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Habacuc 2: La confianza del profeta en la respuesta de Jehová

Habacuc 2:15 Ay del que da de beber á sus compañeros, que les acercas tu hiel y embriagas, para mirar sus desnudeces!

Se compara la humillación y subyugación de otras naciones por los babilonios, con una persona que embriaga a su vecino para sacar ventaja de su debilidad.

Habacuc 2:16 Haste llenado de deshonra más que de honra: bebe tú también, y serás descubierto; el cáliz de la mano derecha de Jehová volverá sobre ti, y vómito de afrenta sobre tu gloria.

Lo que han hecho a otros les sucederá a ellos; bebe y serás descubierto.

Habacuc 2:17 Porque la rapiña del Líbano caerá sobre ti, y la destrucción de las fieras lo quebrantará; á causa de las sangres humanas, y del robo de la tierra, de las ciudades, y de todos los que en ellas moraban.

Habacuc 2:18 ¿De qué sirve la escultura que esculpió el que la hizo? ¿la estatua de fundición, que enseña mentira, para que haciendo imágenes mudas confíe el hacedor en su obra?

La idolatría puede parecer un pecado que la gente moderna no tiene que temer. Sin embargo la idolatría no es sólo el inclinarse ante ídolos; es confiar en lo que uno ha creado y por lo tanto, en el poder de uno como creador y sustentador. Si decimos que adoramos a Dios, pero depositamos nuestra confianza en cuentas bancarias, casa, negocios y organizaciones, somos idólatras. ¿Confía usted en Dios más de lo que confía en lo que han creado sus manos?

Habacuc 2:19 Ay del que dice al palo; Despiértate; y á la piedra muda: Levántate! ¿Podrá él enseñar? He aquí él está cubierto de oro y plata, y no hay dentro de él espíritu.

Habacuc 2:20 Mas Jehová está en su santo templo: calle delante de él toda la tierra.

En comparación con los ídolos sin poder y sin vida, Jehová está presente y dispuesto a actuar poderosamente.

Los ídolos no tienen vida, ni personalidad, ni poder; son pedazos huecos de madera o piedra. Los templos construidos para los ídolos están igualmente vacíos: nadie vive en ellos. Sin embargo el Señor está en su templo. El es una persona real,viva y poderosa. El es total y verdaderamente Dios. Los idólatras ordenan a sus ídolos que los salven, pero los que adoramos al Dios viviente vamos a El con temor reverente y gran respeto. Reconocemos que todo está sometido a El y sabe lo que está haciendo. Los ídolos permanecen en silencio: no pueden responder. El Dios viviente, en cambio, nos habla por medio de la Biblia. Acérquese a Dios con reverencia y espere en silencio para escuchar lo que El quiera decirle.

La confianza del profeta en la respuesta de Jehová

Habacuc tiene confianza de que el diálogo con Jehová continuará. Al hablar de estar en su guardia, es posible que solo esté diciendo que se mantendría listo para recibir el mensaje divino. En varios pasajes los profetas son comparados figurativamente con centinelas. En este versículo se ve que Habacuc estaría esperando la respuesta de Jehová. Si se tomara el concepto lit., el profeta está diciendo que subirá a la torre de los muros de la capital para ver (otra vez se nota la importancia del concepto de ver en el libro) cómo le respondería Dios. Seguramente en poco tiempo desde ese mismo lugar observaría la llegada de los ejércitos babilónicos.

La última frase del versículo ha sido traducida de varias maneras. Muchos comentaristas y algunas versiones como la RVA le hacen una enmienda al texto. El TM dice “y qué tengo (primera persona singular) que responder a mi queja”. Con el cambio sugerido, la frase se lee “y qué tiene (tercera persona masculina singular) que responder a mi queja”. La enmienda busca una uniformidad en toda la oración y toma a Jehová como el único sujeto. Según esta traducción, la idea es que Habacuc espera ver cómo Jehová va a reaccionar ante su último argumento teológico.

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