A la caída de la gran Babilonia sigue una séptuple visión de la venida y reino de Cristo (caps. 19:11 a 21:8) . Así como Mat_24:29, «inmediatamente después de la tribulación de aquellos días» aparece en el cielo la señal del Hijo del hombre, así, también, inmediatamente después de los horrores de la ciudad llena de dolores, el vidente de Patmos contempla el cielo abierto y al Rey de reyes y Señor de señores que viene a juzgar las naciones y vengar a sus escogidos. Este gran cuadro apocalíptico contiene:
- La manifestación (parousia) del Hijo del hombre en su gloria (Apo_19:11-16 .
- La destrucción de la bestia y del falso profeta con todas sus fuerzas de impiedad (vs. Apo_19:17-21). Esta derrota está delineada en notable armonía con la del inicuo, en 2Ts_2:8, «al cual el Señor matará con el espíritu de su boca y destruirá con el resplandor de su venida»; y los agentes bestiales de Satanás, como los de las visiones de Daniel (Dan_7:11) son entregados a las llamas.
- A la destrucción de estas bestias, a las cuales el dragón dio su poder y autoridad (cap. Apo_13:2, Apo_13:11-12), sigue, muy apropiadamente, el encadenamiento y prisión del antiguo dragón mismo (Apo_20:1-3) . Los símbolos empleados para presentar todos estos triunfos, seguramente, no hay que entenderlos literalmente como de una guerra realizada con armas carnales (comp. 2Co_10:4; Efe_6:11-17) si no que expresan vívidamente hechos solemnes asociados para siempre con la consumación de aquella época, -y crisis de épocas-, cuando cayó el Judaísmo y el Cristianismo surgió al mundo. Desde aquel entonces no puede presentarse ningún caso de posesión demoníaca bien comprobado.Con ese encierro de Satanás comienza el milenio, un período largo e indefinido, como el número simbólico lo manifiesta, pero período de gran extensión par la difusión y triunfo del Evangelio (vs. Apo_20:4-6). «La primera resurrección» tiene lugar al principio de este período y se hace especialmente notable como una resurrección de mártires; bendición de la cual parece que no todos los muertos parecen haber sido «considerados dignos» (kataziodentes, Luc_20:35 ), pero que Pablo anhelaba alcanzar (Flp_3:11). Porque está escrito: «Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad en éstos» pues de los tales Cristo dijo: «no pueden, ya, morir más» (Luc_20:36). Además, se sientan en tronos y se colocan en sus manos los juicios (comp. Dan_7:22; Mat_19:28; Luc_22:28-30; 1Co_6:2) y son constituidos en sacerdotes de Dios y de Cristo y reinan con él mil años». Sin embargo, el lenguaje del versículo Apo_20:4, indica que otros, además de los mártires, pueden ocupar tronos y ejercer juicios, juntamente con Cristo (comp. Apo_2:26-27; Apo_3:21). (Nota del Traductor.-El no decirnos el Dr. Terry cuándo tuvo lugar «la primera resurrección» es prueba de que lo ignora, y esto, a su vez, es prueba de que no ha acontecido! Con todo respeto a su piedad y admirando su notable erudición, el traductor hace suya la nota del Editor. Sr, wesley, que aparece un poco más atrás. Al mismo tiempo, confiesa que -sin dogmatizar acerca de detalles que no entiende-, pertenece al número de los que están esperando la segunda venida personal del Señor Jesucristo).De otras cosas que puedan ocurrir durante el milenio, aquí no se nos dice una sola palabra; sin embargo, sobre este breve pasaje se ha edificado toda clase de fantasías. Los milenarios suponen que el milenio tiene que ser un reinado visible de Cristo y sus santos en la tierra, y a este reinado asocian un concepto literalísimo de otras profecías. Las siguientes palabras de Justillo Mártir constituyen una de las primeras expresiones de esta especie. Dice él: «Yo y otros, que somos cristianos de recto pensar, estamos persuadidos de que habrá una resurrección de los