Después de la disolución legal del matrimonio y de la ceremonia de despedida, la mujer divorciada podía casarse con otro hombre. Pero, si su segundo marido se divorciaba de ella o si su segundo marido moría, el primer esposo no podía tomar la mujer que había sido su esposa y casarse con ella por segunda vez. La razón para la prohibición del segundo matrimonio era que la mujer había sido mancillada. La palabra heb. traducida mancillada aparece en para describir la contaminación del hombre que comete adulterio. Así que el uso de esta palabra para describir el matrimonio de una mujer dos veces divorciada con su primer esposo, sugiere que el segundo matrimonio con una mujer repudiada era moralmente imposible.
La unión de la mujer con su segundo esposo no era considerada adulterio. Pero el segundo matrimonio de una mujer divorciada con su primer marido, después de haberse entregado a su segundo esposo, era considerado una abominación delante de Jehová. Es posible, por lo tanto, que el propósito de esta ley era para regular el problema del divorcio sin causa. La asociación del segundo matrimonio con la impureza causada por el adulterio es importante. La mujer que vivía con un hombre, después con otro, y que después regresaba a su primer marido, cometía un acto que no agradaba a Dios, y su acción traía pecado sobre la tierra y contaminaba la relación del pueblo con Dios. Según el profeta Malaquías Dios “aborrece el divorcio”. Jesús usó este pasaje para limitar divorcios solamente para casos de adulterio.
Una legislación permisiva
Jesús citó el pasaje cuando comentó acerca del matrimonio y el divorcio. Puso énfasis sobre el hecho de que en el principio «no era así», indicando que el divorcio fue una legislación necesaria porque los seres humanos no cumplen el ideal de un matrimonio, que dura toda la vida, entre un hombre y una mujer. Desgraciadamente, hasta hoy el divorcio representa el fracaso de la pareja en adaptarse en las relaciones interpersonales de tal manera que puedan vivir sus vidas en armonía y felicidad.
Moisés dio las bases para el divorcio debido a las condiciones prevalecientes en su día. Tomó en cuenta las condiciones sociales y la actitud general hacia las mujeres en aquel entonces. Por consiguiente, las leyes tenían como propósito proteger a las mujeres de un tratamiento cruel de parte del esposo. Hoy en día tenemos que adaptar los principios que Moisés dio y aplicarlos a las circunstancias que existen en cada país o región del mundo. Esto no es para hacer más fácil el proceso del divorcio; más bien es para reconocer las imperfecciones de la naturaleza humana y subrayar el hecho que Dios nos perdona todo pecado, aun el divorcio, y quiere que tomemos los pasos que pueden reconciliarnos con Dios y los seres humanos.
Diversas leyes
El ejército y el matrimonio. La ley del hombre recién casado y su responsabilidad de servir en el ejército presupone la ley de guerra. El hombre recién casado debía ser exento de servicio militar u otra obligación pública por una año. Durante este período, el recién casado podía gozar de su matrimonio con su esposa y dar su atención a la responsabilidad de su hogar. Un año era suficiente para que su esposa concibiera un hijo y así mantener viva la memoria de su nombre en Israel en caso que el esposo fuera muerto en la guerra. Un hombre que moría sin hijos no tenía heredero para preservar su nombre en Israel ni para heredar su propiedad en la tierra prometida.
