Juan 8:1-59
8.3-6 Los líderes judíos menospreciaron la Ley al arrestar solo a la mujer. La Ley exigía que se apedrearan ambas personas involucradas en el adulterio (Lev_20:10; Deu_22:22). Los líderes usaron a la mujer como una trampa para hacer caer a Jesús. Si decía que no debía apedrearse a la mujer, lo acusarían de violar la Ley de Moisés. Si los instaba a ejecutarla, lo acusarían frente a los romanos, que no permitían a los judíos llevar a cabo sus propias ejecuciones (Deu_18:31).
8.7 Esta es una declaración significativa en lo que respecta a juzgar a otros. Como Jesús ratificó el castigo aplicable al adulterio, no fue posible acusarlo de estar en contra de la Ley. Pero al decir que solo quien estuviese libre de pecado podía arrojar la primera piedra, destacó la importancia de la compasión y el perdón. Cuando se descubre a otros en pecado, ¿es usted rápido para emitir un juicio? Hacerlo equivale a actuar como si nunca hubiese pecado. Es Dios el que debe juzgar, no nosotros. A nosotros nos toca mostrar perdón y compasión.
8.8 No queda claro si Jesús al escribir en tierra sencillamente hacía caso omiso de los acusadores o si hacía una lista de los pecados o escribía los Diez Mandamientos.
8.9 Cuando Jesús dijo que solo quien no hubiera pecado podía arrojar la primera piedra, los líderes se alejaron en silencio, desde los más viejos hasta los más jóvenes. Era evidente que los hombres más adultos tenían mayor conciencia de sus pecados que los más jóvenes. La edad y la experiencia a menudo moderan la actitud de creerse muy justo típica de la juventud. Pero sea cual fuere su edad, eche una sincera mirada a su vida. Reconozca su naturaleza pecaminosa y busque maneras de ayudar a otros en lugar de lastimarlos.
8.11 Jesús no condenó a la mujer acusada de adulterio, pero tampoco pasó por alto su pecado. Le dijo que abandonase su vida de pecado. Jesús está dispuesto a perdonar cualquier pecado que haya en su vida, pero la confesión y el arrepentimiento implican un cambio de corazón. Con la ayuda de Dios podemos aceptar el perdón de Cristo y poner fin a nuestras malas obras.
8.12 Para comprender lo que quiso decir Jesús con la luz del mundo, véase la nota a 1.4, 5.
8.12 Jesús hablaba en el lugar del templo donde se ponían las ofrendas (8.20), donde se encendían lámparas que simbolizaban la columna de fuego que guió al pueblo de Israel por el desierto (Exo_13:21-22). En este contexto, Jesús dijo ser la luz del mundo. La columna de fuego representaba la presencia, la protección y la dirección de Dios. Jesús trae la presencia, la protección y la guía de Dios. ¿Es El la luz de su mundo?
8.12 ¿Qué significa seguir a Cristo? Así como un soldado sigue a su capitán, nosotros debemos seguir a Cristo, nuestro Capitán. Como un esclavo sigue a su amo, nosotros debemos seguir a Cristo, nuestro Señor. De la misma manera que seguimos la sugerencia de un consejero de confianza, debemos seguir los mandatos que nos da Jesús en las Escrituras. Del mismo modo que obedecemos las leyes de nuestra nación, debemos obedecer las leyes del reino de los cielos.
8.13, 14 Los fariseos pensaban que Jesús era un lunático o un mentiroso. Jesús les ofreció una tercera alternativa: que les decía la verdad. Como la mayoría de los fariseos se negó a considerar la tercera alternativa, nunca lo reconocieron como Mesías y Señor. Si usted busca saber quién es Jesús, no cierre ninguna puerta antes de mirar sinceramente lo que hay detrás de ella. Unicamente con una mente abierta podrá conocer la verdad de que El es Mesías y Señor.
8.13-18 Los fariseos argumentaban que lo que declaraba Jesús no tenía validez legal porque no contaba con otros testigos. Jesús respondió que el testigo que lo confirmaba era Dios mismo. Jesús y el Padre sumaban dos testigos, el número requerido por la Ley (Deu_19:15).
8.20 El tesoro del templo se ubicaba en el atrio de las mujeres. Allí se colocaban trece arcas o urnas para recibir el dinero de las ofrendas. Siete de ellas eran para el impuesto del templo; las otras seis eran para ofrendas voluntarias. En otra ocasión, una viuda colocó su dinero en una de estas arcas y Jesús enseñó una profunda lección a partir de esa acción (Luk_21:1-4).
8.24 La gente morirá en sus pecados si rechazan a Cristo, porque desprecian el único camino que los rescata del pecado. Es lamentable, pero muchos están tan atrapados por los valores de este mundo que quedan ciegos ante el regalo de incalculable valor que ofrece Cristo. ¿Hacia dónde mira usted? No concentre su atención en los valores de este mundo perdiendo así lo que es de más valor: la vida eterna con Dios.
