ni apoyo ni protección de un esposo. Por esta razón, ninguna persona que prestaba a una viuda podía tomar su manto como prenda para garantizar la deuda. La ley deuteronómica enfatiza que las personas pobres y necesitadas que vivían en Israel tenían que ser tratadas con respeto y justicia. La memoria de la opresión que Israel había sufrido en Egipto debía despertar en cada israelita el deseo de respetar la dignidad de las personas necesitadas.

Ayuda social para los pobres

La mayoría de las personas pobres en Israel no tenía propiedad. La mayoría de ellos dependía de la ayuda de otros para vivir. La legislación deuteronómica establece una manera práctica de ayudar a los pobres. La ley exhortaba a las personas propietarias a no cosechar sus campos completamente durante la cosecha, sino que debían dejar algo para las personas pobres. Durante la siega de la mies, la cosecha del olivo y la vendimia, los dueños de propiedad debían permitir que el forastero, el huérfano y la viuda cosecharan lo que había sido dejado sin cosechar. De esta manera podían trabajar por su comida. Este acto servía para mantener la dignidad de las personas pobres y eliminar la posibilidad que fueran condenadas a una vida de mendicidad. Al mismo tiempo, el dueño de la finca podía expresar su gratitud a Dios por su redención de una vida de esclavitud y por la abundante bendición que él había recibido de las manos de Jehová.

La historia de Rut y Boaz refleja el intento de esta ley. Rut era una mujer forastera y viuda que se había establecido en Israel con Noemí, su suegra, también una viuda. Motivado por su deseo de tratar a Rut con respeto y dignidad, Boaz permitió que ella cosechara en sus campos. El intento humanitario del deuteronomista era evitar que el pobre fuera condenado a una vida de humillación y forzado a mendigar el pan. Así como Jehová había liberado a Israel de una vida humillante en Egipto, la acción magnánima de los israelita más prósperos podía liberar a las personas más pobres de una esclavitud económica y social.

Deja el primer comentario

Otras Publicaciones que te pueden interesar