La profecía hecha a Sedecías de que sería prisionero de Nabucodonosor se cumplió literalmente, pues el infortunado rey de Judá huyó de la ciudad sitiada y fue capturado en Jericó y llevado ante el rey de Babilonia en Ribla, donde le fueron sacados los ojos, y después de haber visto matar a sus hijos, fue llevado encadenado a Babilonia. El versículo 4 hay que entenderlo en el sentido de que, si el rey Sedecías escucha la palabra de Yahvé y la sigue (deponiendo la resistencia inútil), no morirá por la espada, sino en paz, recibiendo los honores fúnebres como sus antepasados. La condicional si, aunque no está expresa, se puede sobrentender bien en el texto. De lo contrario, habría que suponer que Sedecías recibió honores fúnebres en Babilonia al morir, lo que no es concebible permitiera un rey tan despótico como Nabucodonosor, que lo había tratado cruelísimamente. En 38:17 dice Jeremías de nuevo a Sedecías que, si se rinde, salvará su vida.
El redactor no dice nada sobre la reacción del rey a las palabras del profeta, y se limita a consignar la circunstancia histórica en que la entrevista tuvo lugar: el ejército babilónico estaba preparando el cerco de Jerusalén y sometiendo las ciudades amuralladas de Judá, quedando sólo entonces sin tomar Lakis y Azeqah. La primera se suele identificar con Tell ed-Duweir, a ocho kilómetros al sudoeste de Beit Gebrin, y la segunda parece ser el actual Tell Zacaria, al norte de Beit Gebrin. En las cartas contemporáneas de Jeremías llamadas ostracas de Lakis, encontradas en Tell ed-Duweir, aparece mencionada también Azeqah. En una de ellas, el jefe de un destacamento, aislado por las tropas invasoras babilónicas, escribe al comandante superior de Lakis que ve aún las señales (de fuego) que le hace, pero que no ve las de Azeqah. Parecen reflejar la misma situación de que nos Jeremías.
Según la Ley, los esclavos hebreos debían ser manumitidos en el año séptimo de su servidumbre, porque Yahvé había liberadoa Israel de Egipto. Era una ley muy sabia para evitar la esclavitud perpetua. Sólo podían ser perpetuamente esclavos los que así lo desearan. Pero esta ley debió de cumplirse mal. La Biblia sólo nos cita este caso de cumplimiento en tiempos de Sedecías. El móvil debía de ser religioso y político. De un lado querían aplacar a Dios para que los ayudara en la resistencia, y de otro querían disponer de las manos de los esclavos para la defensa, y aun entre los amos habría interés en deshacerse de los esclavos para no cargar con su manutención en época tan difícil como en el asedio. El convenio hecho por Sedecías con todo el pueblo de Jerusalén fue solemnizado con el rito del becerro sacrificado. Los que aceptaban el pacto pasaban por entre las partes de la víctima descuartizada, colocadas paralelamente según un rito que se remonta a la época patriarcal. El significado de este extraño rito parece ser el de conminar a las partes contratantes a cumplirlo so pena de sufrir la suerte del becerro sacrificado por efecto de la maldición divina. Los amos de Jerusalén, por todas estas razones, aceptaron la manumisión proclamada por el rey, y en un arranque de generosidad dejaron libres a sus esclavos y esclavas. No se especifica si fueron sólo los que llevaban ya seis años de servidumbre y, según la Ley, debían quedar libres, o si fueron todos los esclavos, como algo realmente excepcional. Parece que el contexto favorece esta última interpretación. Pero en cuanto pasó el peligro y vieron que el asedio se interrumpía al tener Senaquerib que retirar las tropas para salir al frente del ejército egipcio, que avanzaba por el sur hacia Jerusalén en ayuda de Sedecías, se arrepintieron y reclamaron los esclavos y esclavas que habían liberado, infringiendo así el convenio solemne que habían hecho. Creían que con el acto anterior habían logrado alejar la ira divina y ganado su protección y que podían en adelante volver a las antiguas costumbres. Esto fue una deslealtad, que Jeremías, como representante de Yahvé, no podía pasar por alto, y así, en nombre de El, protesta, anunciando el castigo terrible incluido en el rito del convenio.
