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Juan 2: Las señales y los discursos públicos de Cristo

Además, esta historia nos dice algo de Jesús. Respondiendo a María dijo: «Todavía no ha llegado mi momento.». En el evangelio aparece varias veces esta referencia a Su hora. En Jua_7:6; Jua_7:8 , se refiere a Su manifestación como Mesías. Jua_12:23 y 17:1; en Mat_26:18 y 45, y en Mar_14:41 ,,i es la hora de Su crucifixión y muerte. A lo largo de toda su vida Jesús sabía que había venido al mundo para una tarea y con un propósito determinados. Veía Su vida, no en función de Sus deseos, sino en relación con la voluntad de Dios. No veía Su vida en el marco del incesante fluir del tiempo, sino en el de la permanente y definitiva eternidad. La vida de Jesús iba transcurriendo segura hacia el momento para el que Él sabía que había venido al mundo.

Aunque en casi nada nos podemos comparar con Jesús, en esto sí, no fue Él el único que vino a este mundo para cumplir el propósito de Dios. Como decía Unamuno: «Todos somos un sueño y una idea de Dios.» Cada uno de nosotros debemos pensar, no en términos de nuestros propios deseos y gustos sino en la misión para la que estamos en el mundo.

Ahora hemos de pensar en la verdad profunda y permanente que Juan está tratando de enseñarnos con esta historia.

Recordemos que Juan estaba escribiendo desde un doble trasfondo. Era judío, y estaba escribiendo también para los judíos; pero su gran objetivo era escribir la historia de Jesús de tal manera que pudiera llegar también a los griegos.

Vamos a considerarla antes de nada desde el punto de vista judío. Debemos recordar siempre que detrás de las sencillas historias de Juan hay un significado profundo que sólo pueden descubrir los que tienen ojos para ver. En todo su evangelio Juan no escribió nunca ningún detalle superfluo o innecesario. Todo tiene un significado y todo señala más allá.

Había seis tinajas de piedra y a la orden de Jesús, el agua que contenían se volvió vino. Para los judíos, el siete es el número completo y perfecto, y el seis es incompleto e imperfecto. Las seis tinajas de piedra representan a la Ley judía, incompleta e imperfecta. Jesús vino a acabar con las imperfecciones de la Ley y a poner en su lugar el vino nuevo del Evangelio de Su gracia. Jesús cambió la imperfección de la Ley por la perfección de la gracia.

Hay otra cosa que debemos notar en conexión con esta. Había seis tinajas de agua en cada una de las cuales cabían unos cien litros. Jesús convirtió el agua en vino. Eso haría que hubiera unos seiscientos litros de vino, más que suficiente para acabar felizmente las bodas y las demás bodas. Aunque sabemos lo que son estas fiestas en los pueblos del Mediterráneo, nos damos cuenta de que Juan no pretendía que nos quedáramos en el sentido literal exclusivamente. Lo que sí quería decirnos es que, cuando la gracia de Jesús viene a nuestra vida, hay bastante y de sobra para todo. No hay necesidad en el mundo que pueda agotar la gracia de Cristo; hay una gloriosa superabundancia de gracia para todas las necesidades humanas de todos los tiempos.

Juan nos está diciendo que las imperfecciones se han convertido en perfección en Jesús, y que la gracia se ha vuelto ilimitada, suficiente y más que suficiente para todas las necesidades.

Vamos a considerar esta historia ahora desde el punto de vista griego. Resulta que los griegos tenían historias exteriormente parecidas. Dionysos era el dios del vino de los griegos. Pausanias fue un griego que escribió una historia de su país y de sus antiguas ceremonias. En su descripción de Elis describe una vieja ceremonia y creencia: «Entre el mercado y el Menius hay un teatro antiguo y un santuario de Dionysos; la imagen la hizo Praxiteles. No hay dios que sea más reverenciado por los eleanos que Dionysos, y dicen que asiste a todo festival de la Thyia. El lugar en el que se celebra el festival llamado la Thyia está como a una milla de la ciudad. Se lleva al edificio tres cacharros vacíos, y los sacerdotes los depositan,, allí en presencia de los ciudadanos y de los forasteros que estén a la sazón en el país. En las puertas de los edificios, todos los que quieran hacerlo ponen sus sellos. Al día siguiente tienen libertad para mirar los sellos y, al entrar en el edificio, se encuentran los cacharros llenos de vino. Yo no he estado nunca en el tiempo del festival, pero la gente más respetable de Elis, y los forasteros, juran que los Hechos se produjeron como he dicho.»

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