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Deuteronomio 27: Orden de escribir la ley en piedras sobre el Monte Ebal

Deu 27:1 Ordenó Moisés, con los ancianos de Israel, al pueblo, diciendo: Guardaréis todos los mandamientos que yo os prescribo hoy.

Deu 27:2 Y el día que pases el Jordán a la tierra que Jehová tu Dios te da, levantarás piedras grandes, y las revocarás con cal;

Deu 27:3 y escribirás en ellas todas las palabras de esta ley, cuando hayas pasado para entrar en la tierra que Jehová tu Dios te da, tierra que fluye leche y miel, como Jehová el Dios de tus padres te ha dicho.

Deu 27:4 Cuando, pues, hayas pasado el Jordán, levantarás estas piedras que yo os mando hoy, en el monte Ebal, y las revocarás con cal;

El monte Ebal era una localidad insignificante, situada a 48 km al norte de Jerusalén. Fue allí donde Abraham construyó un altar y escuchó de la promesa que en tiempos de los patriarcas hizo Dios sobre lo que más tarde sería la tierra prometida.

Deu 27:5 y edificarás allí un altar a Jehová tu Dios, altar de piedras; no alzarás sobre ellas instrumento de hierro.

Deu 27:6 De piedras enteras edificarás el altar de Jehová tu Dios,(A) y ofrecerás sobre él holocausto a Jehová tu Dios;

El Señor había especificado que se edificara un altar de piedras sin cortar (piedras del campo) de modo que el pueblo no empezara a adorar los altares como si fueran ídolos. El uso del cincel para cortar una piedra del altar equivaldría a profanarlo. Además, como en esa época los israelitas todavía no estaban capacitados para trabajar con hierro, la utilización de herramientas de hierro podría indicar que hacían uso de la cooperación y la pericia de otras naciones.

Deu 27:7 y sacrificarás ofrendas de paz, y comerás allí, y te alegrarás delante de Jehová tu Dios.

Deu 27:8 Y escribirás muy claramente en las piedras todas las palabras de esta ley.(B)

Deu 27:9 Y Moisés, con los sacerdotes levitas, habló a todo Israel, diciendo: Guarda silencio y escucha, oh Israel; hoy has venido a ser pueblo de Jehová tu Dios.

Hoy has venido a ser el pueblo de Jehová tu Dios : Esta ceremonia serviría de recordatorio a Israel de su privilegio especial como pueblo escogido por Dios.

Deu 27:10 Oirás, pues, la voz de Jehová tu Dios, y cumplirás sus mandamientos y sus estatutos, que yo te ordeno hoy.

El mensaje conjunto de Moisés , con los ancianos , era algo poco común, ya que aquél acostumbraba a dirigirse al pueblo independientemente. Sin embargo, como Moisés no cruzaría el Jordán , sus palabras parecen destinadas a poner de relieve las futuras responsabilidades de los ancianos como líderes del pueblo. La responsabilidad específica de que aquí se habla consiste en la renovación del pacto sobre el monte Ebal, en la tierra prometida.

Moisés estaba revisando la ley con la nueva generación del pueblo. Cuando decidimos creer en Dios, debemos también decidir seguir sus caminos. Lo que hacemos muestra lo que realmente creemos. Examínese a sí mismo y pregúntese si la gente puede discernir que usted es un miembro de la familia de Dios.

