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Deuteronomio 4: Moisés exhorta a la obediencia

Las ciudades de refugio

La narrativa que detalla la selección de las tres ciudades de refugio en Transjordania interrumpe el discurso de Moisés a Israel, pero sirve como una transición entre el final del primer sermón y el prólogo del segundo sermón de Moisés.

Moisés había decretado que seis ciudades en Israel serían consideradas ciudades de refugio: tres ciudades serían establecidas en Canaán y tres en Transjordania. El propósito de las ciudades de refugio era abrigar al homicida involuntario, aquel que mate a su prójimo por accidente, sin haberle tenido previamente aversión. Cuando un crimen de muerte era cometido en Israel, la responsabilidad del castigo del criminal era generalmente colocado en manos de la familia de la víctima. Pero cuando un crimen de muerte era cometido sin intención, la ley israelita proveía un santuario hacia donde el criminal podía huir y allí vivir, evitando así la venganza de la familia por el crimen cometido.

La primera ciudad de refugio, Beser, fue establecida en el sur, en el territorio de Rubén. Esta ciudad se menciona en la estela de Mesha, rey de Moab, pero la ubicación es desconocida. La segunda ciudad, Ramot, fue establecida en el centro de Transjordania en la región de Galaad, en el territorio que pertenecía a Gad. La referencia de Ramot, en el contexto de la guerra entre Israel y los arameos, parece indicar que esta ciudad servía de frontera entre Israel y los arameos. La tercera ciudad, Golán, estaba ubicada en el norte de Transjordania, en el territorio de la media tribu de Manasés; su ubicación es desconocida. Josué designó a las tres ciudades como refugio para las tribus transjordánicas.

El segundo sermón de Moisés

El segundo sermón está dividido en dos partes. La primera consiste de leyes generales, la mayoría de ellas presentadas en el contexto de exhortaciones de Moisés al pueblo. Esta sección contiene una variedad de material. Las narrativas de esta sección consisten en un relato de la revelación de Jehová a Israel en el monte Sinaí, la promulgación de los Diez Mandamientos, y en un grupo de exhortaciones en las que Moisés llama a Israel a ser obediente a Jehová. Se las introduce con: Escucha, Israel.

La segunda parte del sermón consiste en un grupo de leyes específicas, llamadas “leyes deuteronómicas” o el “código de Deuteronomio”. Además, esta sección también contiene detalles de la ratificación del pacto, con las bendiciones para la obediencia y la lista de maldiciones para la desobediencia.

El segundo sermón de Moisés es el núcleo de la ley deuteronómica. Las leyes se presentan en forma de parénesis o exhortación a Israel, exponiendo la responsabilidad y la expectación que Israel tiene por el pacto establecido con Jehová en el monte Sinaí. Tenían que amar a Jehová con todo el corazón, con toda el alma y con toda sus fuerzas y ser fiel a sus leyes y sus decretos. La obediencia a las demandas

del pacto es la única manera por la cual Israel podía demostrar su lealtad a Dios y su amor hacia él. La palabra ley; torah) describe la totalidad de la ley mosaica. La torah de Jehová consiste en las normas, los decretos y los mandamientos que Moisés presentó a Israel para reglamentar la relación del pueblo con Dios y con los miembros de la comunidad del pacto. El texto usa cuatro palabras para describir las leyes deuteronómicas: ley o torah) es la enseñanza legal de Israel. Los testimonios (‘edut), leyes (hoq), y los decretos (mishpatim4941) son las normas, mandatos y las decisiones de la corte que forman las demandas del pacto.

El prólogo del segundo sermón de Moisés introduce el contenido histórico y la ubicación del discurso. El contexto histórico del segundo sermón es el mismo del primero. Moisés habló a Israel al otro lado del Jordán, en el Arabá, o sea, en Transjordania. Moisés e Israel estaban en la tierra que ellos habían conquistado de Sejón y de Og, dos reyes amorreos. El nombre del monte Sirión aquí es igual. El heb. usa Sion, pero esta lectura del texto es incorrecta. El comentarista Craigie sugiere que la palabra fue usada incorrectamente por los escribas porque Sirión no es una palabra hebrea sino sidonia.

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