Jeremías 34:19 a los jefes de Judá y a los jefes de Jerusalén, a los oficiales, a los sacerdotes y a todo el pueblo de la tierra, que pasaron entre las partes del becerro,[j]
Jeremías 34:20 los entregaré en manos de sus enemigos y en manos de los que buscan su vida; y sus cadáveres serán comida para las aves del cielo y para las bestias de la tierra.
Partir un becerro en dos y caminar entre las dos mitades era una costumbre para ratificar un pacto. Esta acción simbolizaba el juicio sobre cualquiera que quebrantara el pacto. Dios decía: «Han roto el pacto que han hecho conmigo, ¡así que ya saben el juicio que les espera!»
Jeremías 34:21 A Sedequías, rey de Judá, y a sus jefes los entregaré en manos de sus enemigos, en manos de los que buscan su vida y en manos del ejército del rey de Babilonia, que se ha retirado de vosotros.[k]
Que se ha ido de vosotros : El retiro temporal de las fuerzas babilónicas para enfrentarse al ejército egipcio
Jeremías 34:22 Yo mandaré, dice Jehová, y los haré volver a esta ciudad. Pelearán contra ella, la tomarán y la entregarán al fuego. Y convertiré en desolación las ciudades de Judá, hasta no quedar habitante alguno».
El Destino del Rey Sedecías. Deslealtad de los Amos.
Este capítulo es como un apéndice a la segunda parte del libro de Jeremías. Contiene dos episoDios que tuvieron lugar durante el asedio de Jerusalén por las tropas de Nabucodonosor, con poca diferencia de tiempo. Se puede dividir el capítulo en tres partes:
a) anuncio de Jeremías a Sedecías sobre la destrucción de Jerusalén (1-7);
b) emancipación de los esclavos (8-11);
c) denuncia de Yahvé contra la esclavitud (12-22).
En la narración hay retoques redaccionales posteriores, pero no hay motivos objetivos para dudar de la autenticidad jeremiana sustancial, si bien el relato se deba probablemente a su secretario, Baruc.
Jeremías tuvo varias entrevistas con el rey Sedecías durante el asedio de Jerusalén. Al empezar la guerra, el rey había enviado una embajada al profeta, con la esperanza de que interviniera favorablemente ante Yahvé para que fuera propicio en la guerra contra el invasor babilónico; pero la respuesta fue categórica: la guerra terminaría en desastre para la nación y la familia real, y lo mejor era rendirse, pues así las condiciones de los vencedores serían más benignas. Pero el consejo del profeta no fue seguido, y el país se dispuso a la resistencia. Los babilonios invadieron el país, tomando los puntos estratégicos con miras a hacer el asedio de Jerusalén más efectivo. En estas circunstancias, Jeremías, por instigación divina, decide ir al rey para invitarle de nuevo a rendirse, pues de lo contrario le espera un fin desastroso a él y al país.
El redactor destaca que entre las tropas invasor as, además de las babilónicas, había otras mercenarias de todos los reinos sometidos a su dominación. En realidad, la campaña de Nabucodonosor no iba dirigida sólo contra Judá, sino contra toda la coalición siró-fenicio-palestina, que, auxiliada por Egipto, trataba de oponerse a la dominación mesopotámica en esta zona estratégica. La posesión de toda Palestina suponía tener el paso franco para atacar a Egipto. Nabucodonosor había establecido su cuartel general en Ribla, sobre el Orontes (Alta Siria). Las operaciones contra Judá fueron dirigidas, como comandante general, por Nabuzardán. La expresión tocios los reinos y todos los pueblos es hiperbólica para indicar el vasto imperio babilónico.