Se da la orden de que, cuando entren en la tierra prometida, los israelitas deben renovar espectacularmente la alianza sobre el Ebal y el Garizim (junto a Siquem), pronunciando bendiciones en el último monte y maldiciones sobre el primero. Aquí se determina más el cumplimiento de la orden. Se dice que esta orden fue puntualmente cumplida por el sucesor de Moisés. Al entrar en la tierra prometida, los israelitas debían hacer una renovación solemne de la alianza. El legislador deuteronómico quiere imprimir en el corazón del pueblo la ley de Yahvé, a cuya observancia le obliga la alianza contraída en el Sinaí y el beneficio de la nueva patria tantas veces anhelada. Al entrar, pues, en ella, las tribus deben hacer un acto solemne de reconocimiento de los derechos del Yahvé. Los montes Garizim y Ebal se hallan en el corazón o centro de Canaán, la tierra prometida, y la ceremonia tiene el sentido simbólico de toma de posesión de la tierra que en adelante había de ser propiedad del pueblo de Dios. El primer acto del pueblo después de pasar el Jordán será erigir unas piedras toscas, revocadas de cal, en las que se habían de grabar los preceptos de la Ley. La expresión palabras de esta Ley es comúnmente interpretada en sentido de alusión a los preceptos del Deuteronomio; pero como el acto es puramente simbólico y no se trata de conservar en las piedras el contenido de la legislación, es más verosímil suponer que la orden se refiere sólo a grabar los preceptos fundamentales deuteronómicos. El lugar es el monte Ebal. Después, para consagrar esta renovación de la alianza, se ordena erigir un altar de piedras sin desbastar (a las que no haya tocado el hierro), conforme a lo prescrito. Sin duda que esta exigencia obedece a razones atávicas arcaicas que no es fácil concretar. Como para el rito de la circuncisión se exigía un cuchillo de sílex, conforme a la tradición de la edad de la piedra, así el altar de Yahvé debía estar formado de piedras toscas intactas. A las razones de arcaísmo se unirían otras de índole religiosa, conforme a la mentalidad de la época; es decir, evitar la profanación de las piedras esculpiéndolas o tallándolas. Quizá en esta prescripción esté latente la preocupación de evitar figuras talladas, prohibidas por la Ley. Desde el momento en que se permitiera pulimentar y tallar las piedras, era fácil que el artista esculpiera imágenes y representaciones alusivas al culto. Sobre el supuesto sitio del Ebal se han encontrado restos de un pequeño monumento compuesto de un semicírculo en torno a una mesa de piedras sin tallar.

La idea es la misma; es decir, la necesidad de cumplir fielmente los mandatos de Dios, puesto que Israel se ha convertido en el pueblo santo elegido de Yahvé.

Las maldiciones en el monte Ebal

Deu 27:11 Y mandó Moisés al pueblo en aquel día, diciendo:

Deu 27:12 Cuando hayas pasado el Jordán, éstos estarán sobre el monte Gerizim(C) para bendecir al pueblo: Simeón, Leví, Judá, Isacar, José y Benjamín.

Deu 27:13 Y éstos estarán sobre el monte Ebal para pronunciar la maldición: Rubén, Gad, Aser, Zabulón, Dan y Neftalí.

Deu 27:14 Y hablarán los levitas, y dirán a todo varón de Israel en alta voz:

Los levitas son aquí los que tienen la obligación específica de atender el arca. No es toda la tribu de Leví, sino aquellos que en el monte Gerizím ocuparon su lugar para recibir la bendición.

Deu 27:15 Maldito el hombre que hiciere escultura o imagen de fundición,(D) abominación a Jehová, obra de mano de artífice, y la pusiere en oculto. Y todo el pueblo responderá y dirá: Amén.

Deu 27:16 Maldito el que deshonrare a su padre o a su madre.(E) Y dirá todo el pueblo: Amén.

Deu 27:17 Maldito el que redujere el límite de su prójimo.(F) Y dirá todo el pueblo: Amén.

Deu 27:18 Maldito el que hiciere errar al ciego en el camino.(G) Y dirá todo el pueblo: Amén.

exclusiva posesión, segullah Strong: Posesión, propiedad personal, tesoro especial. Este sustantivo aparece 80 veces en el Antiguo Testamento: Cinco de ellas se refieren a Israel como el tesoro especial de Dios y dos hablan de las preciadas posesiones de monarcas o «tesoros reales». Una importante referencia la encontramos en, donde se habla de la gente que Dios considerará como su «especial tesoro». Los tesoros humanos son objetos materiales, pero a través de toda la Escritura el tesoro de Dios son los seres humanos.

