Pero en tanto que así se bosquejan las relaciones entre Jerusalén y Roma, la bestia «que fue y no es y vendrá» ( parestai, «estará presente», v. Apo_17:8), puede simbolizar un misterio más profundo. No es ello una combinación del león, el leopardo y el oso, ni «sube del mar», como la bestia del cap. Apo_13:1, sino que es «una bestia vestida de escarlata» y «sube del abismo». ¿No podría, entonces, con más propiedad, considerársela como una manifestación especial del «gran dragón bermejo»? (Apo_12:3) Las siete cabezas y diez cuernos del dragón indican asientos de poder y agentes principescos o de la realeza, por medio de los cuales el real «ángel del abismo» (Apo_9:11) realiza sus satánicos propósitos. No hemos pues menester de mirar a las siete colinas de Roma, o a diez reyes especiales, para la solución del misterio de la bestia vestida de escarlata. El lenguaje del ángel intérprete, aun cuando ostenta explicar el misterio es, manifiestamente, enigmático. Asi corno en el cap. Apo_13:18, se pide a quien tenga entendimiento, que «cuente el número de la bestia», aquí la clave del misterio de las siete cabezas y diez cuernos constituye, en sí misma, un misterio! «Las siete cabezas son siete montes, sobre los cuales se asienta la mujer» (v. Apo_17:9 ). Esto puede, realmente, referirse literalmente a siete montañas, ora de Jerusalén, ora de Roma, pues ambas ciudades cubrían siete alturas, pero puede, con igual probabilidad, referirse, enigmáticamente, a múltiples apoyos o alianzas políticas, considerados como otros tantos asientos de poder o reinos consolidados, a los que se llama siete, a causa de arreglos pactados. Las palabras que- siguen debieran traducirse: «Y siete reyes hay», no necesariamente como se acostumbra traducirlas «son siete reyes», es decir, que las montañas representan siete reyes. No nos ha satisfecho ninguna solución que hayamos visto del enigma de estos siete reyes; y no osaremos añadir una más a la legión de pretendidas soluciones existentes. Pero sí nos aventuramos a sugerir que por la bestia «que fue y no es y ha de venir», puede entenderse, primariamente, a Satanás mismo, bajo sus distintas y sucesivas manifestaciones en la persona de duros perseguidores de la Iglesia. Fue por la bestia del abismo que fueron muertos los dos testigos (Apo_11:7; comp. Apo_20:7). Arrojada por la muerte de un perseguidor imperial, se va al abismo (comp. Luc_8:31) y, enseguida, resurge de él y se apropia de las blasfemias, fuerzas y diademas del Imperio para guerrear contra el Cordero y sus fieles adeptos. Como el Elías que había de venir antes del día grande y notable de Jehová (Mal_4:5), apareció en la persona de Juan el Bautista (Mat_11:14) y fue llamado así porque representaba el espíritu y poder de Elías (Luc_1:17), así la bestia «que era y no es, es también el octavo, y es de los siete (del mismo espíritu y poder) y va a perdición» (v. Apo_17:11). No es imposible que el rumor muy extendido de que Nerón había de aparecer de nuevo, surgiese de un mal entendimiento de este enigma, en la misma forma en que algunos intérpretes modernos aún insisten (véase Alford, sobre Mat_11:14.) que el Elías real, aún ha de venir literalmente. Los primitivos milenarios (kiliastés), como sus modernos adeptos, insistían frecuentemente en la interpretación literal aun de los enigmas.
La caída de Babilonia la grande se halla descrita en vivos colores en los caps. Apo 18:1 a 19:10 y el lenguaje e imágenes son tomados, casi por entero, de los cuadros proféticos del A. Testamento acera de la caída de la antigua Babilonia y Tiro. La visión es cuádruple:
- Primeramente, un ángel proclama la terrible ruina (Apo_18:1-3) . Repite las palabras ya empleadas en el cap. Apo_14:8 pero que fueron usadas, antiguamente, por (Isa_21:9) y (Jer_51:8) al predecir la ruina de la capital caldea.
- Luego oyose otra voz celestial semejante a las palabras de Jesús en Mat_24:16 y como la palabra profética que largo tiempo antes había llamado al pueblo escogido a «huir de en medio de Babilonia y librar cada uno su alma» (Jer_51:6; comp. Jer_50:8; Isa_48:20; Zac_2:6-7) y esta llamada va seguida de una dolorosa endecha por la suerte de la gran ciudad (18:4-20) . Este oráculo de destrucción debe compararse atentamente con el de Isaías y Jeremías sobre la antigua Babilonia ( Isa_13:19-22; Jer. 50 y 51) y con la de Ezequiel acerca de la caída de Tiro (Ez. 26-28).
- La violencia de la catástrofe está ilustrada, además, por el símbolo de un ángel poderoso arrojando una enorme piedra al mar y la consecuente cesación de toda su anterior actividad y ruido (Apo_18:21-24).
- Después de estas cosas se oye en los cielos un himno de victoria, -notable contraste con la voz de los arpistas y cantores de la caída Babilonia, y se advierte a todos los siervos de Dios que se preparen para la cena de las bodas del Cordero.
