Debe observarse que el Apocalipsis de Juan, en su arreglo artificial y sus toques finales, es la más perfecta de todas las profecías. Su trazado y la correlación de sus varias partes manifiestan que sus imágenes fueron muy cuidadosamente escogidas; y, sin embargo, apenas hay en ella una figura o símbolo que no esté tomada del A. Testamento. Especialmente se ha hecho uso de los libros de Daniel, Ezequiel y Zacarías. Se destaca el número siete, —siete espíritus, siete iglesias, siete sellos, siete trompetas, siete cabezas, siete ojos, siete cuernos, siete plagas. Los números tres, cuatro, diez y doce, también se emplean en forma significativa; y donde se usan tan frecuentemente los números simbólicos, debemos vacilar, al menos, antes de insistir en el significado literal de ningún número especial. En vista de lo dicho debemos, en la interpretación de este libro, referirnos constantemente a las profecías análogas del A. Testamento.
Inmediatamente después de la introducción, la salutación y la doxología de los vs. Apo_1:4-6 , se anuncia el gran tema del libro en su verdadero estilo hebraico, lleno de emoción: «¡He aquí que viene con las nubes y todo ojo le verá y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra se lamentarán sobre él» (Apo_1:7). Nótese muy particularmente que estas palabras han sido tomadas, substancialmente, del discurso de nuestro Señor en Mat_24:30. Las palabras «los que le traspasaron» son de Zac_12:10 y, en esta conexión, deben considerarse no tanto con referencia a los soldados que le enclavaron en la cruz y atravesaron su costado con la lanza, sino con referencia a los judíos a quienes Pedro acusó de ese crimen (Hch_2:23, Hch_2:36; Hch_5:30) y quienes habían clamado: «Su sangre sea sobre nosotros y sobre nuestros hijos» (Mat_27:25). A éstos Jesús mismo les había dicho: «Desde ahora habéis de ver al Hijo del hombre sentado a la diestra de la potencia y que viene en las nubes del cielo». (Mat_26:64).
Habiendo anunciado su gran tema, el escritor procede a dejar constancia escrita de su visión del Alfa y la Omega, el primero y el último, —expresión tomada de Isa_41:4; Isa_44:6; Isa_48:12. La descripción del Hijo del hombre aparece principalmente en el lenguaje con que Daniel describe al Anciano de días (Dan_7:9) y el Hijo del hombre (Dan_10:5-6), pero también se apropia expresiones de otros profetas (Isa_11:4; Isa_49:2; Eze_1:26, Eze_1:28; Eze_43:2). Los siete candeleros nos recuerdan el candelabro de oro de Zacarías, con sus siete lámparas (Zac_4:2). El significado de los símbolos es dado por el Señor mismo y el conjunto forma una conmovedora introducción a las siete epístolas. Estas epístolas, aunque escritas en una forma muy regular y artificial, están llenas de alusiones individuales y demuestran que había persecución de los fieles y que se acercaba una solemne crisis. Las varias características de las siete iglesias pueden ser típicas de fases variantes de la vida y el carácter eclesiástico de épocas posteriores, pero no obstante eso, son descripciones claras de hechos que entonces existían. La mención de los nicolaitas (Apo_2:6) el fiel mártir Antipas (Apo_2:13) y la perversa profetisa Jezabel (Apo_2:20) demuestra que las epístolas se ocupan de personas y acontecimientos que eran de actualidad cuando aquellas se escribieron, aunque los nombres usados probablemente son simbólicos. Las amonestaciones, consejos y estímulos dados a aquellas iglesias corresponden, en sustancia, con los dados por el Señor a sus discípulos en Mat. 24. Los amonestó contra falsos profetas, les dijo que les sobrevendrían tribulaciones y que algunos sufrirían muerte y que el amor de muchos se enfriaría, pero que quien perseverase hasta el fin sería salvo. No hay que suponer que a esta distancia de tiempo podamos sentir la fuerza de las alusiones personales de estas epístolas tan bien como las sentirían aquellos a quienes fueron dirigidas originalmente.
La profecía de los siete sellos se abre con una hermosa visión del trono de Dios (cap. 4) y sus símbolos son tomados de las correspondientes visiones de Isa_6:1-4 y Esd_1:4-28. Luego aparece a la diestra de Aquél que está sentado en el trono un libro con cierre sellado con siete sellos (Apo_5:1). El León de Judá, la Raíz de David, es el único que puede abrir ese libro y ese se revela como «un Cordero, como inmolado, que tenía siete cuernos y siete ojos». Su posición era «en medio del trono» (v. Apo_5:6). Los ojos y cuernos, símbolos de la protección de sabiduría y potencia, la apariencia de un cordero matado, expresiva de todo el misterio de la redención y la posición en el trono (que en el capítulo Apo_22:1, se llama «trono de Dios y del Cordero». (Comp. Apo_3:21) sugerente de autoridad celestial, —todo tiende a preconizar al Cristo como el gran Revelador de los misterios divinos. Los cuatro primeros sellos corresponden, virtualmente, a los símbolos de Zac_6:2-3 y representan dispensaciones de conquistas, derramamientos de sangre, hambre y grande mortandad. Estos juicios en rápida sucesión y entremezclados, corresponden notablemente con las predicciones de nuestro Señor acerca de guerras y rumores de guerras, el caer a filo de espada, las hambres, pestilencias, terrores, días de venganza y horrores inauditos. Las páginas de Josefo, descriptivas de los horrores sin paralelo que culminaron en la completa ruma de Jerusalén, suministran amplio comentario a estos símbolos y a las palabras del Señor.
El quinto sello es una escena de martirio, —la sangre de almas que claman desde abajo del altar, donde habían sido muertas por amor a la Palabra de Dios (Apo_6:9-10). Esto corresponde con el anuncio del Señor de que sus adeptos habían de sufrir muerte (Mat_24:9; Luc_21:16). Las vestiduras blancas y el consuelo dado a los mártires responde a la promesa de Jesús de que en paciencia poseerían sus almas (Luc_21:19) y de que «cualquiera que perdiere la vida por causa mía o del Evangelio, la salvará» (Mar_8:35). Pero estas almas sólo esperan durante «un poco de tiempo» (v. Apo_6:11), de acuerdo con la declaración de Jesús de que «toda la sangre de mártires derramada desde la época de Abel sería visitada con venganza sobre aquella generación, aun sobre Jerusalén, la asesina de profetas (Mat_23:34-38). Y después, para mostrar cuan prestamente viene la retribución, como el «luego, después de la aflicción de aquellos días» de Mat_24:29, se abre el sexto sello y éste exhibe los horrores del fin (vs. Apo_6:12-17). No hay para que detenernos a mostrar de qué manera los símbolos de este sello corresponden con el lenguaje de Jesús y otros profetas cuando describen el día grande y terrible del Señor. Pero debe notarse que antes de la realización de este juicio, los escogidos de Dios son sellados y aparecen dos multitudes, los escogidos de las doce tribus (la iglesia Cristiano-judaica, —la circuncisión) y una muchedumbre innumerable de todas las naciones y lenguas (la Iglesia Gentil, —la incircuncisión) que habían lavado sus vestiduras en la sangre del Cordero (capítulo 7. Esta es la reproducción apocalíptica de las palabras de Jesús: «Enviará sus ángeles con gran voz de trompeta y juntarán sus escogidos, de los cuatro vientos, de un cabo del cielo hasta el otro». (Mat_24:31).