Deu 27:19 Maldito el que pervirtiere el derecho del extranjero, del huérfano y de la viuda.(H) Y dirá todo el pueblo: Amén.

Deu 27:20 Maldito el que se acostare con la mujer de su padre,(I) por cuanto descubrió el regazo de su padre. Y dirá todo el pueblo: Amén.

Deu 27:21 Maldito el que se ayuntare con cualquier bestia.(J) Y dirá todo el pueblo: Amén.

Deu 27:22 Maldito el que se acostare con su hermana,(K) hija de su padre, o hija de su madre. Y dirá todo el pueblo: Amén.

Deu 27:23 Maldito el que se acostare con su suegra.(L) Y dirá todo el pueblo: Amén.

Deu 27:24 Maldito el que hiriere a su prójimo ocultamente. Y dirá todo el pueblo: Amén.

Deu 27:25 Maldito el que recibiere soborno para quitar la vida al inocente. Y dirá todo el pueblo: Amén.

Deu 27:26 Maldito el que no confirmare las palabras de esta ley para hacerlas.(M) Y dirá todo el pueblo: Amén.

Este segundo ceremonial reforzaría las dos alternativas a que se enfrentaba Israel en su nueva residencia

Pablo cita este como parte de su argumento de que Cristo retiró la maldición de la Ley y, por lo tanto, no debemos confiar en nuestra justicia u obras para alcanzar la salvación, sino en la gracia de Dios.

Estas maldiciones eran una serie de juramentos, dichos por los sacerdotes y afirmados por el pueblo, por lo que este prometía mantenerse alejado de las malas acciones. Al decir Amén, «Así sea», el pueblo se responsabilizó de sus actos. Algunas veces cuando miramos una lista de maldiciones como esta, pensamos que Dios tiene mal carácter y que está listo para aplastar a cualquiera que se salga de la línea. Pero debemos ver estas restricciones no como amenazas, sino como advertencias amorosas acerca de los hechos mismos de la vida. De la misma manera que advertimos a los niños que se alejen de las estufas calientes y de las calles de mucho tránsito, Dios quiere que nos alejemos de los actos peligrosos. La ley natural de su universo nos dice claramente que cuando hacemos algo malo en contra del hombre o de Dios surgen consecuencias trágicas. Dios es lo suficientemente misericordioso con el hombre para decirle esta verdad llanamente. Motivadas por el amor y no por la ira, sus palabras severas nos ayudan a evitar las consecuencias graves que resultan de rechazar a Dios o de hacer mal a otros. Pero Dios no nos deja solamente con maldiciones y consecuencias. Inmediatamente después de estas maldiciones, descubrimos las grandes bendiciones (consecuencias positivas) que surgen cuando vivimos para Dios. Esto nos proporciona un incentivo adicional para obedecer las leyes de Dios. Ya que todas estas bendiciones no vendrán en nuestra vida terrenal, los que obedezcan a Dios experimentarán la plenitud de su bendición cuando establezca los nuevos cielos y la nueva tierra.

Una vez erigido el altar, el pueblo, distribuido en tribus, se coloca, la mitad, en la falda del Garizim, y la otra mitad, en la del Ebal, los primeros para bendecir y los segundos para maldecir. Las tribus situadas en el sur, sobre el Garizim, que está hacia el sur, mientras que las tribus que ocuparán la parte superior de Canaán se colocan sobre el Ebal, que está más al norte. También las seis del Garizim (las bendiciones) corresponden a hijos de las esposas legítimas de Jacob, mientras que de las que se colocan en el Ebal, cuatro descienden de las esclavas de Jacob (Gad, Aser, Dan y Neftalí), a las que se añaden Rubén, primogénito, quien por haber profanado el lecho paterno es desheredado, y Zabulón, que es el más joven de Lía. Efraín y Manasés aparecen englobados en la de José; Leví forma en el conjunto de las tribus para completar el número de doce. Las faldas de las dos montañas formaban como dos anfiteatros, y así podemos reconstruir la escena suponiendo que, no lejos, las dos mitades del pueblo se contestaban, pues desde la cima de ambos montes no podrían oírse mutuamente para responder. Los sacerdotes estarían en el centro del valle, junto al arca, y el pueblo a ambos lados. Supuesta la oquedad que forman las dos montañas, el eco tenía que ser grande, y la escena impresionante.

