(iii) Usa la palabra sémeion. Sémeion, de la que se derivan semáforo, semántica y otras muchas, quiere decir señal. Es la palabra favorita de Juan. Para él un milagro no era simplemente un hecho sorprendente, ni el resultado de un poder extraordinario, sino una señal. Es decir: le decía algo a la gente de la Persona Que lo había hecho; revelaba algo de Su carácter; descubría algo de Su naturaleza; era una acción que permitía comprender mejor y más plenamente cómo era el Que lo hacía. Lo más importante para Juan en los milagros era que decían algo acerca de la naturaleza y el carácter de Dios. Jesús usaba Su poder para sanar a los enfermos, alimentar a los hambrientos, consolar a los afligidos; y el hecho de que Jesús usara Su poder de esa manera era una señal de que Dios Se preocupa de los dolores y las necesidades de la humanidad. Para Juan, los milagros eran señales del amor de Dios.
En cualquier milagro hay tres cosas: la maravilla que deja a las personas alucinadas, sorprendidas y atemorizadas; el poder efectivo que puede remediar un cuerpo quebrantado, una mente desquiciada, un corazón herido, y la señal que nos habla del amor que hay en el corazón del Dios Que hace esas cosas.
Juan 2:1-25
LAS SEÑALES Y LOS DISCURSOS PúBLICOS DE CRISTO
Habiendo llamado a sus primeros discípulos, Jesús ahora está pronto para iniciar su ministerio público. Esta sección abarcará unos tres años de eventos que incluyen siete señales y siete discursos, llevándonos al cierre de su ministerio público y al principio de la semana de la pasión.
1. La primera señal : el agua hecha vino, 2:1-11
El escenario cambia abruptamente de la zona de Betania, al otro lado del Jordán, a Caná de Galilea, un pueblo situado a pocos kilómetros de Nazaret. Hovey calcula que de Betania a Caná habría una distancia de unos 100 km, lo cual demandaría por lo menos tres días caminando. Borchert comenta que la posición de esta señal es de crucial importancia, no solo como la primera por número, sino porque funciona como la cabecera o la clave de todas las que Juan registra.
Al tercer día marca el tiempo desde el último evento registrado cuando Jesús llamó a Felipe y tuvo el encuentro con Natanael. Este sería el séptimo día de la primera semana iniciada en la sección anterior. Jesús había prometido a Natanael que vería “cosas mayores” y no demoró en comenzar a cumplir esa promesa, y lo hizo en el mismo pueblo de donde era Natanael (21:2). Y estaba allí la madre de Jesús, indicando la probabilidad de la cercanía de Caná a Nazaret y de que fuera en la casa de parientes o de amigos íntimos. Raymond Brown cita una tradición apócrifa en la cual María aparece como la tía del novio. El verbo en el tiempo imperfecto estaba, contrastando con el verbo en el tiempo aoristo se celebró, podría significar que ella estaba pasando tiempo en ese hogar. Su proceder con los siervos y sentido de responsabilidad cuando faltaba el vino apoyan esta conjetura. No se menciona el nombre de la madre de Jesús, pero no hay duda de que fuera María. José no se menciona en este Evangelio, excepto en la expresión “hijo de José” (1:45), y no aparece en el grupo invitado a la boda; muchos suponen que había fallecido en el ínterin desde Luk_2:51, unos 17 años antes. En cambio, algunos creen que 6:42 indica que José vivía aún.
Por primera vez, los seguidores de Jesús son llamados sus discípulos (v. 2). Algunos sugieren que Jesús sabía de la boda y por eso dejó la zona de Betania a tiempo para llegar para este evento. Probablemente sus discípulos fueron invitados por su vínculo con Jesús y no porque fuesen conocidos por los dueños de casa.
Y como faltó el vino describe una situación embarazosa para los dueños de casa y la interrupción de la fiesta. Morris comenta que tal situación se consideraría como una falta grave y quizá metería a los padres del novio en un pleito legal. La fiesta de boda podría durar hasta una semana entera (ver Gen_29:27; Jdg_14:15). La falta de vino podría indicar que los padres del novio eran de pocos recursos, o que llegaron muchos no invitados. Quizá la presencia de los discípulos de Jesús contribuyó a la falta. Hasta este momento Jesús no había realizado ningún milagro (v. 11); sin embargo, es evidente que María sentía cierta responsabilidad por encontrar una solución al problema, por un lado, y, por el otro, creía que Jesús podría colaborar en alguna manera. Lo que dijo María (v. 3) es más que mera información, es una indirecta a su hijo para hacer algo. Su madre tendría una convicción ya de que su hijo era el Mesías, pues recordaba el mensaje del ángel, el nacimiento virginal y el escenario en el templo cuando Jesús tenía apenas 12 años de edad. No hay indicación de que ella esperaba un milagro, pero es posible que pensaba que en alguna manera él podría dar pruebas de que era el Mesías.
