La frase y vendrán los tesoros deseados de las naciones (versículo 7), ha sido traducida en forma similar no solo por la RVA, sino también por NVI, DHH y la Biblia de Jerusalén. Hay un problema muy difícil de resolver, ya que la palabra traducida como “Deseado” o “Deseo” o “tesoros” en el hebreo es una palabra singular femenina, pero el verbo traducido vendrán o “vendrá” es plural. La mayoría de los traductores bíblicos y los comentaristas han adoptado la interpretación de la RVA o algo muy similar. De todas maneras, no se puede desechar la otra posibilidad.
The Pulpit Commentary indica que el significado es que todas las naciones vendrán con sus riquezas para el servicio del Señor. Podemos entender de esta manera que el templo será lleno de gloria, ya que, al fin y al cabo, todos los metales preciosos pertenecen a Dios. La escasez del momento de oro y otros metales será suplida con creces. Dios mismo se ocupará de llenar de gloria ese templo. Esto les debe de haber producido un impacto favorable. Ellos pondrán la mano de obra, pero Dios suplirá los materiales que servirán de ornamento. La teología sobre la mayordomía emerge sin discusión en este punto. La gloria del templo que Dios anuncia será mayor que la del primero; lo dice el Señor.
La paz coronará el tiempo que seguirá a la instauración del templo futuro. Uno de los sobrenombres que recibió Jesús fue el de “Príncipe de Paz”. Esa paz él la difundió durante su ministerio. Pero siempre es una paz alterada, por ahora, por los continuos sobresaltos de la vida. Al final de los tiempos, cuando hayan concluido los acontecimientos anunciados, la paz inundará el templo y Jerusalén. Ya nunca más los extranjeros invadirán la tierra santa, y cesará definitivamente en el lugar toda acción violenta.
Causas de sus desgracias y promesas de gran Bendición
Han pasado dos meses desde el segundo mensaje. En este lapso, Zacarías ha proclamado su profecía.
Se pone de manifiesto, otra vez, un proceder reprobable en el pueblo de Dios: creer que las ceremonias religiosas pueden sustituir las verdaderas exigencias divinas. Por una analogía extraída de la ley, Dios denuncia el impuro proceder del pueblo.
Amonestación por la impureza
Usando figuras e ilustraciones bien conocidas por los sacerdotes, el profeta pone al descubierto el pecado del pueblo. A través de preguntas retóricas, Hageo intenta que los oyentes admitan su pecado. Los conocedores de la ley han de concluir que el planteamiento de las preguntas es correcto, y eso prepara el terreno para la contundente aplicación. Se pregunta a los sacerdotes por dos cuestiones legales, a través de las que el pueblo va a ser profundamente impresionado en sus mentes. Tienen que ver con la santidad y la impureza. Por ser los responsables de enseñar la ley, deben saber la respuesta.
Conforme prescribía la ley, el pueblo ha llevado al templo los sacrificios. Legalmente no hay nada que reprocharles. Dios, en este caso, ha de recibir con agrado las ofrendas. Pero los ritos, en sí mismos, no son nada. La obediencia es primordial, a fin de que el Señor acepte con agrado los sacrificios. La desobediencia era manifiesta por cuanto el templo seguía en ruinas. Como atinadamente indica Tatford: “…habían dejado a un lado la construcción del templo, la casa de Dios, y pensaban aplacarlo con la presentación de un cordero o una cabra en el altar. El sacrificio no santificaba lo inmundo”. La carne de ese sacrificio es tomada para la ilustración. Hageo presenta la cuestión: Aunque la carne que el oferente porta envuelta en su vestido esté santificada por la dedicación que ya se ha hecho, ¿podría esta carne santificar lo inmundo, o cualquier otra cosa, con la tela o tejido en que va envuelta? La respuesta es negativa. Pero, ¿y si una persona impura toca alguna de esas cosas, puede contaminarla? Efectivamente, así es. La carne puede santificar lo que toca directamente, pero no santifica a nadie ni a nada que lo haga de forma indirecta. Por el contrario, y de manera fácil, lo pecaminoso, lo impuro, contagia rápidamente. Es algo implícito en la propia naturaleza. La enfermedad se contagia, la salud no.
