-Si fuera Yo el que Me glorificara a Mí mismo, Mi gloria no tendría ningún valor-les respondió Jesús-. Es Mi Padre el Que Me glorifica; el Que vosotros pretendéis que es vuestro Dios, aunque no sabéis nada de Él. Pero Yo sí Le conozco; si dijera que no Le conocía, sería tan mentiroso como vosotros. Pero Le conozco y cumplo Su Palabra.
Este capítulo pasa de un relámpago a otro de sorpresas. Jesús presenta Sus credenciales una tras otra, cada vez más tremendas. Aquí presenta Su prerrogativa de que el que guarde Su Palabra nunca conocerá la muerte. Esto escandaliza a los judíos. Zacarías había dicho: «Vuestros padres, ¿dónde están?; y los profetas, ¿han de vivir para siempre?» (Zec_1:5 ). Abraham murió, y los profetas lo mismo; ¿y no habían guardado en su tiempo y generación la Palabra de Dios? ¿Quién es este Jesús para colocarse por encima de los grandes de la fe? Fue el literalismo de los judíos lo que les bloqueó el entendimiento. Jesús no estaba pensando en la vida y en la muerte físicas. Quería decir que, para la persona que Le acepte plenamente, la muerte habrá perdido su finalidad; porque habrá entrado en una relación con Dios que ni el tiempo ni la eternidad podrán interrumpir. Irá, no de la vida a la muerte, sino de la vida temporal a la vida eterna; la muerte es sólo la entrada a una comunión más plena con Dios.
De ahí pasa Jesús a hacer una gran afirmación: Todo verdadero honor debe venir de Dios. No es difícil honrarse a uno mismo; de hecho, es fatalmente fácil regodearse en la propia estimación. Tampoco es tan difícil recibir honores de los demás, porque el mundo honra a los que tienen alguna clase de éxito. Pero el verdadero honor es el que sólo la eternidad puede revelar, y los veredictos de la eternidad no son como los del tiempo.
A continuación, Jesús hace dos afirmaciones que son el mismo fundamento de Su vida.
(i) Se atribuye un conocimiento exclusivo de Dios. Afirma conocerle como nadie más Le ha conocido ni Le conocerá jamás. Y no reducirá esa prerrogativa, porque el hacerlo sería faltar a la verdad. La única manera de llegar a un conocimiento pleno de la mente y el corazón de Dios es por medio de Jesucristo. Con nuestra mente podemos espigar fragmentos de conocimiento acerca de Dios; pero sólo en JesucristLA PRERROGATIVA SUPREMA
Juan 8:56-59
-Vuestro padre Abraham se deleitó al ver Mi día: lo vio y se sintió feliz -les dijo Jesús.
-¿No tienes ni cincuenta años, y has visto a Abraham? -le contestaron los judíos; y Jesús a ellos:
-Lo que os digo es la pura verdad: Yo soy de antes que Abraham.
A eso cogieron piedras para apedrearle; pero Jesús se apartó de su vista, y Se marchó del recinto del templo.
Todos los relámpagos anteriores palidecen ante el resplandor de este pasaje. Cuando Jesús les dijo a los judíos que Abraham se había deleitado al ver Su día, estaba hablando de una manera que ellos podían entender. Los judíos tenían muchas creencias acerca de Abraham que les permitirían ver a lo que se refería Jesús. Tenían en total cinco maneras diferentes en que podían interpretar este pasaje.
(a) Abraham estaba viviendo en el Paraíso, y podía ver lo que estaba sucediendo en la Tierra. Jesús usó esta manera de hablar en la parábola del Rico y Lázaro (Luk_16:22-31 ). Esta sería la manera más sencilla de interpretar este dicho.
(b) Pero esa no es la interpretación correcta. Jesús dijo que «Abraham se deleitó al ver Mi día,» en el pasado. Los judíos interpretaban muchos pasajes de la Escritura de una manera que explica esto. Tomaban la gran promesa que Dios le hizo a Abraham en Gen_12:3 : «Serán benditas en ti todas las familias de la Tierra;» y decían que, cuando se le hizo aquella promesa, Abraham sabía que quería decir que el Mesías de Dios iba a venir de su descendencia, y se regocijó de la magnificencia de la promesa.
(c) Algunos de los rabinos mantenían que en Gen_15:821 Abraham tuvo una visión de todo el futuro de la nación de Israel, y por tanto vio anticipadamente el tiempo de la venida del Mesías a la Tierra.
(d) Algunos de los rabinos tomaban la risa de Abraham cuando se enteró de que iba a tener un hijo (Gen_17:17), no como expresión de incredulidad, sino de gozo irreprimible de que el Mesías hubiera de venir de su descendencia.