El texto registra las maldiciones para impresionar más sobre los castigos que esperaban a los desobedientes a la Ley. Son los levitas los que formulan las maldiciones, y el pueblo responde: ¡Amén! Las maldiciones son doce, como el número de tribus, y se refieren a faltas ya enumeradas en la legislación mosaica. No se alude a los pecados contra el monoteísmo y la unidad de santuario. No sabemos cuál fue el principio de selección, pues no se enumeran las faltas más graves. En general, se trata de pecados secretos: faltas contra Dios, contra los padres, contra la justicia y la caridad, pecados de lujuria, homicidio. La primera maldición alude al segundo mandamiento; la segunda se refiere al deshonor a los padres; la tercera se refiere al cambio de los lindes en las propiedades; la cuarta alude al que engaña al ciego guiándole por camino extraviado; la quinta defiende los derechos de los desamparados, como el extranjero, el huérfano y la viuda; la sexta va contra las uniones incestuosas con la mujer del padre; la séptima, contra la bestialidad; la octava, contra el incesto con la hermana; la novena, contra la unión incestuosa con la suegra; la décima, contra el que hiere al prójimo; la undécima, contra el homicida que recibe regalos para matar a su víctima; la duodécima es general, pues va contra los que no observan la Ley.

Los autores convienen en destacar el carácter artificial y heterogéneo del fragmento, en el que, sin duda, hay retoques conforme a las exigencias del uso litúrgico. El estilo redaccional es diferente al habitual del Deuteronomio, en el que Moisés aparece hablando en primera persona.

Ceremonias a ser establecidas en Siquem

La introducción de Moisés, utilizando la tercera persona, ha motivado a muchos comentaristas a ver el principio del tercer discurso de Moisés. El título de este capítulo en la RVA indica que el traductor de Deuteronomio también aceptó la teoría de que empieza el tercer discurso de Moisés. Pero como el comentario indica, es preferible entender como la conclusión del segundo discurso de Moisés. Los tratados internacionales que sirven como modelo para la promulgación del pacto en Deuteronomio generalmente terminan con la proclamación de bendiciones y maldiciones. Las bendiciones sirven para motivar

al pueblo a observar las demandas del pacto. Las maldiciones sirven para enfatizar la consecuencia de la desobediencia y de la violación del pacto.

Promulgación de la ley en Siquem

Después de la declaración del pueblo y de Jehová (26:16-19) aceptando las obligaciones del pacto, Moisés y los ancianos de Israel hablaron al pueblo, declarando que Israel tenía que guardar el pacto después de cruzar el río Jordán y entrar en la tierra prometida.

La exhortación de Moisés era que Israel tenía que guardar todos los mandamientos que ellos habían recibido hoy, o sea, en aquella ocasión en Moab, cuando la nueva generación de israelitas se preparaba para entrar en la tierra que Jehová había prometido dar a sus padres. Moisés ordenó al pueblo que tomara piedras para escribir en ellas la torah que él había declarado a Israel.