muertos, y mil años en Jerusalén, la cual, entonces, será edificada, adornada y agrandada, como lo declaran los profetas Ezequiel, Isaías y otros… Y, además, hubo con nosotros cierto hombre, cuyo nombre era Juan, uno de los apóstoles de Cristo, quien profetizó, por una revelación que se le hizo, que los que creyeran en nuestro Cristo, habitarían mil años en Jerusalén; y que después de eso la resurrección general, en fin la eterna, y el juicio de todos los hombres, tendrían, asimismo, lugar» (Dial. con Triphon, LXXX, LXXXI). Habiendo adquirido importancia desde temprano esta idea ebionita, ha infectado la interpretación apocalíptica con una levadura perturbadora hasta el día de hoy; y hay poca esperanza de mejor exégesis mientras no hagamos a un lado toda idea dogmática e intrépidamente aceptamos lo que dicen las Escrituras.La antigua idea milenaria de una restauración de todo Israel a Jerusalén y de Cristo y sus santos glorificados sentados, literalmente, en tronos y reinando sobre la tierra, en gloria material y visible, no tienen fundamento en las Escrituras. Nada se dice aquí de Jerusalén de judíos o de gentiles. Un número indefinido de personas se sienta en tronos y recibe juicio; entre ellos, los que habían sido ejecutados por dar testimonio a Cristo, ocupan sitios más conspicuos y así reciben la recompensa prometida en el cap. Apo_6:9-11. Estos ahora viven y reinan con Cristo, no en la tierra, sino donde se halla el trono de su reino, es decir, en los cielos. Esto concuerda con las palabras de Pablo, en 2Ti_2:11: «Si somos muertos con él, (es decir, por medio del martirio; comp. Flp_3:10) también viviremos con él; si soportamos, también reinaremos con él». Una resurrección de mártires, que tiene lugar al principio de la era del milenio, parece ser el significado más natural y evidente de Apo_20:4-6 y nada se gana con introducir otro significado a esas palabras. Dice Stuart: «No veo cómo, sobre la base de la exégesis, evitar correctamente la conclusión de que Juan ha enseñado, en el pasaje que nos ocupa, que habrá una resurrección de los santos martirizados al comienzo del período en que Satanás habrá sido encerrado en el calabozo del gran abismo».
- Al final del período milenario hay un desatamiento de Satanás, un levantamiento de fuerzas hostiles, simbolizadas por Gog y Magog (comp. Ezequiel, cap. 38-39) y una catástrofe terrible dando por resultado la derrota final y perpetua del Diablo, -la culminación de la profecía del Gén_3:15. El vidente pasa con rapidez por encima de este último conflicto el que pertenece a un futuro lejano, y no se nos hace conocer detalles (vs. Apo_20:7-10).
- Luego se describe el último gran juicio (vs. Apo_20:11-15) que puede considerarse como la culminación y remate de ese continuo juicio (representado en Mat_25:31-46) que comenzó con la «parousia» y continúa hasta que el Hijo del hombre entregue el reino al Padre (1Co_15:24).
- El último cuadro de esta maravillosa serie apocalíptica es ,el de los nuevos cielos y nueva tierra y el descenso de la Jerusalén celestial (Apo_21:1-8) . Corresponde con Mat_25:34, donde el rey dice a los que están a su diestra: «Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo». Como allí, la gloria de los justos se coloca en notable contraste con la maldición y el fin de los impíos y se dice finalmente: «Irán éstos al castigo eterno» (Mat_25:46 ), así, aquí, después de bosquejar la gloria de los redimidos, se añade, como resultado de un juicio eterno: «Mas a los temores e incrédulos, a los abominables y homicidas, a los fornicarios y hechiceros- y a los idolatras y a todos los mentirosos, su parte será en el lago ardiendo con fuego y azufre, (comp. «el fuego eterno, preparado para el Diablo y sus ángeles», Mat_25:41) que es la muerte segunda».
