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Hageo 2: Promesas de una gloriosa intervención Divina

La nación judía protagoniza esta realidad, ¿de qué manera? Ellos son portadores de una misión santa. Tienen la misión de terminar el templo, pero están contaminados por el pecado. El rito no puede ocultar su inmundicia, así que todo cuanto ofrecen sobre el altar, por santo que sea el propósito, Dios lo mira inmundo. Para Dios no cuenta el trabajo que hacen, sino las condiciones personales de los trabajadores.

En resumen, en esa situación de impureza, sus ritos no podían santificar nada, pero, por el contrario, su inmundicia sí que podía ensuciar lo que tocara. Por eso Dios rechaza todo lo que no surge de un corazón puro, aunque esté disfrazado de gran religiosidad.

La indolencia, causa de su desastre económico y moral

Otro obstáculo presenta este pasaje, esta vez de índole cronológico. Por un lado, parece que el versículo 15 sitúa la acción en el tiempo, esto es, en el mes sexto, antes de poner piedra sobre piedra. Pero se podría obviar este escollo aceptando esta solución, leyendo: “Así era este pueblo”, como sugiere Wolf, interpretando que el profeta está mirando hacia atrás, situándose en el momento antes de que tuviera lugar el arrepentimiento relatado en el cap. 1. Ello intentaría hacer recordar al oyente su inmediato y triste pasado, antes de empezar las obras. El profeta, por tanto, insiste en hablar de nuevo de las calamidades sufridas en los productos de la tierra; se encuentran con mucho menos fruto del que esperaban recoger. Estas desgracias son el juicio divino sobre ellos. Pero a pesar de la dura prueba, no os habéis vuelto a mí (versículo 17). En vez del arrepentimiento y un cambio de proceder, el pueblo había continuado en su actitud.

Concluir el templo traerá bendición

Los cimientos se habían colocado unos 16 años antes. Nuestro texto sitúa la acción en el momento presente, pero una correcta lectura del heb. muestra la idea de que el pueblo ha de reflexionar partiendo de aquellos ya algo lejanos días en que se habían puesto las primeras piedras. Les quiere decir que, situándose en el pasado, observen cuántas cosas les han ocurrido por su pecado hasta el presente. Pero de ahora en adelante las cosas van a cambiar.

Otra vez se cumple la fórmula Reflexionad desde este día en adelante; desde el día en que colocaron los cimientos. Se invita a que reflexionen: si deciden trabajar (otros comentaristas creen que ya se habían decidido), Dios les va a dar prosperidad. Se les asegura bendición cuando decidan abandonar su pereza. Han sido duramente castigados por Dios, pero su disciplina conducirá finalmente a la bendición. Aunque esa bendición ya es presente para Dios, las consecuencias de sus pecados pasados están dejándose sentir todavía. A lo lejos ya se divisan las primeras gotas de lluvia. Desde ese día Dios los bendecirá. En el granero hay poco grano, y la época (diciembre) no es la de las cosechas. A pesar de todo, Dios cumplirá lo prometido: serán de nuevo bendecidos.

Promesas de restauración

El día 24 del mes noveno estuvo cargado de actividad profética. La palabra se dirige ahora a Zorobabel, nombre que significa “nacido en Babilonia”. Está emparentado con Jesucristo, por ser de la estirpe de David. Como gobernador de Jerusalén, tuvo un importante protagonismo en la reconstrucción del templo, el restablecimiento del sistema de sacrificios, las leyes mosaicas, y otros aspectos de la vida y costumbres del pueblo. Los versículos relacionan a Zorobabel con importantes eventos del porvenir, envueltos éstos en convulsiones de tipo político.

Juicio de las naciones

La era mesiánica se proyecta de nuevo en la visión que Hageo recibe, la cual será anticipada con la destrucción de los reinos, y con el temblor de cielos y tierra. Se descarta la idea de que el tipo y magnitud de los acontecimientos aquí descritos tuviesen lugar en tiempos de Zorobabel, ni tampoco en los tiempos inmediatamente después. La profecía mira hacia un futuro, aun distante entonces y, por tanto, aun ha de ser cumplida. El tipo de descripción usado aquí, respecto a nuestro personaje, y su relación con acontecimientos futuros, es usual en la literatura profética. Es evidente que no será Zorobabel, en el sentido literal, el que va a ser tomado en aquel día (versículo 23). él es presentado como una figura del Mesías prometido, el cual en su venida restaurará todas las cosas. Zorobabel recibe el título de siervo mío, como bendición especial. Pero en su sentido más amplio será el ungido de Jehová, Cristo, quien reciba este honor. Este título estaba reservado para David, raíz de donde vendría el Siervo de Jehová. El pasaje se relaciona, por tanto, con los sucesos que habrán de tener lugar cuando Jesucristo venga por segunda vez. De todas partes llegarán ejércitos que sitiarán la ciudad santa, pero serán derrotados por el Santo Hijo de Dios.

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