Este versículo contiene diversos problemas de interpretación. Primeramente, la expresión el día que crucéis el Jordán es difícil de reconciliar con el contenido. La cuestión es si el hoy del se refiere al mismo día en que el pueblo cruzó el río Jordán. Parece indicar aquel mismo día. Pero las piedras tenían que ser erigidas en el monte Ebal, un monte cerca de Siquem, un lugar que Israel no podía alcanzar en el mismo día que el pueblo cruzara el Jordán. Es posible, por lo tanto, entender que el pueblo tenía que recoger las piedras en el día que cruzara el río y más tarde, cuando llegara a Siquem, tenía que colocar las piedras en el monte Ebal. Sin embargo, como el monumento tenía que ser establecido en el día que el pueblo cruzara el Jordán, es posible que fuese erigido en la vecindad del Jordán y que una copia sería establecida más tarde en el monte Ebal.

El segundo problema es la declaración que las piedras tenían que ser recubiertas con cal. Esto parece indicar que la torah de Moisés no podía ser cincelada en las piedras así como los Diez Mandamientos, sino que las piedras deberían ser escritas, a la manera de los documentos egipcios. Las piedras escritas con las palabras de la ley sirvieron como testimonio del pacto. Moisés declaró que Israel tenía que escribir en las piedras todas las palabras de esta ley. La palabra traducida ley en heb. es torah, y significa “enseñanzas”. En muchos pasajes la palabra se usa como un sinónimo para las leyes de Moisés o para el Pentateuco, los cinco primeros libros de la Biblia. Esta declaración de Moisés no significa que el pueblo tenía que escribir toda la ley de Moisés, o ni aun todo el libro de Deuteronomio. Es preferible entender que el pueblo tenía que escribir los preceptos más importantes de la ley mosaica, probablemente los Diez Mandamientos.

La intención de las palabras de Moisés es que las demandas básicas del pacto tenían que ser escritas una vez más en la tierra prometida. Las demandas de la ley fueron designadas para regular la vida de la comunidad en la tierra de Canaán. Por lo tanto, inmediatamente después de cruzar el río Jordán, en el momento cuando el pueblo entrara en la tierra prometida, las provisiones de la ley empezaban a regir la vida del pueblo.

Las piedras que contenían la torah de Moisés debían ser erigidas en el monte Ebal, el monte donde las maldiciones eran proclamadas. Después de entrar en Canaán y después de llegar al monte Ebal, el pueblo primeramente tenía que levantar un altar para la adoración a Jehová. La edificación de este altar en la tierra de Canaán serviría para afirmar la fidelidad de Jehová y el cumplimiento de la promesa que él había hecho a los patriarcas.

La prohibición de usar herramientas de hierro en la fabricación del altar sigue la ley del altar. El altar no debía ser hecho con piedras labradas. El uso de herramientas de hierro profanaba el altar. Sobre el altar, el pueblo tenía que poner dos tipos de sacrificios: holocaustos a Jehová y sacrificios de paz. Estos dos tipos de sacrificios fueron presentados a Jehová en la ocasión de la promulgación del pacto en el monte Sinaí. El holocausto era un tipo de sacrificio donde el animal se quemaba completamente sobre el altar. El sacrificio de paz era una ofrenda donde parte del animal era sacrificado en el altar y parte era usado para celebrar una comida especial. Este banquete era una comida festiva y alegre, una ocasión de gran júbilo donde el adorador y su familia celebraban las bendiciones que habían recibido de Dios. La expresión delante de Jehová tu Dios significa que el banquete era celebrado en el templo, en la presencia de Jehová. En aquella ocasión el pueblo debía escribir con toda claridad las palabras de la ley en las piedras que habían sido pintadas con cal. La ceremonia que aparece en es el cumplimiento de este mandamiento que Moisés había dado a Israel.

La instrucción que Moisés dio a Israel termina con una exhortación al pueblo. Moisés había instruido al pueblo junto con los ancianos. Ahora los sacerdotes aparecen con Moisés para exhortar al pueblo. Los sacerdotes tenían la responsabilidad de enseñar la palabra de Jehová al pueblo de Israel. Moisés exhortó al pueblo a entender el resultado de haber aceptado las demandas del pacto: Hoy has venido a ser pueblo de Jehová tu Dios. Como pueblo especial de Dios, Israel tenía que ser obediente a las demandas del pacto. Demostraría su obediencia escuchando la voz de Jehová y cumpliendo sus mandamientos. La obediencia de Israel sería motivada por su gratitud por todas las cosas que Jehová había hecho en la vida del pueblo. La más grande bendición que Israel había recibido era que Jehová había escogido a la nación para ser su pueblo especial.

