Entonces, ¿de qué depende la superioridad de Jesús sobre Moisés? La imagen que está en la mente del autor de Hebreos es la siguiente: Concibe el mundo como la casa y la familia de Dios. Usamos la palabra casa en dos sentidos: en el sentido de un edificio, y en el de una familia. Los griegos usaban la palabra oikos en el mismo doble sentido. El mundo, entonces, es la casa de Dios, y la humanidad es la familia de Dios. Pero ya nos ha presentado a Jesús como el Creador del universo. Ahora bien, Moisés era sólo una parte del universo de Dios, parte de la casa. Pero Jesús es el Creador de la casa, y el Creador tiene que ser más que la casa que es Su obra. Moisés no creó la Ley; sólo fue el intermediario para que se promulgara. Tampoco creó la casa; solamente sirvió en ella. Moisés no habló de sí mismo; todo lo que dijo era un-anuncio de las grandes cosas que Jesús diría y haría un día. Moisés, en resumen, era el servidor; pero Jesús es el Hijo. Moisés sabía un poco acerca de Dios; Jesús es Dios.
Ahí está el secreto de Su superioridad. Ahora el autor de Hebreos usa otra, figura. Cierto, todo el mundo es la casa de Dios; pero, en un sentido especial, la Iglesia es la Casa de Dios, porque Dios la ha hecho con ese fin especial. Los judíos llamaban al templo la Casa, y dividen la Historia de Israel en varias casas según el templo que hubiera entonces. Esa es una figura muy querida para los autores del Nuevo Testamento (cp. 1 Pedro 4:17; 1 Timotea 3:15, y especialmente 1 Pedro 2:5). El edificio de la Iglesia permanecerá indestructible siempre que sus piedras vivas estén firmes; es decir, siempre que todos sus miembros estén fuertes en la gloriosa y confiada esperanza que han puesto en Jesucristo. Cada uno de nosotros es como una piedra de la Iglesia; si una piedra es débil, el Edificio no está completo. La Iglesia permanece firme sólo cuando todas sus piedras vivas están arraigadas y fundadas por la fe en Jesucristo.
Mientras dura el día de hoy
Así pues, como dice el Espíritu Santo: «Si oís hoy Mi voz, no endurezcáis el corazón como en la Provocación, como sucedió el día de la Tentación en el desierto, cuando intentaron probarme vuestros antepasados y, en consecuencia, pasaron cuarenta años experimentando lo que Yo podía hacer. Así es que se inflamó Mi ira contra aquella generación, y dije: «Siempre divagan en sus corazones; no conocen Mis caminos. » Así que juré en Mi ira: « ¡De ninguna manera entrarán en Mi reposo!» Tened cuidado, hermanos, para que no haya en ninguno de vosotros un corazón malo y desobediente en semejante estado de rebelión contra el Dios vivo. Más bien seguid exhortándoos día a día mientras usemos la palabra « hoy», no sea que a algunos de vosotros se les endurezca el corazón por la seducción del pecado; porque habéis llegado a participar de Cristo si de veras os mantenéis aferrados al principio de vuestra confianza, firmes hasta el final. Mientras sea posible seguir oyendo que se dice: «Si hoy oís Mi voz,» no endurezcáis el corazón como en la Provocación. Porque ¿quiénes fueron los que oyeron y provocaron a Dios? ¿No fueron todos los que habían salido de Egipto bajo la dirección de Moisés? ¿Ycontra quiénes se inflamó la ira del Señor aquellos cuarenta años? ¿No fue contra los que habían pecado, cuyos huesos se calcinaron en el desierto? ¿A quiénes juró que no entrarían en Su reposo, sino a los que Le fueron desobedientes? Así que vemos que fue por su desobediencia por lo que no pudieron entrar.
El autor de Hebreos ha estado esforzándose en demostrar la exclusiva supremacía de Jesús, y ahora cambia del argumento a la exhortación. Ahora insiste en las inevitables consecuencias de esa absoluta supremacía. Si Jesús es tan exclusivamente grande, está claro que se Le debe una completa confianza y una obediencia total. Si endurecemos el corazón y nos negamos a darle la obediente confianza que Le debemos, las consecuencias no pueden ser más que terribles.
La manera en que nuestro autor refuerza su argumento con citas del Antiguo Testamento nos exige un cierto estudio. Empieza haciendo una cita del Salmo 95:7-11. Ese salmo apela a los que lo oigan para que no sean como los israelitas; pero la versión Reina-Valera traduce: «No endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación, en el día de la tentación.» Ahora bien, las dos frases, la provocación y el día de la tentación traducen dos palabras hebreas que son nombres de lugares: Masah y Meriba. Es una referencia a la historia que se cuenta en Éxodo 17:1-7 y Números 20:1-13. Estos pasajes cuentan un incidente de la peregrinación de los israelitas. Estaban pasando sed en el desierto, y se enfrentaron con Moisés, lamentando haber salido de Egipto y abjurando de su confianza en Dios. En la versión de Números Dios le dijo a Moisés que hablara a la roca y brotaría el agua. Pero Moisés, con rabia, no habló a la roca, sino la hirió. El agua brotó, pero por este acto de desconfianza y desobediencia Dios declaró que no se le permitiría a Moisés introducir al pueblo en la Tierra Prometida. « De ninguna manera entrarán en Mi reposo» quiere decir «De ninguna manera entrarán en la Tierra Prometida.» Para los peregrinos del desierto, la Tierra Prometida era el lugar de reposo, y por eso se la llama a veces el reposo (Deuteronomio 12:9). La enseñanza es que la desconfianza y la desobediencia de Israel le impidieron entrar entonces a gozar de las bendiciones de Dios.
El autor de Hebreos dice a sus lectores: «Tened cuidado con caer en la misma desobediencia y desconfianza en Dios que mostraron vuestros antepasados, no sea que perdáis las bendiciones que esperáis, como les pasó a ellos.» En efecto, dice: «Mientras hay tiempo, mientras podéis seguir hablando de «hoy», dadle a Dios la confianza y la obediencia que Le debéis.» Para cada persona «hoy» quiere decir «mientras esté viva»; y lo que dice realmente el autor de Hebreos es que «mientras tienes oportunidad, dale a Dios la sumisión que Le debes. Dásela antes que se te acabe el día.» Hay algunas serias advertencias aquí.
