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El Apocalipsis de Juan

La visión del Monte de Sión, en el cap. 14, es un glorioso contraste a las precedentes revelaciones del anticristo. Presenta el lado celestial de este período de persecución y prueba y lo exhibe en siete formas:

  1. Primeramente se ve al Cordero en el Monte de Sión (la Sión celestial) y con él están los millares de su redimido Israel, en gran gloria (vs.Apo_12:1-5) . Estos no son otros que la simiente de la mujer que han sido arrebatados al trono de Dios (Apo_12:5) pero a quienes se ve ahora desde otro punto de vista.
  2. Luego sigue la visión del ángel volador, llevando la buena nueva eterna a toda nación (vs. Apo_12:6-7) . Esto se realiza a despecho del dragón y sus agentes. En tanto que el dragón, manejando las fuerzas del Imperio, trata de aniquilar la Iglesia de Dios, los verdaderos hijos de la Jerusalén celestial son arrebatados a estar con Cristo en gloria, pero el Evangelio es aún predicado en todo el mundo, acompañado por amonestaciones y promesas. Así los santos triunfan «a causa de la sangre del Cordero y a causa de su testimonio de ellos» (Apo_12:11) .
  3. Entonces un ángel, como por anticipación, anuncia la caída de Babilonia la grande (Apo_14:8) y es seguido
  4. por otro que amonesta a los hombres contra el culto a la bestia y a su imagen (vs. Apo_14:9-12).
  5. Después, una voz del cielo declara bienaventurados a los que mueren en el Señor, de aquí en adelante, (v. Apo_14:13), corno si desde esa época tan llena de notables acontecimientos, los muertos en Cristo entrasen inmediatamente a un reposo que los muertos del ciclo anterior no pudieron conocer.
  6. La sexta escena es la del Hijo del hombre, representado como llevando una corona de oro, teniendo en la mano una hoz afilada y acompañado por un ángel (vs. Apo_14:14-16), y con ellos pronto aparece otro ángel con una hoz afilada y la tierra fue segada y el lagar pisado; fuera de la ciudad derramó ríos de sangre que parecían inundar toda la tierra. Esto no es más que otra representación de la misma gran catástrofe contemplada desde otro punto de vista.

La visión de la siete «copas» (en griego: fialas, tazas, bols) llenas de la ira de Dios, a las que también se llama las siete últimas plagas (caps. 15-16) no es más que otra simbolización de los siete ayes de las trompetas, de los capítulos 8-9, con las cuales minuciosamente corresponden. La visión duplicada de estos juicios (un juicio de séptuple furia, com. Dan_3:19) es análoga a otras repeticiones del mismo asunto bajo diferentes imágenes. Esta doble visión de ira, como el doble ensueño de Faraón, sirvió para mostrar que éstas eran cosas resueltas por el Altísimo y que pronto habían de acontecer (Gén_41:32).

La visión de Babilonia la grande (caps. 17-18) es un elaborado cuadro apocalíptico de la iglesia apóstata del antiguo pacto. La entonces existente Jerusalén, en servidumbre con sus hijos (Gál_4:25) está representada como una ramera y el lenguaje e imágenes, en gran parte, están tomados de la alegoría de Ezequiel, de la misma cuidad (Ez. XVI; comp. XXIV. Comp. Isa_1:21). Es contra esa asesina de profetas que Jesús pronunció las terribles palabras de Mat_23:34-36. Desde el principio del Imperio Romano Jerusalén buscó y sostuvo una complicidad pagana con los césares, de modo que, políticamente, el Imperio se hizo su sostén, del cual dependía. Había constante lucha entre gobernantes ambiciosos por obtener el así llamado «reino de Judea». Jerusalén era su principal ciudad y, por lo tanto, es correcto el decir de ella «que tiene reino sobre los reyes (no de la tierra y no sobre emperadores y monarcas del mundo, sino) del país» (Apo_17:18). Es la misma tierra (ge) las tribus de la cual se lamentan por la venida del Hijo del hombre (Apo_1:7) . (Comp. Sal_2:2; Hch_4:27. Josefo. Guerras lib. 114 3:5) . Por consiguiente, consideramos que la Babilonia mística es idéntica con la gran ciudad a la cual en el cap. 11:8, se llama «Sodoma y Egipto, donde también nuestro Señor fue crucificado».

La explicación del misterio de la mujer y la bestia, dada en el cap. Apo_17:7-18, ha llenado de perplejidad a todos los intérpretes. Se nota que es una explicación compuesta y, evidentemente, se aplica en parte a la mujer y en parte a la bestia que la transporta. Para su solución el misterio exige «mente que tiene sabiduría» (v. Apo_17:9) y puede haber tenido para Juan y sus contemporáneos un significado y fuerza que nosotros, a tanta distancia en el tiempo, no podemos sentir tan fácilmente. «La bestia que fue y no es, y ha de subir del abismo e ir a perdición» (v.Apo_17:8) es tina expresión de cautelosa reserva, muy semejante a la expresión reservada de Pablo acerca del hombre de pecado (2Ts_2:5-7) . A la bestia con siete cabezas y diez cuernos generalmente se le identifica con la fiera del mar (Apo_13:1) y puede entendérsele por Roma y sus príncipes aliados y tributarios que tomaron parte en la guerra contra Judea y Jerusalén. La gran ciudad ramera, el santo templo de la cual si había transformado en mercado y cueva de ladrones (Mat_21:23; Jua_2:15), fue sostenida durante cien años por Roma y, al fin, aborrecida y destruida por los mismos reyes con quienes había mantenido su tráfico pagano. La relación de Jerusalén para con Roma y sus príncipes tributarios se manifestó claramente en las palabras con que el pueblo intimidó a Pilato contra Cristo, diciendo: «Si a éste sueltas, no eres amigo del césar!… ¡No tenemos más rey que el césar!» (Jua_19:12-15).

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