Proclamación de las maldiciones

La proclamación de las maldiciones y bendiciones era un evento de mucha importancia en las ceremonias de los tratados políticos del antiguo Oriente. En los tratados políticos la ceremonia de promulgación y renovación de un pacto terminaba con una declaración de las bendiciones y maldiciones asociadas con el pacto. Las bendiciones y maldiciones servían para despertar en el pueblo el deseo de obedecer las demandas del pacto.

En el caso de Israel la ceremonia de la proclamación de las bendiciones y maldiciones sería llevada a cabo en la tierra prometida, después que el pueblo hubiese cruzado el río Jordán. De esta manera el pueblo podría confirmar una vez más que Jehová era un Dios que cumplía su palabra. La entrada en la tierra de Canaán era una demostración de la fidelidad de Jehová y este evento debía motivar al pueblo a obedecer las demandas del pacto.

El monte Gerizim estaba en el centro de Canaán, cerca de Siquem. El monte Ebal estaba situado al norte de Siquem, enfrente del monte Gerizim. Las doce tribus de Israel serían divididas en dos grupos, con seis tribus en cada grupo. En el monte Gerizim las tribus de Simeón, Leví, Judá, Isacar, José y Benjamín bendecirían al pueblo. En el monte Ebal las tribus de Rubén, Gad, Aser, Zabulón, Dan y Neftalí pronunciarían las maldiciones sobre el pueblo. La división de las tribus en dos grupos es importante. El primer grupo incluye los hijos de Lea y Raquel, las dos esposas de Jacob. El segundo grupo incluye los hijos de las dos concubinas de Jacob, más Rubén, el primogénito de Jacob con Lea, el hijo que había perdido su derecho de primogenitura por causa de su pecado y Zabulón, el hijo más joven de Lea. El grupo en el monte Gerizim era las tribus del sur y las tribus que vivían en las montañas de Efraín, mientras que las tribus en el monte Ebal eran las tribus de Galilea y Transjordania.

Durante la ceremonia, un grupo de personas representando seis tribus estaría en el monte de la bendición y otro grupo representando las otras seis tribus estaría en el monte de la maldición. Los levitas, representando a Dios, recitarían las bendiciones y las maldiciones, y el pueblo respondería a la proclamación de los levitas. Se presenta una lista más detallada de las bendiciones y maldiciones asociadas con el pacto.

La lista de maldiciones presenta 12 maldiciones contra personas que violan ciertas leyes del pacto. Aun cuando no hay un tema común que une las maldiciones, ocho de las maldiciones hacen referencias a los Diez Mandamientos. Cada declaración empieza con la palabra maldito. Una maldición era la consecuencia que vendría sobre la persona que violaba una de las demandas del pacto. A la declaración de los levitas, el pueblo respondía con un Amén. La palabra amén significa que la persona que respondía estaba de acuerdo con la ley y aceptaba la consecuencia de la violación de la ley para él y para cada miembro de su tribu.

¡Maldito el… que haga una imagen…!. La construcción de una imagen en Israel era una gran abominación porque el hacer una imagen del Dios verdadero o de un dios falso era una violación del segundo mandamiento. Tanto la persona que construía una imagen así como la persona que adoraba una imagen en secreto, estaba bajo la maldición del pacto. La persona que adoraba una imagen en secreto podía esconder su pecado de la comunidad pero no podía esconderlo de Dios, el Dios que ve todas las cosas hechas en secreto. A esta declaración de maldición el pueblo respondía con un Amén indicando que habían entendido la consecuencia de la violación de esta demanda del pacto y estaban de acuerdo con la proclamación de la maldición.

