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Deuteronomio 27: Orden de escribir la ley en piedras sobre el Monte Ebal

Deu 27:15 Maldito el hombre que hiciere escultura o imagen de fundición,(D) abominación a Jehová, obra de mano de artífice, y la pusiere en oculto. Y todo el pueblo responderá y dirá: Amén.

Deu 27:16 Maldito el que deshonrare a su padre o a su madre.(E) Y dirá todo el pueblo: Amén.

Deu 27:17 Maldito el que redujere el límite de su prójimo.(F) Y dirá todo el pueblo: Amén.

Deu 27:18 Maldito el que hiciere errar al ciego en el camino.(G) Y dirá todo el pueblo: Amén.

exclusiva posesión, segullah Strong: Posesión, propiedad personal, tesoro especial. Este sustantivo aparece 80 veces en el Antiguo Testamento: Cinco de ellas se refieren a Israel como el tesoro especial de Dios y dos hablan de las preciadas posesiones de monarcas o «tesoros reales». Una importante referencia la encontramos en, donde se habla de la gente que Dios considerará como su «especial tesoro». Los tesoros humanos son objetos materiales, pero a través de toda la Escritura el tesoro de Dios son los seres humanos.

Deu 27:19 Maldito el que pervirtiere el derecho del extranjero, del huérfano y de la viuda.(H) Y dirá todo el pueblo: Amén.

Deu 27:20 Maldito el que se acostare con la mujer de su padre,(I) por cuanto descubrió el regazo de su padre. Y dirá todo el pueblo: Amén.

Deu 27:21 Maldito el que se ayuntare con cualquier bestia.(J) Y dirá todo el pueblo: Amén.

Deu 27:22 Maldito el que se acostare con su hermana,(K) hija de su padre, o hija de su madre. Y dirá todo el pueblo: Amén.

Deu 27:23 Maldito el que se acostare con su suegra.(L) Y dirá todo el pueblo: Amén.

Deu 27:24 Maldito el que hiriere a su prójimo ocultamente. Y dirá todo el pueblo: Amén.

Deu 27:25 Maldito el que recibiere soborno para quitar la vida al inocente. Y dirá todo el pueblo: Amén.

Deu 27:26 Maldito el que no confirmare las palabras de esta ley para hacerlas.(M) Y dirá todo el pueblo: Amén.

Este segundo ceremonial reforzaría las dos alternativas a que se enfrentaba Israel en su nueva residencia

Pablo cita este como parte de su argumento de que Cristo retiró la maldición de la Ley y, por lo tanto, no debemos confiar en nuestra justicia u obras para alcanzar la salvación, sino en la gracia de Dios.

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