¡Maldito el que trate con desprecio a su padre o a su madrex! El quinto mandamiento demanda que los hijos honren a sus padres y madres. Diversas veces el AT condena a las personas que desprecian a sus padres. La maldición del pacto cae sobre los hijos que tratan a sus padres como personas insignificantes y que no aprecian su amor.

¡Maldito el que cambie de lugar los linderos de su prójimo! El lindero marcaba los límites de una propiedad. El cambiar el lugar del lindero era robar parte de la propiedad de una persona. Robar era una violación del octavo mandamiento. Esta violación de la propiedad ajena también era una afrenta contra Dios, porque la persona que cambiaba el lugar del lindero de su prójimo estaba robando de una persona la heredad que Jehová le había dado.

¡Maldito el que haga errar al ciego en el camino! Las personas ciegas y los sordos eran personas que tenían una incapacidad física y estaban bajo la protección de Jehová.

¡Maldito el que pervierta el derecho del forastero, del huérfano y de la viuda!x El forastero, el huérfano y la viuda formaban un grupo de personas que socialmente eran vulnerables a la explotación por las personas más prósperas de la sociedad israelita. Por esta razón estas personas necesitaban la ayuda de la comunidad. La comunidad tenía la responsabilidad de proveer para ellos, pero legalmente, el forastero, el huérfano y la viuda estaban bajo la protección de Jehová. El israelita que pervirtiera el derecho de estas personas estaba bajo el juicio de Dios.

¡Maldito el que se acueste con la mujer de su padre…! El incesto era una violación de las normas morales de la comunidad israelita y era considerado una gran abominación. El descubrir el manto del padre es un eufemismo que significa exponer los genitales e indirectamente una figura del matrimonio, así como aparece en la nota de la RVA. Esta maldición presupone la poligamia, y que la relación sexual mencionada aquí es la relación de un hijo con una de las esposas de su padre.

¡Maldito el que tenga cópula con cualquier animal! La bestialidad era prohibida en la ley mosaica. La bestialidad era permitida en algunas religiones del antiguo Oriente porque en muchas religiones orientales el dios era representado por un animal sagrado.

¡Maldito el que se acueste con su hermana..! La ley del incesto es mencionada. La prohibición aquí se refiere a la relación sexual de un hombre y una mujer que eran hijo e hija de un mismo padre o madre.

¡Maldito el que se acueste con su suegra! La relación sexual de un hombre con su suegra era considerada una de las relaciones ilícitas en el AT.

¡Maldito el que hiera de muerte a su prójimo en secreto! La maldición es declarada contra la persona que en violación del sexto mandamiento mata a su prójimo y mantiene su crimen en secreto. El asesino podía ocultar su crimen y evitar la justicia humana pero él no podía ocultar su crimen de Dios, el justo juez.

¡Maldito el que acepte soborno para matar a un inocentex! La ley mosaica prohíbe a una persona dar soborno a un juez para pervertir la justicia. La ley también prohíbe sobornar a un testigo para dar falso testimonio contra su prójimo. Declara: “No tuerzas el derecho; no hagas distinción de personas ni aceptes soborno, porque el soborno ciega los ojos de los sabios y pervierte las palabras de los justos.” Aquí la maldición cae sobre una ofensa más grave, el aceptar soborno para condenar a una persona inocente a la muerte.

¡Maldito el que no cumpla las palabras de esta ley, poniéndolas por obra! La última maldición tiene un carácter general y se aplica a todas las personas que no obedecen las palabras de la ley. La palabra ley (heb. torah) significa “enseñanza”. En el contexto del libro de Deuteronomio, torah no se refiere a las 12 maldiciones sino a todas las leyes en el código deuteronómico. El Amén final del pueblo es una declaración que la comunidad reconoce que el Dios de Israel demanda obediencia de su pueblo en público y en secreto.

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